LIBROS CRISTIANOS EVANGÉLICOS EN CRISTO JESÚS
  ¿POR QUÉ PECAMOS AÚN LOS CRISTIANOS EVANGELICOS?
 




¿PORQUÉ  PECAMOS  AUN  LOS  CRISTIANOS  EVANGELICOS?

                                       

 

Por:   José Arnoldo Rivera Morales      

 

 

 

INDICE

 

 

 

Prólogo………………………………………………………………………………..

 

1.- Capítulo I       CAINISTAS…………………………………………………

 

2.- Capítulo II      EL PECADO ORIGINAL………………………………………

3.- Capítulo III     EL PECADO QUE MORA EN MI…………………………

 

4.- Capítulo IV     HUMANOS; NECESITADOS DE UN MEDIADOR E

                              INTERCESOR………………………………………………………

 

5.- Capítulo V      DE LA INOCENCIA A LA INDECENCIA…………

 

6.- Capítulo VI    AMIGOS DEL MUNDO…….. ENEMIGOS DE DIOS…

 

7.- Capítulo VII   EN LAS REDES DEL PECADO………………………

 

8.- Capítulo VIII  UNA RESEÑA DE LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS ROMANOS Y A NOSOTROS TAMBIÉN.......

 

9.- Capítulo IX     PALABRAS DE DIOS………………………………

10. Capítulo X     PROCURANDO NO PECAR MÁS…………………

 

Una oración de arrepentimiento.

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO.     

 

 

 

 

CAPITULO   I

 

 

CAINISTAS.

 

 

Remontémonos a la antigüedad y principio de vida humana, en esta tierra y quisiera compartir con Usted, amado lector, mis principios creacionistas, es decir que creo fervientemente que Jehová Dios, creo los Cielos y la Tierra y todo lo que en ellos existe; según lo relatado en los primeros capítulos del Génesis.

 

Muy anteriormente, y dándole crédito a las teorías científicas, de que nuestro planeta fue formado o creado hace millones de años; pues sustentemos esa teoría en el primer versículo de la Palabra de Dios, nuestra infalible Biblia, que dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”  Leemos un principio y una creación, realizadas por el Todo Poderoso Jehová Dios y vemos al final de esta clásica frase, un punto, el cual deja la brecha de millones de años, es decir que en un principio, no determinado en cantidad de años, hacia el momento de la creación de parte de Dios de Adán y Eva; ya los cielos y la tierra habían sido creados juntamente con sus componentes.

 

Existían entre muchos del reino animal y vegetal, los dinosaurios, que nos relatan los científicos y dan veracidad de estos los muchísimos fósiles encontrados y estudiados en varias partes del planeta. Existían entonces una gran variedad de plantas y animales ya extintos. Acudiendo a material escrito referente a la paleontología entre otros, sabremos de toda la amplia gama de creación de Dios antes de esta hecatombe que acabó con lo bello y ordenado que fue en un lejano principio la perfecta creación.

 

En relatos de instituciones prestigiosas se nos informa que hace millones de años, un gran meteorito chocó contra la Tierra, destruyendo y aniquilando todo vestigio de vida.

 

 Basándonos en las Santas Escrituras, que para nosotros los Cristianos Evangélicos es la fuente más confiable de información y sustentadora de cualquier teoría o dogma.  Es entonces la fuente sustentadora de que aquel meteorito que proclaman los científicos, que fue el causante de la destrucción de vida hace muchos años, creemos Bíblicamente que no fue un meteorito, ni ningún cuerpo celeste, sino la caída de Satanás y una tercera parte de los ángeles, que este convenció y engañó; los cuales fueron expulsados y arroja dos del Trono de Dios, hacia la Tierra.

 

Leamos esto en  Isaías 14: 12 “¡Cómo caíste del Cielo, oh lucero, hijo de la mañana! cortado fuiste por tierra, tu que debilitabas a las naciones.”  Y sustentado nada más y nada menos que por nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús en la cita del evangelista y doctor Lucas, capítulo 10 verso 18 “Y les dijo (Jesús): Yo veía a satanás caer del Cielo como un rayo.” Según las teorías de lo que hemos leído y estudiado, la caída y/o choque de un meteoro es semejante a un rayo.

 

En el Libro del profeta Ezequiel se nos narra la existencia de este ser, de este Querubín, que era Satán allá en el Cielo; “Tu, querubín grande, protector, yo te puse en el Santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos, desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad a causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste por lo que yo te eche del monte de Dios (el Cielo), y te arroje de entre las piedras de fuego, oh querubín protector.  Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.  Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran.  Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.” Ezequiel 28: 14-19.

 

Este querubín al ser expulsado de las cercanías del Trono de Dios, tomo forma del mal en todo su esplendor y se le denomina como satanás, palabra del Hebreo; Satán, que significa enemigo y adversario. Y este es el dios y príncipe de este mundo; según Juan 12: 31 “ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.” y se confirma en la cita de Pablo a los Corintios en el capítulo 4 verso 4 “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

 

Estamos seguros que este personaje y los ángeles que se revelaron juntamente con el, cayeron en esta tierra, hace muchos años, antes de que Jehová Dios creara al primer hombre, Adán y a la primer mujer, Eva; y al descender como un rayo, según las palabras de Jesús, en Lucas 10: 18, causó destrucción y caos, confirmándolo en el segundo versículo de Génesis 1 “y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo.”  Después de ese choque hubo desorden, caos, destrucción de lo creado perfectamente y un gran vacío, porque Satán vino a matar, robar y destruir. En la Torah dice de esta parte del versículo: “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo” sabemos y entendemos que Dios no crea algo así; en caos tenebroso. Lo que el hace lo hace bello y perfecto. En la segunda parte de este versículo, Dios dispone por medio de su ilimitada voluntad y poder, reconstruir su creación, diciendo: “y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”  Empezando su nueva obra: “Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz” verso 3.

 

Lo que sucedió inmediatamente pues es la base de los que somos creacionistas y resultado de la misma.

 

Adán y Eva, primeros seres humanos creados por Dios; “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó: varón y hembra los creó.” Génesis 1: 27 y tuvieron dos hijos Caín, del Hebreo qanah, que significa “adquirir” Génesis 4: 1 “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: por voluntad de Jehová he adquirido varón.”   Luego les nació Abel; “Después dio a luz a su hermano Abel.” Génesis 4: 2a

 

Del versículo 3 al 8 vemos en detalle al primer asesino, desobediente y blasfemo ser humano creado y caído en desgracia; Caín, el cual al haber matado a su hermano Abel, guiado por las fuertes influencias del adversario y enemigo, lo cual es la traducción del vocablo hebreo; Satán o sea Satanás, el diablo; que ya habitaba este planeta y fue el que tentó a Eva al ella acceder y desobedecer la orden de no comer del fruto prohibido.

 

Dios maldice a Caín por su grabe error, Génesis 4: 11 indicándole su tenebroso futuro; expulsándolo de la tierra de sus padres.

 

Es aquí donde llegamos a descubrir un enigma importante: Caín salió del sector que con anterioridad fue el paraíso; donde fueron creados y disfrutaron por un tiempo sus padres Adán y Eva, hasta caer en desobediencia por el asunto del árbol de la vida. Lo relata del verso 16 al 17: “Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente del Edén.  Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamo el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.”

 

Si usamos la lógica más elemental;  habiendo leído los capítulos anteriores, sabremos que en ese principio Jehová Dios había creado solamente cuatro seres humanos; Adán, Eva su mujer y estos habían procreado a Caín y a su hermano Abel.  Entonces cuando Caín después de lo que cometió y se enfrentó a Dios; dice que salió a tierra de Nod, que según el diccionario Bíblico; Nod, es nombrada una región desconocida, al oeste del Jordán, Génesis 4:16 , Nod es la forma infinitiva del verbo hebreo “vagar”, usado por Caín en Génesis 4:14.  Algunos creen por tanto que el nombre es simbólico y no designa un lugar conocido, sino que sugiere una región en donde se podía llevar una vida nómada, cosa común en el oriente. Clara referencia esta del nombre de esta tierra de Nod, quizá del verbo hebreo Nad, que significa: vagabundo.

 

El asunto no es el nombre de la región, sino lo que dice en su parte medular y parte A del versículo 17 “Y conoció (o sea tuvo relaciones sexuales; se sobre entiende que fue con una mujer de edad para procrear), Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc.” ¿Quien era esta mujer, y más aún; hija de quien era esta mujer? , si Caín salio del Edén y se condujo, se fue, se trasladó a esta región, que quizá el propio Caín la nombro Nod o acaso ya tenía este nombre, puesto por los moradores de aquel lugar, seguramente que si. ¿Entonces quienes eran ellos? , lo veremos en instantes.  Estábamos expresando que este malvado de Caín, se trasladó a aquel lugar de Nod; esto echa por tierra la teoría que Caín a la persona que tomo por mujer, era una parienta suya, si en el relato Bíblico se detalla con claridad que, el partió a otra región y no regresó a sus padres; y al llegar a este lugar denominado Nod, se unió a su mujer y edificaron un poblado.

 

La que se convirtió en la mujer de Caín, suponemos, tubo padre y madre; aunque no lo relata la Biblia y más en detalle, tampoco lo encontramos en la Toráh, en su versión original.  Entonces la pregunta del millón de dólares sería: ¿Quién es esta mujer y quienes sus padres?  O más aún ¿descendientes de quienes eran?

 

Recordemos lo que expuse con anterioridad, con relación a la caída de Satán y sus ángeles, venidos a transformarse en el diablo y sus demonios.  Estos habitaron la tierra y fue seguramente el diablo, transformado en una serpiente el que tentó e indujo a Eva a desobedecer el mandato de Dios a no comer del fruto del árbol, capítulo tres del Génesis.

 

Este Satán habría humanizado a parte de sus ángeles demoníacos y los habría puesto a morar en esta región desconocida al este del Jordán, siendo estos los padres de la mujer que tomo Caín como su compañera y madre de sus hijos;  transformándose así en los descendientes de una raza malvada que aún sobrevive hasta nuestros días, en personas que son asesinos, criminales, malignos, satánicos, y personas carentes de una conciencia para actuar malvadamente en todas sus características.  Sabemos de toda la maldad en sus amplias facetas que se desarrollan en muchas personas, que bien encajarían ser los descendientes de esta unión entre Caín, un ser creado por Dios, pero caído en desgracia por su aberrante pecado y al llegar a aquellas tierras, donde se habrían mutado demonios transformándose en seres humanos; recordemos que el enemigo de nuestras almas, es un imitador y engañador por excelencia, Apocalipsis 12: 9 “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con el.”  Vea, dice, la serpiente antigua; o sea la que relata el pasaje del capítulo 3 del Génesis, que engañó a Eva, que  se llama diablo y satanás, dice; y sus ángeles, o sea los que en una parte el diablo humanizo para crear con Caín una raza, malvada, diabólica y satánica, que reina en nuestros días creando toda clase de personas de mal indescriptible. Usted sabe y conoce del imperio de maldad que gobierna este mundo; llenos de odio e iniquidad, siendo estos los que no quieren aceptar, bajo ningún punto de vista,  el Santo Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 

Por eso no quieren amar y ser amados, y ya lo dijo el apóstol Juan en 1ª Juan 3: 11- 14 “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y porque causa le mato? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.”

 

Dice Juan inspirado por el Espíritu Santo de Dios en parte de estos versículos: “No como Caín, que era del maligno” quien fue creado bueno, desobedeció a su Creador, Jehová  y obedeció a la malvada voz de la serpiente antigua que es el diablo y Satanás, hiendo a unirse con los del maligno, los de la región de Nod; después de matar a su hermano Abel.

 

Cuando Dios envió el diluvio, la raza humana casi desaparece de la faz de la tierra; casi porque solo quedo Noé y su familia, y más de alguno de estos en sus genes, siguió con la descendencia de aquella raza malvada de Caín y sobrevivió hasta nuestros días; he ahí la raíz de la maldad de los humanos y causas que nos alcanzaron a todos, pero por la infinita misericordia de Dios, nosotros fuimos salvos por gracia, por medio de Aquel que nos amó y dió vida eterna en Cristo Jesús, Juan 3: 16 y 17 entre muchas citas al respecto

 

El ofrecimiento de la Salvación es para todos, pero muchos la rechazan y se condenaran por su desobediencia.  Sabemos entonces que por un plan perfecto, que solo a Jehová Dios le incumbe según su santa y bendita soberanía, dispuso El en toda su Voluntad, Sapiencia, Omnipresencia, y diligencia, despojar a lucifer, que ahora es el diablo; de toda belleza y santidad; por haberse revelado; siendo echados a esta tierra, tomando posesión de ella y desarrollando poder, autoridad y maldad, tratando de tomar revancha ante Dios y su creación, destruyendo en parte, la creación que habla el versículo uno del Génesis, creando caos y oscuridad. Pero al ver que Dios realizó su obra maestra; creando un ser a su imagen y semejanza, además de ponerle una compañía; se a de haber encolerizado de tal manera que planifico toda clase de maldades, pecados, parafílias y todo lo concerniente a lo maligno y no sacro.  Desarrolló planes funestos, poniendo toda su astucia y artimañas. Principiando con engañar y mentir cuando tentó a Eva para desobedecer a Dios, poniendo un espíritu de muerte y asesinato en la vida de Caín, para cometer lo aberrante con su hermano Abel, logrando que se mezclara con una raza satánica en tierra de Nod, como ya vimos con anterioridad, de ese punto partió una interminable avalancha de maldad en los hombres y mujeres. Leemos claramente en Génesis 6 del 5 al 8 algo muy explicativo al respecto: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres (entiéndase la raza humana), era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra  y le dolió en su corazón.  Y dijo Jehová: raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del Cielo;  pues me arrepiento de haberlos hecho.  Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.”

 

Fue tanta su desilusión que se arrepintió de haberlos creado, al ver la maldad de los seres humanos, entregados a los deleites del pecado y la maldad, inducidos por Satán y sus huestes; pero vio en Noé, a un varón apartado del mal, fiel a su creador y Dios;  en lo infinito de su misericordia, El Shadday en su máxima expresión, dispuso dar una oportunidad a la raza humana, dando tiempo de 120 años en los cuales su siervo Noé y su familia, divulgaban la oportunidad de arrepentimiento a tanta maldad en que habían incurrido los hombres; advirtiendo del inminente castigo que se cernía sobre la faz de la tierra con un diluvio del cual no se tenia registro, ni se tendrá.  Pero era tanta la maldad de los habitantes de la tierra que hicieron caso omiso a la advertencia; prorrumpiendo en maldad, maximizando lo ya actuado.

 

Dios sabiendo de la perdición del hombre y la descomposición de la raza humana por la mutación que se había efectuado entre Caín y la gente humano-demoníaca; sabría que no habría arrepentimiento a pesar de la nueva oportunidad.   Dios dispuso preservar su creación viviente, tanto de la raza humana, como del reino animal;  ordenó el resguardo de toda especie; en el arca que mandó construir a Noé y sus hijos, que juntamente con sus esposas y madre, esposa de Noé, se salvaron; para que nosotros aún existiéramos en la actualidad.

 

En el Génesis y primer libro de la Torah, para los hebreos, leemos el pacto de Dios con Noé, (Génesis 9: 12-17) en el cual dejara que viviéramos y nos multiplicáramos, a pesar de que nuestra pecaminosa manera de ser; subsistió en los genes de alguno de los descendientes de Sem, Cam y Jafet (Génesis 9: 18) “Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra.” Génesis 9: 19

 

A partir del pacto de Dios con los sobrevivientes del diluvio, la raza humana siguió pe-cando hasta nuestros días y he ahí el verdadero e invaluable Nuevo Pacto entre Dios y nosotros, por medio de la Salvación de nuestras almas para vida eterna, por la Divina persona de nuestro Señor Jesucristo, al dar su vida en expiación por nuestro pasado tenebroso, nuestro ADN contaminado y nuestro ser engañado por el diablo y sus huestes enemigos a todas luces, tanto de la Divina Trinidad, como nosotros su creación perfecta; pero descompuesta por nuestra propia culpa, por nuestro propio errático proceder y dejarnos seducir por las falacias ofrecidas por el maligno llevándonos a producir las obras de la carne (Galatas 5: 19-21). Por lo cual deducimos con certeza y plena afirmamación, guiados por el Espíritu Santo de Dios, que nuestro buen Dios, Jehová de Israel y de nuestros Países, no se equivocó en lo más mínimo, desde la expulsión de lucifer de su Reino a esta tierra, ni en la obra de su creación.  Los que nos equivocamos fuimos nosotros al haber caído en las artimañas del diablo.

 

Reitero, la equivocación fue nuestra y por causa del engañador. Vale ampararse en la teoría del libre albedrío, lo cual es el poder o capacidad del individuo (Usted y yo), para elegir una línea de acción o tomar una decisión sin estar sujeto a limitaciones impuestas.  El diccionario nos define entre varias lo del Albedrío, del latín “albitrium”; que es la potestad de obrar por reflexión y elección.

 

Baruch Espinosa, el filósofo holandés, reinterpretó el libre albedrío como la autodeterminación, es decir, la medida en que a una persona se adapta a la naturaleza de Dios y a la propia naturaleza del mundo y sus males.

 

En teología, que nos concierne; el libre albedrío viene a chocar de frente con la doctrina de la predestinación, que es una réplica teológica al determinismo.  Estaría más inclinado a la teoría de Pelagio y amparado en que Dios no hace acepción (Deuteronomio 10: 17; Job 34: 19; Hechos 10:34,35; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6: 9 y Col.3:25) entre otras citas. Entonces si Dios no hace acepción de gentes, quienes somos para estorbar su Gracia; que por el sacrificio de nuestro amado Jesús en la cruz del calvario y posterior resurrección, la salvación es un regalo para el mundo entero.  En las cartas del apóstol Pablo principalmente, vemos la teoría de la predestinación y sabemos que Dios nos creo a su imagen y semejanza, viniendo a ser predestinados para salvación, los que el predestino y justifico por Jesús,  somos salvos por gracia “Y El os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo  que los demás. Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con El nos resucitó, y a si mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.” Efesios 2: 1-6.  Veamos que dice que éramos por “naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” acaso aclara aquí Pablo lo que estamos tratando de asimilar que cuando Caín se mezclo con aquella mujer descendiente de lo humano-demoníaco dió como resultado hijos de ira, pecado y de maldad, pero que en la misericordia de Dios somos salvos por Gracia llegando a ser sus legítimos hijos por medio de Jesús siendo  la expresión viva que narra el versículo 10 de este capítulo 2 de Efesios: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”  Preparó de antemano, o sea desde un principio, pero a causa de nuestra rebeldía, nos dejamos seducir, a lo cual fuimos arrastrados al pecado y sus consecuencias.

 

  Los pecados de nuestros antepasados remotos como los de Adán, Eva y Caín, fueron de ellos, ellos pagaron por sus faltas personales, más Caín corrompió a la raza humana; conduciéndonos eso a pecar por naturaleza.

 

Hemos visto, que Dios nos da el rescate por medio de Jesús, teniendo libertad completa en elegir o rechazar el camino (Jesús) hacia Dios. Podríamos resumir que el libre albedrío es como una medida de autodeterminación que las personas sentimos poseer, por la  cual actuamos y formulamos juicios morales; que sin Jehová Dios, Jesús y el Espíritu Santo de Dios en nosotros, seriamos presa fácil para el diablo.

 

 Este principio del libre albedrío se podría aplicar en el verso 14 del capítulo 5 de la carta del apóstol Pablo a los Hebreos: “pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez  para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”

 

Quizá en un alarde de atrevimiento, al igual que el filósofo Baruch Espinosa, reinterpreto y unifico dos teorías que se contraponen; la predestinación y el libre albedrío; la primera por ser hechura de Dios y estar en sus divinos planes, a pesar del momentáneo escape al pecado y la segunda fruto de la libertad, que ampara el principio del libre albedrío, pero en constante vigilancia por Aquel que es nuestro Padre Celestial. Podría denominar este principio o teoría como “Dominio Divino”,  que tiene un paralelismo asombroso con lo acontecido al rey Nabucodonosor, que en franca referencia hizo lo que nosotros al no escoger bien las actuaciones; dejándonos llevar por el mal.  Leamos y asimilemos la cita de Daniel 4: 25 “Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el ALTISIMO TIENE DOMINIO en el reino de los hombres, y que lo da a quien El quiere.”    

 

Aún nosotros que aceptamos el evangelio de Jesús y sabemos que por su preciosa sangre y por confesión con nuestra boca, de que le reconocemos como nuestro único y suficiente Señor y Salvador y además estamos anuentes a creer que Jesús es el Hijo de Dios, echo carne que resucitó al tercer día, y esta a la diestra de nuestro Padre Celestial, todo esto por medio de la fe, que nos es dada y soportada en nosotros por la convicción que nos provee el glorioso Espíritu Santo de Dios.  A pesar de saber las advertencias de que si pecamos y morimos en nuestros delitos y pecados, iremos a condenación eterna al infierno y posteriormente por la eternidad al lago de fuego y azufre, aún pecamos, si pecamos y en ocasiones, se cometen pecados graves y vergonzosos.  Pecamos a diario a pesar de ya haber rendido nuestras cargas y errores (eso significa la palabra pecado, entre otros significados), si cometemos pecadillos, dicen algunos; y ya sean pecadititillos o pecadillos o pecados o pecadotes, estos son ofensas ante nuestro buen Dios; pero como veremos en otros capítulos más adelante, se debe a nuestra pecaminosa naturaleza humana.  Vimos uno de los orígenes, pero no por ello convalidar la famosa frase del pecado original, la cual estudiaremos en el siguiente capitulo.

 

Ser Cainista, (de Caín) por descendencia fue la causa de una naturaleza pecaminosa muy desdichada, pero el haber aceptado a nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús, fue la maravillosa piedad y misericordia de nuestro Jehová-Shadday. Sabremos que la palabra hebrea Shadday se deriva del vocablo “Shad” que en su esencia se relaciona con el pecho de una madre que amamanta a su bebe, demostrando una total dependencia de la cría a su madre y la lealtad, amor y misericordia de esta a su hijo.  Así es nuestro Dios, Jehová El Shadday con nosotros sus hijos, rebeldes y pecadores; pero El, amoroso al máximo dándonos la redención y perdón de pecados, por medio de la muerte sacrificial de su amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

 

En nuestros días se han proliferado gran variedad de sectas, que se nutren de dogmas de hombres. Algunas se mofan de ser Cainistas, en esencia por pecar y seguir pecando;  diciendo en clara blasfemia que como ya Jesús llevo nuestros pecados, ellos son “salvos siempre salvos” SSS (un claro paralelismo con “seis, seis, seis). Estos Cainistas tratan de disculpar a Caín, de su maldad; al igual que los Judaítas (de Judas, el traidor) que trataron  hacernos creer que Jesús y Judas dispusieron la crucifixión a cuenta del discípulo.

 

Vimos entonces a grandes rasgos, una de las teorías de nuestra conducta pecaminosa y pareciera que esta raíz del pecado en nosotros, nos condujera al trillado tema del “pecado original” que tanto proclama la Iglesia Católica; pero NO, sepa que aunque en nuestro ADN está una porción del pecado aberrante de Caín, cada uno en particular es responsable de sus actos, buenos o malos ante Dios.

 

Nacemos y como bebes y niños somos inocentes de los errores de nuestros antepasados, hasta cierta edad, en la cual comprendemos que somos seres necesitados de un Salvador para perdón de nuestra conducta pecaminosa.  Al reconocer a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal, venimos a ser hijos legítimos de Dios, nuestro Padre y creador (Génesis 2:7)

 

Imploro a su madurez; que debe orar a Dios en el nombre Glorioso de Jesús, para que Dios le ilumine con su Santo Espíritu, lo aquí expuesto.

 

 

 

CAPITULO  II

 

 

“EL  PECADO  ORIGINAL”

 

 

Se dice por la tradición que es el pecado con el cual todos nacemos…

 

El término “pecado original” no se encuentra en la Biblia.  Sin embargo los teólogos que defienden  el dogma del pecado original, argumentan que está muy influida (esta doctrina) por Pablo, según deducen lo escrito angustiosamente por el apóstol en la cita a los Romanos capítulo 7 del verso 7 al 25, por Juan en 1ª. Juan 5:l9 “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero esta bajo el maligno” e incluso por el mismo Jesús cuando habla en el pasaje de Lucas 11:13 “pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas da-divas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” tanto las sofocantes y angustiantes palabras de Pablo, que se referían a su naturaleza pecaminosa  con la que él lidió y nosotros batallamos diariamente, como la afirmación dualista de Juan y la sentencia de nuestro Glorioso Señor y Salvador Jesucristo; no mencionan bajo ningún argumento dialéctico o en su léxico el acercamiento tan siquiera de la expresión del pecado original.

 

A pesar que nuestra hereditaria naturaleza pecaminosa nos haría culpables, pareciera pero el pecado cometido por nuestros antepasados fue individual y cada quien recibió su paga, según el Justo Juez.

 

Este término del “pecado original” fue impuesto por la Iglesia Católica Apostólica Romana, dando pie a las doctrinas del que ellos llaman San Agustín y al que yo llamo simplemente (porque ese era su nombre real), Agustín de Hipona, quien nació en el año 354 en algún lugar de Argelia (País del África),  murió en el 430.

 

Agustín de Hipona, fue padre y doctor de la Iglesia Católica y uno de sus más grandes teólogos de todos los tiempos.  En el declive y caída de Roma a finales del siglo IV y principios del V produjeron una atmósfera apocalíptica y se vieron inmersos en controversias eclesiásticas y una de estas fue que Agustín de Hipona fue capaz de hacer un poderoso y efectivo llamamiento a la comprensión apocalíptica Paulina (de los escritos del Apóstol Pablo) destinada al perdón de los pecados.  Agustín en su elaboración de la doctrina (dogmas que ahora imperan en las estructuras de la Iglesia católica apostólica Romana, idolatra y Mariana, con sede central en el Vaticano, Roma, Italia), decíamos que en la elaboración de una de sus doctrinas, este teólogo aportó una idea extraña a la Biblia: la noción de que la mancha del pecado se transmite de generación en generación mediante el acto de la procreación. Al respecto vimos en el capítulo anterior que podríamos tener en nuestros genes y ADN, las huellas de nuestros antepasados pecadores, pero de eso a acarrear con sus culpas y pecados, existe una gran diferencia, ya que cada uno somos seres independientes y responsables por igual de sus actos, buenos o malos ante el Juez Justo, Jehová Dios.  Recordemos que somos individuales y cada ser humano con sus 60 billones de células, es una persona, en su propio yo.  Ya vimos que somos predestinados por Dios; Romanos 8: 28-30 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a sus propósitos son llamados.  Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” También supimos la teoría del libre albedrío (1ª. Reyes 3:9; Hebreos 5: 14 entre otras citas), y al unir estos dos Principios, tenemos el resultante del “Dominio Divino” .

 


La idea del pecado original es que seguimos cargando las culpas y pecados de nuestros ancestros y eso no puede ser, porque si creyeron en que al expiar ante Jehová los sacrificios respectivos en la antigüedad, en clara obediencia a los preceptos que dictó el Dios nuestro y Dios hebreo, que es el mismo Glorioso Jehová, decía; los preceptos que están para ellos en la Torah (que es el Pentateuco de Moisés) y luego los antepasados nuestros que vivieron bajo la era Cristiana.  Y si no creyeron y desobedecieron, pues fueron condenados por sus pecados.  Por lo tanto, los pecados de ellos, los tuvieron que pagar, los que los cometieron.

 

Estudiando a los grandes teólogos de la antigüedad aprendimos que Agustín de Hipona,  tomó esta idea del teólogo del siglo II, Tertuliano, quien fue el que en realidad acuñó la frase “pecado original”.

 

Tertuliano, nació en el año 160 D. de Cristo y murió en el 220 D.C., escritor, teólogo romano y uno de los primeros padres de la Iglesia popular (católica).  Su nombre completo era: Quinto Séptimo Florente Tertuliano, hijo de un centurión romano.

 

En la teología subsecuente y en especial los teólogos medievales, permaneció la idea del pecado original, siempre defendida en una forma identificable agustiniana (aunque vimos que Agustín tomo la idea de Tertuliano, pero la religión católica y las demás religiones Cristianas, muchas de ellas al amparo del ecumenismo; respetan, obedecen y veneran los dogmas de hombres escritos por el que ellos llaman: San Agustín).  Sin embargo la historia nos relata que en el movimiento de la Reforma Protestante (de cuyo movimiento vuelve a resurgir la verdadera Iglesia que instituyó Jesucristo en el siglo I, de nuestra era), esta doctrina del pecado original; fue diluida y evitada; dando paso a que los teólogos liberales protestantes desarrollaron un punto de vista optimista sobre la no culpa individual de los pecados de otros, que lógicamente determinó la incompatibilidad con la idea del pecado original.

 

Muchas citas especialmente en el Antiguo Testamento nos hablan del nacimiento en pe-cado, el cual fue cometido por los padres de la criatura, por lo tanto el recién nacido no debería tener culpa alguna, a propósito esto da pie a ser renuente a atribuir la transmisión del pecado a la procreación y si atribuirlo a una sociedad ya corrupta.

 

Entonces si somos anuentes a atribuir un nacimiento en pecado, cualquiera que este sea, endosando como protagonistas a nuestros progenitores, sin tener parte nosotros como criaturas puras, sin mancha alguna de culpa, por lo realizado.  Llego entonces a ser un creyente del dualismo, el cual es la convivencia de la humanidad en medio del bien y del mal.

 

El dualismo se centra en la creencia de la existencia de un ente del bien, y que se y clara mente acepto que es el Creador de todo (porque soy fiel adepto al creacionismo; según Génesis), y este Jehová Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo de Dios; de lo cual son mi Creador y Padre Celestial, mi Señor y Salvador personal y mi guía y consolador, una referencia clara y concisa de un Dios Trino Unipersonal. Lógicamente el dualismo se complementa con el otro reino, el reino del mal, encabezado por Satán y secundado por sus seguidores tanto espirituales como humanos.  Estas dos fuerzas nos rodean y he ahí el verdadero concepto estructural y puesto a prueba del libre albedrío.

 

En el punto de no concordar con el dualismo es en la creencia de que Jesús era única-mente ser Divino en esta tierra, y por lo tanto no sufrió el castigo en el proceso de la crucifixión, ni murió y por ende (dicen ellos, los dualistas), nunca resucitó. Herejía estupida, satánica bestial aberrante; la cual nosotros los Salvos por Gracia, condenamos con todas las fuerzas de nuestro ser, porque CRISTO JESUS, EL HIJO DE DIOS, SUFRIO LA MUERTE SACRIFICIAL EN LA CRUZ Y MURIO POR DARNOS PERDON DE PECADOS Y VIDA ETERNA, RESUCITANDO AL TERCER DIA Y ESTA A LA DIESTRA DE DIOS Y ANHELAMOS SU VENIDA.¡¡¡ GLORIA POR SIEMPRE AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPIRITU SANTO DE DIOS!!!

 

Entonces una humanidad corrompida por el ente del mal, personificado por satanás, que en un principio fue Lucifer; que por sublevación fue expulsado del tercer cielo, por el Creador Supremo.  Vuelva a analizarlo.  El que tenga entendimiento, comprenderá.

 

En la santa Biblia, la infalible Palabra de Dios; encontramos una  amplia gama de citas con relación al pecador y pecado, pero para eso vino el verdadero Cristo, o sea el Me-sias Jesús para que el que creyere en su nombre, fuere libre de cualquier pecado; Hechos 10: 42 y 43, que decir del versículo central de la Biblia; Juan 3: 16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en El cree no se pierda más tenga vida eterna.”

 

Las maldiciones que se heredarían de generación en generación, fueron anuladas a partir del Nuevo Pacto en el glorioso Nombre que es sobre todo nombre; JESUS de Nazaret.

 

 Según Romanos 11: 26 y 27 “y luego todo Israel será salvo, como está escrito: vendrá de Sión el Libertador, y apartará de Jacob la impiedad.  Y este será mi pacto con ellos, cuando Yo quite sus pecados.”  Que maravilloso cuando esto es partícipe a nosotros los gentiles también; es decir a nosotros los no nacidos en la Bendita tierra de Israel, leamos en Efesios 3: 6 “que los gentiles (Usted y yo), son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.”

 

Hebreos 7: 22 dice con relación al Nuevo Pacto entre Dios y nosotros: “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.”

 

En síntesis; la idea del pecado original fue impuesta por los padres de la religión popular para que en los tiempos postreros a ellos, se tuviera una base (no Bíblica, por supuestos y le reto a demostrar lo contrario) para el bautismo de niños, so pretexto del famoso “pecado original”.

 

Esta teoría se fundamenta en la descendencia de la humanidad en Adán y Eva, que junto a su mal logrado hijo Caín, fueron despojados de los beneficios que Dios les dio, a causa de la desobediencia.  Entonces se nos enseña que somos hijos de la promesa echa por Jehová al patriarca Abraham y su esposa Sara, los cuales también pecaron; Abraham en adulterio con Agar, la madre de Ismael; Sara por desobedecer e incitar a su esposo a serle infiel.  Por lo tanto seamos descendientes de quien quiera que haya sido, este ser ancestral nuestro, fue pecadorizo; que es lo dicho de una persona: propensa a pecar.

 

Lo cual resumo a lo anteriormente anotado; que más bien, hemos heredado, no el pecado original, sino el pecado capital, que es: el apetito desordenado que es fuente o principio de otros pecados.  En los dogmas islámicos, el pecado capital; es el orgullo humano que conduce a la autonomía ante Dios.  Podríamos tomar ejemplo de esto, ya que sabemos de la total dependencia ante nuestro Creador; el Dios Altísimo.

 

El pecado, cualquiera que sea su nombre, es una mancha a nuestro interior (alma y espíritu) y a nuestro exterior (cuerpo), a causa del cual necesitamos de un Salvador (Cristo Jesús) y posterior bautismo en aguas; pero a personas con conocimiento real del pecado y sus consecuencias. Exceptuando por lo tanto a los infantes.

 

El bautismo en aguas de niños no es Bíblico, bajo ningún punto de vista.  El acto bello del bautismo en aguas es un mandato Divino que dejó establecido nuestro señor Jesús; después de aceptarlo a El como el único intermediario entre Dios y nosotros para el perdón de nuestros pecados, el segundo paso y muy importante es el descender a las aguas bautismales.

 

Veamos la importancia de este acto; pero para personas con edad de razonamiento y que echa por tierra el mito del pecado original, que no es más que un pretexto como ya lo dije para el bautismo de niños y lo que esto conlleva en la religión popular que es el cobro obligatorio por este rito, además de los compadrazgos para tener otra excusa para pecar, Usted me entiende perfectamente.

 

El bautismo en agua es un testimonio público de la fe aceptada y de la experiencia interna recibida; también es un paso de obediencia a la Palabra de Dios, escrita en la Biblia.

 

Se ministra únicamente a personas; jóvenes y adultos que ya poseen un entendimiento claro de las responsabilidades Cristianas, cuyas vidas han sido transformadas por el poder regenerador de Jesucristo.

 

Que quede absolutamente claro que el bautismo en aguas; no es el medio para alcanzar el perdón de los pecados, ni el requerimiento de transformación, que Jehová requiere de nosotros.  Se conduce al bautismo a los que por medio de la aceptación voluntaria de que Jesús es nuestro Señor y Salvador personal, hemos sido transformados y justifica-dos por su Gracia.

 

Tampoco se puede considerar este glorioso acto como un rito Judaico que haya venido a hacerse tradición Cristiana, debido a la práctica de los primeros seguidores del Señor Jesús.  Menos aún es considerado como práctica netamente juanina (de Juan el bautista), sino como un explicito mandamiento de Cristo Jesús para todo aquel que cree en su santo Evangelio.

 

La Iglesia Cristiano Evangélica, lo aplica conforme el sentimiento apostólico de obediencia al Señor Jesús, “como hijos amados”, logrando percibir en el un símbolo claro de la muerte y resurrección de Cristo Jesús y de la muerte del creyente al pecado, al depositarse por la fe en el “lavacro de la regeneración.”

 

 

El bautismo en aguas no posee ninguna eficacia como medio de limpiamiento de pecado la única fuente bíblica, universal y eficaz que tiene poder para limpiar nuestras aberrantes culpas y pecados personales es LA SANGRE DE CRISTO JESUS, NUESTRO UNICO Y SUFICIENTE SEÑOR Y SALVADOR PERSONAL.  Al introducirse al agua de utilizar para este acto; a un pecador, sin haberse arrepentido, sin haber confiado en el sacrificio de Jesús, no logrará por el hecho de ser bautizado, alcanzar bajo ninguna circunstancia  un mejor nivel para su vida espiritual.  Esta es la razón porque la Iglesia Evangélica hace bastante énfasis examinar primero el testimonio de los candidatos al bautismo.  Además de observar la conducta de estos, anticipadamente se les imparte una plática después de haber leído del porqué del bautismo, leyendo y escudriñando  la Santa Biblia con citas que explican lo concerniente al acto del bautismo en agua; siendo prácticos y guiados por el Espíritu Santo de Dios, para no caer en largos y tediosos meses de clases, repitiendo de lo mismo que viene a ser una pérdida de tiempo, cuando confiamos que su Espíritu nos guía a comprender si sabemos escudriñar su Santa Palabra.

 

 Recordemos el pasaje de Hechos, capítulo 8 del verso 26 al 39, donde se narran las preguntas del etíope a Felipe, instruyéndole este en breve tiempo, apremiándole primero a creer en Jesús como su Salvador e inmediatamente, cómo ser bautizado y no perder tiempo.  Es un acto de obediencia muy sencillo; para que el candidato actué con todo conocimiento, además con toda responsabilidad personal ante Dios; cosa que un recién nacido por lógica jamás podría expresar.

 

Hay padres inconscientes incluso en las Iglesias Evangélicas, que desean el bautismo de sus niños pequeños, los cuales carecen de razonamiento, ni perciben por su corta edad nada de la fe, únicamente por el concepto tradicional que tiene del acto (según estos) por estimarlo como un rito Cristiano, por dedicación a Dios o por pensar que con el bautismo se borra el supuesto pecado original.  Recuérdelo siempre mi muy caro lector: las Iglesias nuestras; Cristiano Evangélicas realizan el bautismo en aguas por mandamiento de nuestro Señor Jesucristo y no por tradición, ni para quitar o evitar pecados.

 

El lugar para bautizar no es de importancia; ya que se puede realizar en una laguna, un lago, un río, el mar, un canal, un bautisterio en la Iglesia o en una pileta o piscina. No hay restricción para que sea únicamente en un río, por el hecho de que el Señor Jesús fue bautizado en un río; lo importante es el acto y la condición interna del candidato.

 

La forma del bautismo es precisamente por inmersión de acuerdo con el significado de la palabra “bautismo”, el cual traducido del original, quiere decir: “sumergir”, por lo tanto no se considera bautizada a una persona que lo haya hecho por aspersión o por rociamiento; como lo hacen en la religión popular además de efectuárselo a un recién nacido, inocente a toda prueba, que aunque en su ADN, como ya hemos visto; traiga su naturaleza pecaminosa, pero sin pecados propios, que al crecer y razonar, se le presen-tará la opción de ser hijo legítimo de Dios, por medio de aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador PERSONAL, para el perdón de sus pecados PERSONALES, no de los de sus antepasados, mucho menos los cometidos por Adán, Eva, Caín y posteriores.  Por lo mismo concluimos que el bautismo de niños; a parte de no ser bíblico en lo más mini-mo queda vacío por falta de pruebas contundentes con relación al término; pecado origi-nal.

 

Pero ya inmersos en el verdadero y eficaz acto del bautismo; le invito a seguir aprendiendo al respecto: el acto del bautismo debe impartirse usando las palabras de acuerdo con el mandamiento dado por el Señor Jesús, según Mateo 28: 19 “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.  Al igual que nos referimos a la forma, la Iglesia Evangélica no considera bautizadas a las personas cuyo bautismo se administra única-mente en el Nombre de Jesús.

 

El bautismo en aguas es un tipo de la muerte del hombre viejo y la resurrección del hombre nuevo, para andar en nueva vida. Lea por favor en Romanos 6: 4-6 “Porque so-mos sepultados juntamente con El para muerte con el bautismo, a fin de cómo Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con El en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”  Vea que interesante lo que Dios le reveló al apóstol Pablo: aparte de entender perfectamente el significado del bautismo en aguas, él nos re-vela que nuestro “viejo hombre” fue crucificado juntamente con Jesús; significaría que nuestro ADN ha sido limpiado por la muerte sacrificial y expiatoria de Jesucristo en la cruz del calvario y al estar bajo la Gracia debiéramos de evitar al pecado, pero los resa-gos de esa herencia pecaminosa nos conducen a pecar aún cuando sabemos claramente que desobedecemos a nuestro Salvador.

 

Retomando la cita del versículo 4; también se enseña que debe ser la persona inmersa en el agua o sea una clara visión de ser sepultado, pues una persona no estará sepultada so-lo con unos cuantos puñados de tierra en la cabeza.  Por lo tanto: el bautismo requiere  de agua, Hechos 8:36; requiere abundancia de agua, Juan 3: 23; requiere que tanto el   que bautiza como el creyente, deben descender al agua, Hechos 8: 38; el bautismo re-quiere ser sepultado en el agua, Romanos 6:4 y Colosenses 2: 12 y el bautismo requiere subir del agua, Mateo 3: 16 y Hechos 8: 39.

 

Por último el bautismo en agua no se puede practicar en una persona menor de doce a-ños, mucho menos en un niño, puesto que no llenaría los requisitos bíblicos mencionados en los puntos anteriores.

 

Brevemente con relación al tema que nos ocupó en este capítulo, del pecado original; habría deseado explicarme mejor, pero apelo al excelente nivel de su coeficiente mental.

 

 

 

CAPITULO   III

 

EL PECADO QUE MORA EN MI.

 

“¿Qué diremos, pues? ¿la ley es pecado? En ninguna manera.  Pero yo no conocí el pe-cado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: no codi-ciarás. Más el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mi toda codi-cia; porque sin la ley el pecado está muerto.  Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamien-to que era para vida, a mi me resulto para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.  ¿luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mi? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mi la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado lle-gase a ser sobremanera pecaminoso.  Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado.  Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mi. Y yo se que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mi, pero no el hacerlo.  Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.  Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miem-bros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muer-te?  GRACIAS DOY A DIOS, POR JESUCRISTO SEÑOR NUESTRO.  Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado.” Roma-nos 7: 7-25

 

Angustiantes palabras del gran Apóstol Pablo, el que fue el precursor principal, después de Jesucristo de la institución de la Iglesia de nuestro Dios hecho carne en la Divina per-sona de su Amado Hijo, es decir una auténtica teofanía.  Pues este apóstol con su minis-terio inigualable aun hasta nuestros días, nos da un claro ejemplo de humildad, sinceri-dad y mensaje de no hipocresía; al expresar sus debilidades, compartidas con todos los seres humanos que hemos habitado este planeta.  Leo sus palabras y puedo percibir que las escribió acompañado de abundantes lágrimas, que ahogaban su corazón dolido, an-gustiado y lacerado por el hecho de lamentar esta pecaminosa naturaleza humana que nos conduce a pecar a pesar de no querer hacerlo, porque los que hemos reconocido a Jesús como el Rey de nuestra vida, estamos sabidos que para no pisotear y menospre-ciar su sacrificio en la cruz, por nuestra culpa; debemos estar apartados de cometer los mismos pecados que acostumbrábamos realizar estando en el viejo hombre.  Al recordar esa vida pasada, somos concientes que cuando cometíamos pecado, este era el común denominador de nuestro diario vivir y no nos sentíamos mal al realizarlo; pero ahora estando en Cristo, al errar, el Espíritu Santo nos hace sentir la culpa inmediata y nos lleva a acudir a nuestro abogado para clamar por socorro ante Dios, como dice el pasaje de la 1ª. Epístola de Juan 2: 1 y 2 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y El es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”  Palabras por demás confortantes pero no por eso tenemos vía libre para pecar a nuestras anchas; porque Dios es amor, pero también es fuego consumidor y no debemos profanar, ni desvalorizar su muerte en la cruz.

 

Pablo exclama en el versículo 15 del capítulo 7 de Romanos, frases llenas de clamor y suplica, por no llegar a comprender a cabalidad, el causante del cometer pecados que no quiere hacer y sin embargo hace, al igual que cada uno de nosotros.  Veamos el verso 19 “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” Sabe y trata de excusarse en los preceptos dictados en la Torah, que por causa de lo prohibido, se comete lo contrario a lo establecido. Pero ve y entiende que por la desobediencia y pecados de Caín, nuestra naturaleza pecaminosa, sale a flote y se demuestra en nuestras celulas; exclamándolo en el verso 23 “pero veo otra ley en mis “miembros”, que se rebela contra la ley de mi mente y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis (¿celulas?) miembros.”

 

No sabemos a ciencia cierta que pecados angustiaban al apóstol, pero él daba gracias a Dios por la Salvación por medio de Jesús y es aquí nuevamente que valoramos el gran e inexpresable plan de salvación para la raza humana, en el Nuevo Pacto entre Dios y los hombres, por medio de Jesús; ya que esto viene a aniquilar la condenación en la que se nos había puesto por satán, al tratar de tomar revancha por haber sido expulsado del Rei no de Dios por querer ser igual a la Divina Trinidad.

 

 Ahora somos aparte de hijos legítimos de Dios; siervos de justicia. Y en los versículos que leeremos a continuación, el que tiene entendimiento y sabiduría no de hombres, si-no de la que imparte Dios, por medio de la unción del Espíritu Santo, podrá ver clara-mente el misterio que hemos visto nosotros al igual que se le reveló al apóstol Pablo de Tarso.  “¿Qué, pues? ¿pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la Gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?  Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, ha-béis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vues-tra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os aver gonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vi da eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6: 15-23

 

Esa herencia maldita en nuestros miembros (podríamos aplicarlo a nuestro ADN), nos hizo esclavos al pecado, dice Pablo; afirmando y hablando como humano que por nuestra humana debilidad, fuimos prestando nuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, más siendo ya lavados y perdonados, debiéramos presentar nuestro organismo completamente al servicio de la justicia, o sea a la obra de nuestro Señor Jesús.

 

Más aun siendo justificados por su gracia, muchos seguimos pecando, siendo este el pun to focal del tema que nos atañe, por ser el titulo de este libro; ¿porque pecamos aun los Cristianos Evangélicos?  Puntualizamos; Cristianos Evangélicos, si porque Cristianos se hacen llamar y con toda lógica, todas aquellas sectas o religiones que creen que Jesús, es el Cristo Redentor, pero les adhieren a sus creencias, dogmas hechos por hombres y en el caso de la religión popular o sea la católica, ellos vienen a ser mas Marianos (por la excesiva veneración a la virgen María), que Cristianos, aparte de su desobediencia por el hecho de la idolatría, el alcahueteo a que sus feligreses vivan en libertinaje absoluto, doctrinas explícitamente no bíblicas y la adulación, veneración y obediencia ciega al papa, sus obispos, cardenales y sacerdotes, sin reparar en la advertencia de Jehová Dios en Jeremías 5: 17 “Maldito el hombre que confía en otro hombre…..” al igual que los mormones que desvían su mirada en José Smith, bueno este no es un libro exacto pa ra tratar temas de sectas y religiones apartadas del verdadero camino (Jesús) hacia Dios, pero quería aclarar lo del titulo.

 

Pecamos sabiendo de las consecuencias, porque en cada reunión se nos advierte al res-pecto, sin embargo hacemos caso omiso de la advertencias que el Pastor o predicador nos hace.  En muchas ocasiones él mismo portador de esa advertencia, esta en pecado, si y han sido predicadores de relevancia internacional, o pastores locales, o ancianos de las iglesias al igual que diáconos, obreros, ministros de alabanza, miembros del coro o de los grupos musicales, maestros de niños; ya no digamos miembros regulares de la con-gregación, si, porque somos seres 100% humanos, débiles, fácil presa del enemigo de nuestras almas, que “anda como león rugiente, viendo a quién devorar” pero como dice el apóstol Judas en su epístola, en la parte final del verso 9 “el Señor (Jesús) te reprenda.”

 

Somos advertidos hasta la saciedad para no pecar, comprendiendo claramente lo escrito en Romanos 6: 23 “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

 

Todos los hombres y mujeres que se mencionan en la Santa Biblia, pecaron, menos uno sabiéndolo con certeza; fue nuestro Amado Jesucristo; pero si Usted ha leído o escudriñado las Sagradas Escrituras, sabrá claramente que todos cometieron más de un pecado. Estando  marcado con mayor énfasis en los grandes hombres que dejaron huella y que su vida personal fue manchada por pecados muy grabes.  Por ejemplo: El Patriarca Abraham; no fue paciente con la promesa de ser padre, juntamente con su esposa Sara, esta fue la que al igual que Eva, lo indujo a pecar en adulterio con su empleada Agar, la egipcia; el resultado de dicho pecado fue Ismael el padre de los árabes, he ahí el problema actual entre estos y los descendientes de Isaac, verdadero hijo prometido por Dios al patriarca y a su esposa real, Sara.  Moisés, pecó en varias ocasiones relevantes, como cuando mató deliberadamente más no en guerra al egipcio que le ofendió; desobedeció la indicación de Jehová, con relación al caso de las aguas de Mara, viniendo a ser este pecado el causante que no le permitió entrar con su pueblo a la tierra prometida.

 

 Adán, Eva y Caín; ya sabemos. El rey de Israel más famoso; David, entre otros pecados  el mas conocido; cuando hizo para él a la mujer de Urias Eteo, mandando a este al frente  de batalla, deliberadamente para que le matasen y quedándose con su hermosa mujer, a la cual había visto y codiciado de antemano; quedando para nosotros un modelo de arrepentimiento  poético, patético, angustiante y de un corazón partido, expresado en el Salmo 51 pidiendo, exclamando, rogando perdón después de pecar flagrantemente en adulterio con Betsabé, dijo a Jehová Dios: “Ten piedad de mi, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y mas de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mi contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tus palabras, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.  He aquí tu amas la verdad en lo intimo, y en lo secreto me has hecho comprender  sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré mas blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu Rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu……….”  Entendiendo David que ha sido escuchado ade-más de perdonado, empieza a glorificar y alabar el Santo nombre de Dios; según lo que leemos en la continuación de este Salmo.

 

A cuántos de nosotros no nos habría pasado lo mismo, quizá no a la dimensión del rey de Israel de esos días, pero pecamos a diario, de diferentes maneras, en diferentes cir-cunstancias, pecamos, pecamos y siempre pecamos.  Dios, ten piedad de nosotros, con- forme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra nuestras rebelio-nes; exclamaba el rey David. Lo mismo suplicamos nosotros en lo individual, pero aho- ra por la intercesión de Aquel que nos ama dando su vida en la cruz para pagar las culpas nuestras. Gracias al Hijo de Dios, a Jesús nuestro Señor y Salvador personal.

 

Estábamos recordando algunos de los muchos pecados que cometieron los grandes per-sonajes que aparecen en las Santas Escrituras, mencionando a algunos pocos, como A-dán. Eva, Caín, Abraham, Moisés, también Noé peco, David, su hijo Salomón; tuvo mil concubinas, se menciona de los enojos y desobediencias de los grandes profetas.

 

 Todos conocemos la historia de Sansón, el cual era una nazareo para Dios, es decir; un barón apartado para el servicio de Dios que debía llevar un distintivo ante los hombres, so pena de ser juzgado y criticado por todos, en este caso era el pelo largo que tenía San són, en donde radicaba su fuerza sobrenatural, de parte de Jehová.  Pues este nazareo,  cayó en desgracia, por su desobediencia y curiosidad de buscar en el mundo carnal, los deleites que su carne le exigía en clara rebeldía ante Dios.  Su pecado, lo llevó a la ruina viniendo a ser un claro paralelismo para nuestros días, al permitir el ser humano dejarse seducir por el sexo opuesto.

 

 Gente del tiempo de los escritos del Nuevo Testamento, fueron pecadores, al igual que todo ser humano y recalco que el único ser, tan humano como Usted y yo, pero Divino  en toda su esencia, nuestro Jesús, El nunca conoció pecado alguno.

 

Citaré a los más renombrados al igual que lo hicimos con los del Antiguo Testamento; pecaron, por mencionar a algunos: Pedro, quiso tentar a Jesús, para evitar su muerte en la cruz,  también mintió al negarle tres veces, los evangelistas y discípulos eran impertinentes.  Pablo y su confesión entre otras, del pasaje de Romanos 7.

 

Hablamos de estas gentes que pecaron estando bajo el conocimiento real del bien y del mal, ya en plena conciencia de haber venido al camino correcto y aún así, se entregaron a pecados y contiendas; entonces que habrían cometido antes de ser salvos por la infinita  misericordia de Dios, no lo sabemos pero podemos imaginarlo.

 

Conocemos muy en detalle los graves errores de uno de los discípulos de Jesucristo. Judas Iscariote; un personaje muy ridiculizado hoy en día, por su traición, sus mentiras y a saber cuan gran cantidad de pecados, a pesar de que era uno de los doce apóstoles  pero tan humano como Usted y yo.

 

¿Quién fue Judas Iscariote? Iscariote se deriva del hebreo “ish queriyot” que significa: “varón de Queriot” que era oriundo de ese lugar. Queriyyot Jesrón, “Azor-hadata, Que-riyyot, Hezrón (que es Hazor).” Josué 15: 25, ciudad situada a 19 Kilómetros al sur de Hebrón; era, pues, el único apóstol oriundo de Judea. Hijo de Simón Iscariote “Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón” Juan 6: 71 a .  Siempre se le mencionó de último cuando se nombraba a los apóstoles.  Fue nombrado tesorero, a pesar de su tendencia a la corrupción, según el pasaje de Juan 12: 6 “pero dijo esto (Judas), no porque se cuida-ra de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa (de la tesorería), sustraía de lo que echaba en ella.” Esto de que fue nombrado administrador del tesoro del grupo; a de haber sido por su capacidad numérica y administrativa; aunque después se desvió totalmente, corrompiéndose hasta hacer lo que hizo; cosas que solo Dios Padre y su amado Hijo en su Santa Soberanía, saben porque llamó a Judas a pesar de que en su interior habitaba el enemigo: lea lo que se nos dice al respecto en Juan 6: 70 y 71 “Jesús les res-pondió: ¿no os he escogido Yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.”  Crudas y verdaderas palabras las de Jesús, con relación al personaje de Judas “uno de vosotros es diablo” del griego “diabolo” que significa: engañador y traicionero.

 

Aunque nos duela; muchos de nosotros tenemos algo de Judas, específicamente en que este apóstol en su “conversión” su “arrepentimiento”, fue metamélia, que significa: cam bio de parecer, y no metanoía, que significa: cambio de mente y corazón. Por eso se nos dice: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” Mateo 3: 8 sustentado esto en lo que narra Pablo en Hechos 3: 19 y 20 “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refri-gerio, y El envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado”  

 

¿Qué de nosotros, entonces?, cuantos y horrendos pecados cometimos antes de conocer el Evangelio de Jesús.  De esa vida pasada ya no debemos recordarla, ya que si el misericordioso Dios (Jehová Shadday), olvidó nuestros errores, como dice la Biblia, entonces nosotros los ex culpables no tenemos porque recordar lo pasado, ya perdonado.

 

Cuando veamos a nuestro hermano caer en pecado, estamos obligados a ayudarle, como nos lo recomienda Pablo en la epístola a los Gálatas 6: 1 y 2 “Hermano, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobre-llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”

 

Como hijos legítimos de Dios, debemos estar en constante oración (1ª. Tes. 5:17), para andar en el Espíritu, soportando con la ayuda de Dios la constante tentación para caer en cualquier pecado, pues el enemigo de nuestras almas, acecha en la penumbra para hacer nos caer en errores que ofenden a nuestro Santo Dios; por lo cual si estamos en la bús-queda constante de su Espíritu Santo, seremos personas llenas de la unción y presencia de Dios en nuestras vidas y alejarnos de los pecados que como obra de la carne están a la orden y disposición; seamos espirituales entonces, a propósito leamos lo que nueva-mente Dios le indico al apóstol, para que lo sepamos: “Digo, pues: andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu (el Espíritu Santo de Dios), no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundi-cia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensio nes, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acer ca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.  Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vi-vimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Gálatas 5: 16-25

 

Notamos en le pasaje anterior, que se enumeran algunos de los muchos y variados pecados que existen, pero de estos que Pablo nos ilustra, se derivan los muchos otros al igual que los frutos del Espíritu Santo.

 

Dos factores son los determinantes y las causas de la gran mayoría de pecados; diría que son la raíz de todos los males y pecados, siendo estos a saber: el dinero y el sexo. “Por-que raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extravia-ron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” 1ª. Timoteo 6:10 y el temible sexo (fuera del matrimonio) que es concupiscencia; “no en pasión de concupiscencia, co-mo los gentiles que no conocen a Dios.” 1ª. Tes. 4: 5; Colosenses 3: 5 “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impurezas, pasiones desordenadas, malos de-seos y avaricia, que es idolatría.” El sabio Salomón nos aconseja al respecto y le pido lo busque en su Biblia, en Proverbios 6: 20-35 y el capítulo siguiente, el siete en su totalidad; entre otras muchas otras citas al respecto de estos dos males mayores  que son la materia prima para la elaboración de un 85% de todos los pecados. Por dar un pequeño ejemplo: si una persona, sin importar que sea varón u hembra, comete la aberrante ofen-sa a Dios del adulterio y/o fornicación, de estas se derivarán: engaños, mentiras, iras, ce-los, contiendas, asesinatos, actos sexuales contra natura, malas palabras, etc. etc.

 

 Si es por causa del dinero, este individuo; por amor al dinero, también cometerá: robo, crímenes, es decir quitará la vida al prójimo, engañará, estafará, y un sin fin etcétera.

 

¡Ah el pecado que mora en mí! Exclamaba San Pablo, el gran apóstol, que con ese mi-misterio que le fue encomendado, que con esos misterios que le fueron revelados, el poder de Dios en su vida, los consejos y mandatos que dio a todas aquellas regiones que había conquistado para Cristo Jesús y su santo Evangelio, su mente fue el recipiente de la inspiración que le dio Dios por medio del Espíritu Santo para haber escrito 13 libros que aparecen en el Nuevo Testamento de nuestras Biblias; un hombre con el don de continencia, por ende solo en cuanto a mujer, pero entregado al servicio de Dios, para que Usted y yo tengamos una Iglesia Cristiano Evangélica, en donde congregarnos, si-guiendo la sana doctrina predicada por este.

 

A pesar de tan gran ministerio de aquel apóstol, tuvo que lidiar al igual que nosotros por escapar o ser presa momentánea de los tentáculos del pecado.  Momentánea digo, pues los que ya hemos reconocido en Jesús a nuestro Señor y Salvador, tenemos al Espíritu Santo que nos recuerda que al pecar debemos arrepentirnos y no nos deja en paz; a lo que la psicología llamaría, no tener la conciencia tranquila, pues en el estar en Cristo, es sentirnos con mancha y acudir al oportuno socorro que da Dios al pedirle perdón por Jesús.  Pero debemos de estar plenamente concientes que no se nos permitirá estar pecando deliberadamente, porque Dios es fiel y misericordioso, pero todo tiene un límite y sabemos que “la paga del pecado es muerte”.

 

Si sabemos que hemos tenido una herencia maldita de pecado, por haber nuestros lejanos antepasados pecado y corrompido la raza, mezclándose con entes del mal, para dar paso a lo que vio Jehová Dios según el Génesis, cuando se narra que: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” Una descomposición del corazón de la raza humana, a causa de la desobediencia hacía su Creador.

 

¿Que hacer entonces a causa de nuestra pecaminosa naturaleza? Lo veremos más adelante en este libro.

 

Una cosa tenemos claro, que si ya hemos reconocido públicamente a Cristo Jesús, el Hijo de Dios, como nuestro Señor y Salvador personal por su sacrificio en la cruz del calvario y creemos que Dios lo levantó de los muertos al tercer día,  ahora esta a la diestra del Altísimo, esperando el rapto de su Iglesia pura y verdadera y su posterior Segunda Venida; hemos sido perdonados de nuestros delitos y pecados cometidos antes de reconocerle, somos salvos por Gracia; pero este pequeño y humilde libro se enfoca en los pecados que cometemos los ya, bajo la tutela de nuestro Salvador.

 

 Retrocediendo al pasaje que ya vimos de Romanos 6, especialmente en los dos prime- ros versículos que dicen: “¿Qué, pues, diremos? ¿perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aun en él?”

 

El dilema está entonces en el ¿porqué pecamos aun? , ya vimos algunas causas en el primer capítulo de este libro y estamos concientes que el trabajo primordial del enemigo de nuestras almas, pone todo su empeño en hacernos caer en pecado, sabedor de nuestra debilidad, pero aprenderemos a sujetarnos de la Mano de nuestro Pastor.

 

¿Qué es esto de la Gracia? Dirá mas de alguno, pues es el acto sacrificial de Jesús para darnos perdón de pecados y vida nueva y eterna juntamente con El, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.” Romanos 3: 23-25 maravilloso y gratificante. Entonces “para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.” Romanos 5: 21 además de que “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.” Efesios 1: 6 y 7

 

 

 

 

 

CAPITULO  IV

 

HUMANOS; NECESITADOS DE UN MEDIADOR E INTERCESOR.

 

Hemos de estudiar estas teorías y si las quiere tomar como hipótesis, pues adelante; lo único que rogaría a  Usted mi amado lector es el pedir en oración a Dios en el nombre de Cristo Jesús y guiado por el Espíritu Santo de Dios; para que su entendimiento este acorde a lo que tratamos en el capítulo uno y este capitulo, número cuatro. Le pido que por favor, en el nombre de Jesús, medite antes de enviarme a la hoguera, ya que trato al máximo en basarme en las Sagradas Escrituras, porque “Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino” Salmo 119: 105. Si pide discernimiento a Dios, el dará testimonio de que lo aquí escrito es producto del escudriñar su Palabra escrita, ampara-do en la promesa de Jeremías 33: 3 “clama a mi, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” Fue para la restauración de la prosperidad de Je-rusalén, entiendo bien esto, pero su Palabra y promesas permanecen para siempre y son también para los que hemos creído en su Nombre, los cuales oramos y clamamos a Dios en el nombre de Jesús, tal y como está establecido por El, (Juan 14: 13, 14).

 

Desde el momento en que Dios exclamó a causa de la maldad de los hombres, por los pecados de Caín y sus padres terrenales; diciéndo: “Y se arrepintió Jehová de haber he-cho hombre en la tierra, y le dolió en su Corazón.” Dispuso reglas y severos castigos para nuestra raza humana, a causa de tanta maldad y desobediencia. Dictó 613 precep-tos que aparecen en la Torah de Moisés, o como nosotros lo conocemos; el Pentateuco de Moisés, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento de nuestra Biblia y para los judíos, la Torah, son los cinco libros de Moisés de la Tanah (tanaj) la Biblia Hebrea.

 

En estos seiscientos trece preceptos, Dios establece la conducta y requisitos a seguir por su pueblo.

 

Dios es soberano; El hace según su Santa Voluntad, disponiendo en su ilimitada Sobera nía enviar a su Amado Hijo a establecer las reglas y lineamientos para ordenar a los sa-cerdotes y profetas de la antigüedad; estaremos bien claros que su venida principal fue cuando nació de una virgen, cumpliendo el plan perfecto de la salvación.

 

Esta, quizá primer venida a este planeta del Hijo unigénito de Dios podría causar en Us-ted una duda, pero cierre este libro; por favor incline su rostro, ore a Dios (insisto nue-vamente) en el Nombre poderoso de Jesús; pidéndole con sinceridad que su Santo Espí- ritu le guíe a toda verdad.

 

MELQUISEDEC:  el Hijo de Jehová Dios, echo ser humano en una de sus venidas a esta tierra.

 

Melquisedec, Rey y sacerdote supremo de Salem (la tradición Judía, identifica a Salem, con Jerusalén), que relata en el Antiguo Testamento, en Génesis 14: 18-20 “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entrego tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.”

 

Según el pasaje leído; Melquisedec sale al encuentro de Abraham al regresar este de la batalla con los reyes mesopotámicos; Melquisedec ofreció a Abraham “pan y vino” una clara prefiguración, de la Santa Cena, a cambio obtuvo un diezmo (el 10%) de lo gana-do por Abraham.

 

En el Salmo 110, se le describe a Melquisedec como un prototipo de el futuro Mesías, el Cristo que vendría miles de años después a la tierra prometida, a la tierra del pueblo Ju-dío, que por la sapiencia de nuestro Dios soberano encomendó iniciar en el patriarca Abraham (hablo del inicio del pueblo Hebreo), quien antes de recibir la promesa se llamaba Abram.

 

Estaba el Hijo de Jehová Dios en ese entonces como ser humano en la tierra, encargan-dose de ordenar a los líderes y sacerdotes al servicio de Dios hacia su pueblo, los cuales daban los lineamientos en todo sentido; muy especialmente referentes al real cumplimiento de los seiscientos trece preceptos escritos santamente en la Torah, entre estos el cumplimiento de los sacrificios para la expiación de los pecados del pueblo.

 

El ordenamiento de estos sacerdotes, de parte de Dios en la persona de Melquisedec; era supremo y permanente; según leemos en los pasajes de Hebreos 5: 10 “Y fue declarado por Dios, sumo sacerdote según el orden de Melquisedec” y Hebreos 6:20 “donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”  Ese ordenamiento, esa confirmación, esa imposición de manos, era en si un  sello permanente y supremo que daba confirmación al aval plenipotenciario y vitalicio de parte de nuestro eterno Dios.  Estos dos versículos hablan del propio Cristo Jesús; Señor y Salvador nuestro, quien fue en aquellos lejanos tiempos, El mismo pero con el nombre muy poco conocido y descrito en las Santas Escrituras. Su función como ya vimos, era otra.  Pero El era, porque ha estado personalmente y hecho a nuestra semejanza (pero sin pecado), en varias ocasiones a través de los tiempos; hiendo al Pa-dre (a Dios) y venido a este mundo (una de sus infinitas creaciones, porque por El y para El fue hecho el mundo; “En el mundo estaba, y el mundo por El fue hecho; pero el mundo no le conoció.” Juan 1:10).

 

Recapitulando: Cristo Jesús estuvo varias veces en esta tierra y retornado a los cielos, antes de “su venida principal para morir y resucitar por nosotros”.  Esto lo afirma el propio Jesús de Nazareth, en el Evangelio de San Juan l6: 28 “Salí del Padre, y he venido al mundo OTRA VEZ DEJO EL MUNDO, y voy al Padre.”  “otra vez”, que es sino-nimo de: “una vez más”, “por segunda, tercera, cuarta vez; en fin varias veces.”  Si va-rias veces, en varias ocasiones; para diferentes funciones por medio de la obediencia hacia su Padre; nuestro Padre celestial, nuestro único Dios.

 

  Adoramos por la eternidad a ese nuestro único Dios porque en una de sus muchas venidas a esta tierra, de su amado Hijo, y la más importante; fue que en el plan perfecto, su Hijo Jesucristo, viniera y naciera de una virgen, dejando enseñanza, padeciendo por nuestras culpas y pecados; fue crucificado; al tercer día resucitó para darnos el perdón por gracia y vida eterna juntamente con El.  Ahora le esperamos en dos venidas extrema damente importantes: el glorioso Rapto de su fiel Iglesia y su posterior Segunda Venida, para reinar con El por mil años y luego partir definitivamente al Reino de los cielos por la eternidad, con Dios.

 

Por inspiración Divina del Espíritu Santo de Dios al apóstol Zaulo de Tarso, venido a ser llamado Pablo, cuando ya convertido; leemos sobre Melquisedec, en la carta a los Hebreos capítulo 7 “Porque este Melquisedec, Rey de Salem, Sacerdote del Dios Altísi-mo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien a si mismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa (el de Mel-quisedec), primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem (la Jerusalén actual), esto es Rey de Paz; sin padre, sin madre (terrenales), sin genealogía; que ni tiene prin-cipio de días, ni fin de vida, sino HECHO SEMEJANTE AL HIJO DE DIOS, permane- ce SACERDOTE PARA SIEMPRE.  Considerad pues, CUAN GRANDE ERA ESTE, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diez-mos  según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel (Melquisedec), cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenia las promesas. Y sin discu- sión alguna, el menor es bendecido por el MAYOR. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí,  UNO DE QUIEN SE DA TESTIMONIO DE QUE VIVE (o sea el Hijo de Dios en la persona de Malquisedec). Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre, cuando Melquisedec le salió al encuentro.”

 

A la luz de este maravilloso relato Divino ( recuerde que al apóstol Pablo le fueron reveladas grandes cosas de parte de Dios, así que no dude al respecto), escudriñando a profundidad, encontramos varias frases, donde se describe al Hijo de Dios en la perso-na de Melquisedec, que ahora es nuestro Cristo, nuestro Jesús. Lea y sorpréndase, escudriñe y medite: “Rey de justicia”  “Rey de paz”, el versículo tres es revelador al má-ximo, el seis lo confirma y en el versículo siete (v 7), Pablo da una clave: definitivamente el Hijo de Dios, es por mucho e infinito margen, mayor al patriarca Abraham.

 

Más adelante explica el apóstol, siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo de Dios; la infalibilidad del nuevo pacto en Jesús.

 

Le ruego en el amor de nuestro Señor Jesucristo, que lea cuidadosamente y escudriñe el pasaje que recién leímos, de Hebreos capítulo siete (7) y vera que maravillosa revelación tendrá al respecto; pero léalo detenidamente, meditando en quien lo escribió, bajo la unción e inspiración del Espíritu Santo de Dios.

 

Se aconseja a consultar varias versiones bíblicas, además de un diccionario bíblico. Pero ante todo pídale dirección a Dios en oración.

 

Melquisedec: en el idioma hebreo; sedec significa: mi Rey; así como relata el pasaje de la carta a Hebreos 7: 2.

 

Recordamos al gran siervo de Dios, al gran rey de Israel; el rey David. Este majestuoso rey que aproximadamente mil años antes del nacimiento de Cristo Jesús; conquistó la bella y eterna Jerusalén;  por lo tanto fue heredero de la dinastía de reyes-sacerdotes ini ciada por Melquisedec; llegando ese linaje hasta José, el padre terrenal y adoptivo de Jesús; porque de Jesús en adelante, El inicia la nueva dinastía de reyes sacerdotes; siendo estos nosotros ya según el orden Supremo y eternal por medio de la Gracia en Cristo Jesús.  Estamos en la actualidad siendo gobernados, transformados en súbditos del REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES; CRISTO JESUS.

 

Una dinastía nacida entonces en el Rey Melquisedec; el Hijo del Dios Altísimo; que según se detalla en el primer libro de la Torah de Moisés; es decir en Génesis, en el cual se concluye que el sacerdocio de Melquisedec es viviente o eterno; por lo tanto es el mis mo Hijo de Dios, en ese entonces en la persona de Melquisedec; ese sacerdocio es superior al de Aarón y el Levítico; también a los sucesores de estos; porque estos eran y son mortales.

 

Las Santas Escrituras lo mencionan muy poco, casi nada; la tradición Judía lo menciona mucho más viendo en los textos del Qumrán, específicamente un texto fragmentario de la cueva 11 de Qumrán; este considera a Melquisedec como el Juez nombrado Divina-mente en la corte celestial e interpreta el Salmo 7: 7- 17 “Te rodeará congregación de pueblos, y sobre ella vuélvete a sentar en alto. Jehová juzgará a los pueblos; júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia, y conforme a mi integridad. Fenezca ahora la mal-dad de los inicuos, más establece Tú al justo; porque el Dios justo prueba la mente y el corazón. Mi escudo está en Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. Si no se arrepiente, El afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado. Asimismo ha preparado armas de muerte, y ah labrado saetas ardientes. He aquí, el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño. Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; y en el hoyo que hizo caerá. Su ini-quidad caerá sobre su cabeza, y su agravio caerá sobre su propia coronilla. Alabaré a Jehová conforme a su justicia, y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo.”

 

Al Salmo 82 especialmente el versículo 8 “Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú heredarás todas las naciones.” Como decíamos estos textos antiquísimos del pueblo Hebreo, interpretan a estos Salmos, en este sentido, o sea que el nombramiento Divino de Melquisedec fue para juzgar con justicia celestial al pecador y el error cometido, además de ordenar como ya vimos, a reyes y sacerdotes, para siempre según el “orden de Melquisedec”.

 

Alabamos y Glorificamos a nuestro único y SOBERANO JEHOVA DIOS; soberano, si porque si a El le plació enviar a su amado y Santo Hijo, nuestro Señor y Salvador las ve ces que El dispuso, a través de los tiempos, fue obra de su total y absoluta soberanía. Pe ro lo importante que en una de sus venidas anteriores, para nosotros vino a cumplir la abolición del pecado a través de su muerte en la cruz, dándonos  vida eterna por Gracia (es repetitiva esta frase, pero así debe ser para su Gloria por siempre).  Por lo tanto, el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, no es esotérico ni asceta; en él, Jesucristo es proclamado como: Profeta, Señor, Salvador, Sacerdote y Rey davídico, en una sola persona.

 

Nuestro redentor Cristo Jesús, murió violentamente (a diferencia de cualquier otro líder de sectas y religiones),y RESUCITÓ (una grandísima diferencia con cualquier profeta o líder de los religiosos o sectarios), por eso, no nos cansaremos de escribir y vociferar que RESUCITÓ DE UNA MANERA SALVÍFICA, ¡¡Gloria a DIOS por la eternidad!!

 

En esto estamos claros: que según el orden de Melquisedec, se inició la dinastía de re-yes y sacerdotes; hasta José, el padre no biológico de Jesús el niño;  desde el inicio de su ministerio, Cristo Jesús, ya de treinta (30) años, es decir somos nosotros los que creemos en Jesús como el Cristo (que significa Mesías), enviado por Jehová Dios, para sal-vación de nuestras almas e inmortales en espíritu para vida eterna juntamente con El.

 

En resumen; la salvación de nuestras almas, por medio de la Divina gracia en la Persona de Jesucristo, es el núcleo del porque del existir y persistir en estos caminos; tanto del que lee y lo comparte con el que, en su muy limitada sabiduría, lo escribe.

 

Hemos visto bíblicamente, de este plan de Dios, al enviar a su Hijo Unigénito, en la per-sona de Melquisedec, para juzgar y regir, sobre el patriarca Abraham, sobre los reyes y sacerdotes; a causa de la maldad de los hombres, en aquellos tiempos, por circunstancias ya estudiadas, pero no con esto decirle que Melquisedec, es otro Hijo de Dios, NO, en lo más explicativo que pueda ser; no.  Jesús, como le conocemos a partir de su naci-miento, hace más de dos mil años; siempre ha existido juntamente con Dios Padre, El, (Jesús, como) Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, un Dios Trino y Unipersonal. La Biblia dice al respecto: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este (Jesús, su Hijo) era en el principio con Dios.” Juan 1: 1 y 2. 

 

Dios es Espíritu, pero El quiso siempre tener un contacto directo con la raza humana; entonces se hizo carne por medio de su Hijo, es decir el real verbo de Dios, lo que es lo mismo a la acción de Dios, “Y aquel Verbo (el Hijo Unigénito de Dios), fue hecho car-ne  (nació un niño, el cual fue Jesús), y habitó entre nosotros y vimos su Gloria, Gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” Juan 1: 14.

 

Este verbo de Dios, ahora en la Persona de Jesús, el Mesías, fue y es el Cordero de Dios que vino a abolir la ley y sus 613 preceptos, en la Torah; entre estos, dejó sin efecto los sacrificios de animales, especialmente corderitos, para pedir perdón por los pecados del pueblo ante Jehová Dios; siendo enviado una vez más por los suyos, los de su pueblo, pero: “A los suyo vino, y los suyos no le recibieron.” Juan 1: 11. Enviado a nosotros los gentiles también: “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y co partícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” Efesios 3: 6 al acep- tarlo como Salvador, decimos juntamente con Juan el bautista: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” Juan 1: 29b.  Transformándonos por lo tanto en bienaventurados (tres veces dichosos) porque: “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su Nombre (definitivamente yo, espero que Usted también, diga un gran Amén, si es así), les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados  de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” Juan 1: 12, 13.

 

Creo, entonces que en la gran misericordia de Dios (Shadday), El dio en sus oportuni-dades a su Hijo Unigénito a conocer a nuestra semejanza, a nosotros su obra maestra de la creación, para regir, redimir, interceder y auxiliarnos ante Dios.  “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.” San Juan 1: 18.

 

El Hijo de Dios, siempre fue, llegando entonces a la conclusión de que: JESUCRISTO ES EL MISMO DE AYER, DE HOY Y POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. A EL (Dios el Padre, Jesucristo el Hijo y al Espíritu Santo de Dios) SEA TODA LA GLORIA EL IMPERIO, EL HONOR Y LA HONRA, POR SIEMPRE Y PARA SIEMPRE.

 

Otra de las Teofanías, es decir: una manifestación de Dios en forma visible y corpórea que es lo mismo a Dios hecho carne, por medio de su Hijo, fue aquel Varón de Dios con el cual luchó (podría traducirse como cuando uno ora y pide el cumplimiento de las pro-mesas escritas Divinamente), Jacob; según dice de ello así: “Así quedó Jacob solo; y lu- chó con él un Varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el Varón vio que no podía con él, toco en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: no te dejaré, si no me bendices (un claro paralelismo con la cita del Nuevo Testamento de que debe-mos pedir y se nos dará, tocar y se nos abrirá; esto en oración a Dios en el Nombre de Jesús, exclusivamente), Y el Varón le dijo: ¿cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.  Y el Varón le dijo: no se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel (lo cual significa: el que lucha juntamente con Dios, o Dios lucha), porque has luchado con Dios y con los hom-bres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: declárame ahora tu nombre. Y el Varón respondió: ¿porqué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel (esto significa: el Rostro de Dios) porque dijo: vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.” Génesis 32: 24-30.

 

Deduzco por revelación y resultado del escudriñar, que este varón que lucho juntamente con Jacob, era el Hijo de Dios, echo carne, ya que en primer lugar, Jacob sabía a quien le pedía bendición, luchando desesperadamente por conseguirla, segundo; este varón de Dios, tenía la suprema autoridad para cambiar su nombre, de Jacob a Israel, que a la pos tre vendría a ser el pueblo Santo de Dios, la gloriosa Nación de Israel y tercero, dice Ja-cob o sea Israel “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.” (v. 30b), sabemos clara-mente que Jehová Dios el Padre, es Espíritu y nadie le ha visto, “A Dios nadie le vio ja-más; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre , El le ha dado a conocer.” Juan 1: l8.  Jesús es el Verbo de Dios, la acción de Dios; “Y aquel Verbo fue hecho carne y ha-bitó entre nosotros…” Juan 1: 14 a. más claro aun se explica en 1ª. Juan 5: 6 y 7 “Este es Jesucristo, que vino mediante agua (su bautismo) y Sangre (el sacrificio en la cruz), no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre (Dios), el Verbo (Jesús) y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.”

 

 En el libro del Apocalipsis, se habla claramente de Jesús cuando el venga una vez más a esta tierra con poder y gloria, detallando específicamente su Nombre, sobre todo nom- bre “Estaba vestido de una ropa teñida en sangre (la sangre que nos limpia de todo peca-do), y su Nombre es: EL VERBO DE DIOS.” Apocalipsis 19: 13.

 

El Ángel de Jehová.

 

Doscientas trece (213) veces aparece escrito en el Antiguo Testamento en hebreo la palabra “mal’ak”, cincuenta y ocho (58) componen la expresión “mal’ak YHVH” que sig-nifica “Ángel de Jehová” y otras once (11) “mal’ak ha-elohim” que es “Ángel de Dios”

 

Quiero hacer un paréntesis y explicar lo referente al Santo Nombre de Dios, que a causa de lo extremadamente Sacro, según las citas de Éxodo 20: 7 “No tomarás el Nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.” Además de Levítico 24: 11-16 “Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Moisés. Y la madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan. Y lo pusieron en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra de Jehová. Y Jehová hablo a Moisés, diciendo:  saca al blasfemo fuera del   campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y ape- dréelo toda la congregación.  Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad. Y el que blasfemare el Nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre que muera.”  El Nombre, si su Santo Nombre y por eso dispu- sieron dar un nombre in-pronunciable con las consonantes YHVH, más adelante con las vocales incorporadas en el texto masorético de una palabra distinta, para referirse a Dios  con el especifico nombre de Adonai (mi Amo, mi Señor, del verbo Adown), se formo el Santo nombre con el que le conocemos ahora y el cual es el nombre propio de nuestro Dios; así: YAVHE en Hebreo, lo que es Jehová en nuestro idioma, o por ejemplo; en in-glés: Yahova.

 

Es por eso la frase, entre otras de “mal’ak YHVH”, el Ángel de Jehová; el cual es un ser Supremo que actuó como mensajero o representante de Jehová, como la relación entre un Soberano (Dios, el Padre) y su Embajador (el Hijo de Dios) “Respondió el Ángel de Jehová y dijo: oh Jehová de los ejércitos ¿hasta cuando no tendrás piedad de Jerusalén, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años? Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consoladoras, al Ángel que hablaba con migo. Y me dijo el ángel que hablaba con migo: clama diciendo: así a dicho Jehová de los ejércitos: celé con gran celo a Jerusalén y a Sión y estoy muy airado contra las na-ciones que están reposadas; porque cuando yo estaba enojado un poco, ellos agravaron el mal. Por tanto así a dicho Jehová: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa, dice Jehová de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalén. Clama aun, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: aún rebosarán mis ciu-dades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén.” Zacarías 1: 12-17  Estaba el Hijo de Dios, denominado como el Ángel de Jehová (mal’ak YHVH), intercediendo; siendo mensajero y embajador de Dios, a su pueblo, por medio del profeta Zacarías.

 

Leemos que intercede en esta comisión el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús, como le conocemos y adoramos, por la maldad y pecados de las naciones, cuando leemos en el verso 15 “Y estoy muy airado contra las naciones que están reposadas; porque cuando Yo estaba enojado un poco, ellos agravaron el mal” después muestra su misericordia;  prometiendo bendiciones hacia estas gentes. Leemos que cuando el Ángel de Jehová le pedía clemencia, por los setenta años que estas ciudades habían estado siendo castigadas por Dios, Él buen Padre, accede con muy buenas palabras, pues nada menos que su Amado Hijo se lo pedía.

 

En otros casos este Divino Ángel de Dios, se identifica como Dios mismo, por favor lea en este momento en su Biblia en el libro de Jueces capítulo 13 (léalo ahora para no per-der el hilo de este asunto), donde se narra el nacimiento de Sansón y verá que aquel Án-gel de Dios que se les apareció a los padres de Sansón, era Dios hecho carne, por medio de su Amado Hijo Unigénito (recuerde que Dios el Padre es espíritu y a El nadie le ha visto jamás). Que  revelación se nos da en los versículos 17 y 18 de este capítulo 13 de Jueces: “Entonces dijo Manoa al Ángel de Jehová: ¿cuál es tu Nombre, para que cuando se cumpla tu palabra, te honremos? Y el Ángel de Jehová respondió: ¿porqué preguntas por mi Nombre que es Admirable?” En primer lugar, Manoa, el padre de Sansón, actuó igual a Jacob, preguntando por su Nombre, y en segunda razón; el Varón de Dios, le di-ce que su Nombre es Admirable, un apelativo que se aplica a Jesucristo, Señor nuestro.

 

 La certeza del padre de Sansón era tal, porque así lo ha de haber percibido y discernido que había visto a Dios ya que exclamó: “Y dijo Manoa a su mujer: ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto” Verso 22. sin saber que, si, por supuesto habían visto a Dios, en la persona de su Santo Hijo, el Verbo de Dios.

 

En el libro de Jueces, se nos narra que:  “El Ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: no invalidaré jamás mi pacto con vosotros, con tal que vosotros  no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; más vosotros no habéis atendido mi voz. ¿porqué habéis hecho esto? Por tanto Yo también digo: no los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero. Cuando el Ángel de Jehová habló estas palabras a to-dos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró. Y llamaron el nombre de aquel lu-gar Boaquim (que significa: los que lloran) y ofrecieron allí sacrificios a Jehová.” 2:1-5  

 

Concluimos que estas son verdaderas Teofanías, que como ya dije; es una manifestación de Dios en forma visible y corpórea.

 

Esta debe ser definitivamente una de las Personas de la Divina Trinidad, sabemos que Jehová Dios es Espíritu y por ende su Santo Espíritu también, entonces su forma visible y corpórea a nuestra semejanza, es la Divina Persona de su amado Hijo, el cual conocemos como El Mesías, Jesús de Nazareth.

 

En esos espacios de tiempos y edades, con diferentes nombres, pero el mismo, el Glorioso, el Consejero, ADMIRABLE, Príncipe de paz, Rey de Justicia, Señor de señores, Rey de reyes, Emanuel, Bendito por los siglos de los siglos, por toda la eternidad.  La única esperanza para la humanidad perdida en delitos y pecados, siendo Jesús el único Camino al Padre; “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mi. Si me conocéis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.” Juan 14: 6 y 7.

 

Estas manifestaciones de Dios, en la Persona de su Hijo, podrían haber sido muchas más, en la antigüedad, pero como ya dijimos hasta la saciedad, que la más importante pa ra nosotros en esta etapa de vida de la humanidad, fue en la venida del Mesías prometido por Dios, a través de uno de los grandes profetas, Isaías, cuando dijo: “Porque un Ni-ño nos es nacido, Hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro, y se llamará su nombre ADMIRABLE, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” Isaías 9: 6 complementándose con: “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en El crea, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mun do sea salvo por El.  El que en El cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el Nombre del Unigénito Hijo de Dios.” Juan 3: 16- 18.

 

Sueño en que nuestros Países latinoamericanos sean para Jesús y crean verdaderamente en El, al igual que los samaritanos, que con verle y oírle creyeron, a pesar de ser de un pueblo no amistoso con los judíos; “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad cre-yeron en El por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a El y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de El, y decían a la mujer: ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste (Jesús) es el Salvador del mundo, el Cristo.” San Juan 4: 39-42 , soñémoslo y oremos al respecto.

 

Un solo intercesor entre Dios y nosotros la raza humana, Jesús es nuestro verdadero y siempre fue desde la eternidad (que no tiene principio ni fin), el único mediador.

 

El Nuevo Pacto, entre Dios y nosotros fue hecho con la mediación e intercesión del buen Pastor, y el buen pastor, su vida da por sus ovejas (Salmo 23), entonces veamos lo que San Pablo nos dice al respecto: “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.

 

Los otros sacerdotes (que ordenó el mismo Hijo de Dios en aquellos lejanos tiempos), llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; más éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede tam-bién salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.  “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: Santo, inocente, sin man-cha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; porque no tiene ne-cesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para sien-pre, ofreciéndose así mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hom- bres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo (o sea a Jesús), hecho perfecto para siempre.” Hebreos 7: 22-28

 

El mensaje anterior de Pablo, se explica por si solo, referente al trabajo en la ley, que ejerció el Hijo del Dios Altísimo, bajo el nombre de Melquisedec; y el posterior a la ley, o sea bajo el Nuevo Pacto; el mismo Hijo de Dios, ahora y para siempre en la persona de Cristo Jesús, Señor nuestro.

 

Ante la necedad y corrupción de la raza humana, era primordial la salvación de esta, a causa de la perdición en que se encuentra nuestra decadente condición.

 

Hacemos eco al lamento una vez más del siervo de Dios, el rey David, cuando exclama, bajo la inspiración del Espíritu Santo: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. ¿no tienen discernimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo, como si comiesen pan, y a Jehová no invocan?  Ellos temblaron de espanto; porque Dios está con la generación de los justos.  Del consejo del pobre se han burlado, pero Jehová es su esperanza. ¡Oh, que de Sión saliera la salvación de Israel! Cuando Jehová hiciere volver a los cautivos de su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel.” Salmo 14.

 

Vio David la descomposición del hombre en su ser hacía su Creador, y se lamenta; pero al final de este pasaje, vemos un anhelo maravilloso, que se hace una metamorfosis ha-cia una profecía, porque al igual que se anuncia en  Isaías 9: 6, sabemos del Nuevo pacto en la persona de Jesús, porque apremiaba, la salvación a nuestra alma pecaminosa, ya que “cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno.” Salmo 53: 3. Por todos los que nos desviamos y perdimos a causa de obedecer al engañador, fue la culminación del plan perfecto de la salvación; dice Jesús cuando le habla a Zaqueo, diciéndonoslo también (porque su Palabra perma-nece para siempre), “Jesús le dijo: hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino ha buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 19: 9 y 10

 

Necesitábamos, de un mediador entre Dios y nosotros, la raza humana, en todos los tiem pos y edades que han transcurrido desde la caída en pecado de Caín, siendo Dios en lo infinito de su misericordia, piadoso con todos y dando las oportunidades respectivas, por medio del único mediador, su Amado Hijo; “Porque hay un solo Dios, y un solo me diador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre.” 1ª. Timoteo 2: 5, estas oportuni-dades de ayuda y salvación, acompañaron a la humanidad a lo largo de su existencia pe-caminosa.

 

Estamos sabidos de que tenemos un único Dios Soberano; el dispuso ser fiel y multi- misericordioso con todos, dándole la autoridad a su Amado Hijo, para trasladarse a esta tierra a mediar por nosotros; “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5: 8 aún más: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Romanos 8: 34

 

Jesucristo, el mediador; es cuando se acentúa la Santidad de Dios y nuestra pecaminosidad, para: expiación de pecados, propiciación de la Justicia Divina y reconciliación de las dos partes.

 

Esto expresado en los sagrados escritos del Nuevo Testamento, ampliamente. En los evangelios sinópticos; a nuestro Bendito intercesor y mediador, se le presenta como el Hijo de Dios por excelencia, único revelador del Padre;  “Todas las cosas me fueron en-tregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” Mateo 11: 27

 

La Divina Persona del Hijo de Dios, es desde la eternidad y por la infinita eternidad, par tiendo de esa premisa, El ha venido siendo el mediador aun desde la eternidad; “Todas las cosas por El fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Juan 1: 3. 

 

Su eterna mediación se ha manifestado inclusive en la creación de todas las cosas y a causa de eso; nosotros también: “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de El.” 1ª. Corintios 8: 6 ; esto se hizo especialmente en el establecimiento del Nuevo Pacto; “pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.” Hebreos 8: 6; viniendo esto a confirmar que su sacrificio expiatorio es más que perfecto, expresado en la inspiración del Espíritu Santo de Dios, al apóstol Pablo, cuando nos narra lo siguiente: “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia Sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.  Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuan-o más la SANGRE DE CRISTO, el cual MEDIANTE EL ESPIRITU ETERNO se ofre ció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?. Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que in-terviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.” Hebreos 9: 11-15

 

Humanidad la nuestra; necesitados de un intercesor, mediador y salvador; ¡¡Gloria a Dios por siempre!!  ¡¡gracias Yavhé, por Yeshua!!

 

 

 

CAPITULO  V

 

DE LA INOCENCIA A LA INDECENCIA.  

 

Según el diccionario ilustrado de la Biblia; pecado es: aquel poder misterioso primordial que se opone por naturaleza a Dios y a su buena voluntad para con el hombre, así como también todo el conjunto de manifestaciones y consecuencias trágicas del mismo.

 

Falta, iniquidad, rebelión, injusticia y deuda, son palabras muy relacionadas con la expresión; pecado; estas acciones, muy relacionadas con nosotros los adultos especial-mente. Aunque acotamos que a cierta edad, ya la maldad en alguna escala se deja vis-lumbrar en niños que oscilan edades tempranas, como de 7 años en adelante.

 

Al nacer como ya estudiamos; estamos exentos de culpa; los bebes son remansos de la más pura inocencia, diría y por observación, amén de conocimiento de todos; que hasta cierta edad, quizá y básicamente en la forma de ser educados y ejemplificados estos pe-queñines, por sus padres, tutores u otros; son seres libres de todo pecado o acciones co-bijadas al amparo del resultante de las palabras sinónimas del pecado, (arriba descritas).

 

Que iniquidad podría tener un bebe recién nacido y crecido por ejemplo hasta los seis o siete años, según el caso; si esta acción: iniquidad es en su raíz, una voz hebrea cuyo matiz particular tiende a subrayar la culpabilidad personal. Esta, la iniquidad siempre es producto de una determinación voluntaria tomada en contra de las normas que ha esta-blecido el Divino Creador, Dios nuestro; por lo cual implica culpabilidad, además de ser el oculto y tenebroso poder espiritual activamente opuesto a Dios.

 

Lo mismo aplica a las otras palabras, ya escritas, relacionadas a pecado; las cuales no encajan con los actos personales de un recién nacido, bebe y niño de pequeña edad.

 

A lo anteriormente escrito; cabe preguntarnos entonces ¿Por qué nos hemos transfor-mado, de inocentes a proscritos pecadores, a partir del avance en nuestra edad?

 

Nos transformamos en pecadorizos; lo cual es lo dicho de una persona: propensa a pe-car.

 

Pasamos de ser angelicales a; en muchísimos casos, en seres malignos; seguidores y actores de toda una amplia gama de pecados……… ¿cómo y por qué?

 

El como……………

 

Definitivamente el ejemplo a nuestra conducta a seguir estaría en el hogar, pero¿ que de aquellos que no poseen o habitan, ni en una casa, mucho menos tendrían un hogar?

 

El papel de ser padres, especialmente es fundamental; ya que somos los responsables ante Dios por la forma de cuidar, educar y un sinfín de tareas que serán importantes en el crecimiento de nuestros pequeños hijos.  Su desarrollo emocional, por ejemplo; el vínculo consiste en una unión psicológica entre el niño y la persona que le cuida.

 

Esa bellísima etapa de la infancia, que es el período que comprende desde el momento del nacimiento, hasta los doce (12) años.  En este período va a depender la evolución posterior en el infante, el cual absorbe como una esponja (¡¡y vaya que literalmente!!) todo lo que a su alrededor se produce, bajo cualquier circunstancia.

 

Estamos concientes que de ellos es el Reino de los cielos, ya lo dijo Jesús: “Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: dejad a los niños venir a mi, y no se lo impidáis; porque de los tales es el Reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.” Mateo 19: 13-15  A causa de esa declaración, son seres muy es-peciales y dignos de todo cuidado, siendo sus derechos inviolables (se sobre entiende, pero en la practica, se deja mucho que desear, de parte de los adultos).

 

El infante va conociendo el pecado, en nosotros los adultos; cuando les mandamos a de-cir al que toca a nuestra puerta, que nos estamos bañando, que no estamos en casa, que aquí, que allá; en resumen una cátedra de mentiras y falsedades, que llevan a este peque ño niño a aprender de una manera fácil y directa.  Esto como un pequeño ejemplo, pero ve, entiende y aprende, cuando en casa, se comete un amplio surtido de pecados, desde la desobediencia hasta los grandes insultos entre papá y mamá por culpa del adulterio de alguno de los dos, pasando por la amplia autopista llena de pecados y maldad, dejando corta la lista de Gálatas capítulo cinco.

 

Científicamente se han hecho experimentos a niños de tres a cuatro años, en donde se les lleva a un cuarto con una mesita y una pequeña silla, la cual ponen al infante sentado dándole la espalda a lo que cubren en la pequeña mesa, en la cual esta un tren y su pista que el adulto tutor, destapa y enciende el trencito, diciéndole al niño que saldrá por un minuto a hacer una actividad, pero le deja dicho seriamente que no voltee a ver lo que está a sus espaldas.  Se ve por una cámara oculta que al pasar unos segundos, el niño voltea, guiado por el ruido del juguete y movido por la curiosidad, a pesar de la adver-tencia del adulto tutor.  Cuando el experimentador regresa, le pregunta si ha visto lo que estaba en la mesa, a lo que el niño (y fue el 100% de los participantes dijeron), le respon de que no, que no voltio, que no supo que había allí. Posteriormente se les pregunta  con todo el cuidado respectivo; ¿Por qué mintieron?.  Sorprendentemente,las respuestas fue- ron; porque la presión ejercida a causa de la prohibición del adulto, los condujo a mentir y engañar, para no meterse en problemas.

 

Esta es una teoría científica muy valedera, pero lo que nos lleva a cuidarnos de los cas-tigos de los adultos es precisamente: primero; el ejemplo que vimos (de pequeños) en el mismo patrón de defensa en los adultos para evitar (supuestamente) problemas, al negar nuestra presencia, por ejemplo, cuando llegan a requerir algún pago o compromiso. Se-gundo; la presión que ejercemos sobre los más débiles, so pena de castigos.

 

La mentira es el resultante de la desobediencia y esta (la mentira) es la matriz de un sin fin de pecados.  No permitamos que nuestros pequeños aprendan y se desarrollen en el nefasto pecado de la mentira, porque con solo leer lo que Jesús dijo: “vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuan-do habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” Evangelio  de San Juan 8: 44, al saber de esto; no quisiéramos jamás tener semejante padre, absolu-tamente no.

 

Nuestra es la culpa de la metamorfosis que se realiza en los pequeños seres que están bajo nuestra responsabilidad, una tarea que se va distorsionando con el mal ejemplo que reciben de nuestra parte.

 

  Existen muchos padres que tratan de dar el mejor de los ejemplos; con amor, disciplina y buenas costumbres, amén de ser fieles seguidores de las sanas doctrinas que dejó nues tro Señor Jesucristo, asistiendo regularmente a su Iglesia, en excelente mancuerna con sus obligaciones como trabajadores y ciudadanos.  Pero dejando que las malas influen- cias que se enseñan en nuestros aparatos de televisión, tomen el nefasto control.

 

Es angustiante estar esclavizados a la televisión por cable, al Internet, a la televisión pu-blica, la música, el cine, revistas y demás tentáculos de las telecomunicaciones; que son una de las más letales armas del enemigo de nuestras almas.

 

Sin una supervisión, quizá  a nivel militar (la cual sería tediosa y hasta penada por las leyes en nuestros Países), los medios modernos citados en el párrafo anterior, se convier ten en el malévolo guía y maestro de nuestros pequeños, que al ir creciendo bajo estas influencias, son una de las causas principales de pasar de la inocencia a la indecencia y posterior decadencia de nuestra humanidad.

 

No quisiera entrar en detalle, pero estas armas son letales para despertar la maldad en la preciada inocencia de los niños.

 

La amplia opción pecaminosa, que ha estado  progresado a nuestro alcance para desa-rrollar el pecado en nuestro ser, es un paralelismo; del árbol del bien y del mal, que se narra en el Génesis.  Está en nuestro ser la conducta pecaminosa; ya lo decía el profeta Jeremías: “¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que de-jase a mi pueblo, y de ellos me apartase!  Porque todos ellos son adúlteros, congrega-ción de prevaricadores. Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se fortalecieron para la verdad en la tierra; porque de mal en mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová. Guárdese cada uno de su compañero, y en ningún hermano tenga confianza; porque todo hermano engaña con falacia, y todo hermano anda calum-niando. Y cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad; acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de actuar perversamente. Su morada esta en medio del engaño; por muy engañadores no quisieron conocerme, dice Jehová.”  Jeremías 9: 2-6.

 

Esta pecaminosa conducta que reprochaba el Dios Eterno a su pueblo, por medio del pro feta; es la conducta que lamentablemente enseñamos a nuestros niños y es por eso que al saber y ver, entienden y al tener la ley, se revelan haciendo lo prohibido; ya que ven y entienden que los adultos hacen lo que las reglas limitan.

 

A esto se refería el apóstol Pablo en el pasaje de Romanos 7, específicamente en el ver-so siete.

 

Los niños menores de doce años, ven y entienden nuestra manera de proceder en todos los aspectos. Por consecuencia; cuando se establecen leyes y reglas, las romperán, para incursionar en lo que está prohibido, descodificando lo codificado.

 

Para paliar en parte, esta problemática futura en nuestros pequeños hijos, debemos apli-car el consejo del sabio Salomón cuando cita en Proverbios 22: 6 “Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él.” No es mi intención ser pesimista al respecto de que estas criaturas, de cualquier manera pecarán, aunque nos esforcemos al máximo, dando el mejor de los ejemplos en casa, les demos la mejor educación en el más excelente de los colegios, buena instrucción bíblica y permanente asistencia a la iglesia, etc. etc.  Seré muy realista al respecto; lamentablemente; tarde o temprano y a cierta edad, ellos pecarán. Porque todos hemos pecado: “si decimos que no tenemos pe- cado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso, y su Palabra no está en nosotros.” 1ª. Juan 1: 8-10

 

Es por eso que como dice Salomón (inspirado por el Espíritu Santo de Dios), que ins-truyendo a los niños, en su crecimiento, haremos de ellos,( con el apoyo fundamental de Dios), unas personas mucho mejores, pero aclaro; no exentas de pecado alguno. Claro estarán advertidos y no caerán en graves pecados.  Pero como dice la cita de 1ª. de Juan, que no podemos jactarnos de no haber pecado nunca, ya que estaríamos cometiendo pe- cado de mentira y lo más grave; dice el apóstol Juan: “le hacemos a El mentiroso”.

 

Estamos analizando el como nos transformamos de infantes inocentes y libres de peca-do a adolescentes, jóvenes y adultos; llenos de culpa, iniquidad, maldad, malicia, ofen-sa, prevaricación, errores y transgresión, que son sinónimos del pecado.

 

Nuestro Señor Jesucristo tubo mucho contacto con pequeños niños, porque sabía que en su corta edad, ellos son puros e inocentes de pecado, los ponía como ejemplo de pureza y mayordomía: “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: de cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.  Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mi me recibe.”  San Mateo 18: 1-5  ¡Que enseñanza! Vemos, en primer lugar el recono-cimiento del Maestro, de la libertad de todo pecado en estos pequeñitos, en segundo lu-gar la sentencia de que si no buscamos con humildad (como los niños lo hacen cuando se han portado mal; piden disculpas y perdón a sus padres), y venimos suplicando el  perdón a nuestro Dios, por medio de Jesús, no seremos salvos, para vida eterna y en tercer punto, la importancia de cuidar e instruir a nuestros hijos en el camino del bien.

 

Puntualiza Jesús la importancia de los niños en su reino celestial (Marcos 10:14; Lucas 18: 16; Marcos 10: 15 y Lucas l8: 17)

 

El apóstol Pablo nos dice juntamente con la gente de Corinto: “Hermanos, no seáis ni-ños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pen sar.” 1ª. Corintios 14: 20;  aquí el apóstol nos ilustra la manera como piensan los niños; sin maldad, sin malicia, sin pecado.  Pero el asunto que nos ocupa es “el como” van de-jando esa maravillosa manera de pensar, ( “sino sed niños en la malicia” ) ya he escrito hasta el cansancio, que conforme van creciendo, se van dando cuenta del mundo lleno de pecado y maldad que los rodea.  Entonces “el como” se respondería así: en primer termino, van siguiendo el patrón de ejemplos y enseñanza que se les imparten en el ho-gar principalmente y luego en sus aulas, juntamente con lo que ven y asimilan tanto de sus maestros y amigos. Segundo; los medios de telecomunicación son parte fundamen-tal en su crecimiento, tercero; el reto de romper las reglas, conduce a cometer errores y cuarto; a causa de los tres puntos anteriores, la maldad imperante en este mundo, es el camino ancho que lleva al pecado y sus consecuencias.

 

A la luz de los cuatro puntos anteriormente escritos, analicemos “el porqué”

 

Primero: porque si nos portamos mal en casa y fuera de ella; llevando una serie de erro-res y problemas, que descorchamos delante de nuestros hijos, ellos, al igual que noso-tros  sin desearlo lo beberemos juntamente (hablo en sentido figurado) y terminaremos impartiendoles la más absoluta de las enseñanzas del mal, que al ir creciendo la pondrán en practica e inmiscuirán a sus hermanitos y amigos; también estos amigos, traerán lo que aprendieron en sus respectivos hogares.

 

Segundo: cuando me refiero a los medios de telecomunicación, estoy hablando de la televisión, la radio, la Internet, el cine, revistas, etcétera y etcétera. Todos sabemos la clase de enseñanza maligna que se difunde por estos medios.

 

  La infaltable televisión es tan letal como un arma de fuego, si no la sabemos utilizar. Por ejemplo para los niños; un 85% de las caricaturas, son malignas en sus escenas y personajes. También ya muchas pequeñas niñas juntamente con sus hermanas mayores y madres, se sientan a ver y mal aprender lo que muestran en las nefastas telenovelas (para mayor detalle y advertencia; le ruego adquirir mis pequeños libros: Las telarañas del mal y El mundo atrayente de las telenovelas).

 

  De la gran telaraña mundial (www), que es la Internet, ni hablar;  pues casi todos sabe- mos que aparte de la buena enseñanza, también existe una gama infinita de maldad; ya no digamos de las letras de la  música secular; satánica y de doble sentido, acompañada de videos pornográficos y a todas luces blasfemos, no solo a Dios, sino también a los padres de familia, la patria y sociedad; que decir del Cine y su violencia ilimitada (al igual que en la televisión), pornografía, falsos héroes además de maldad al por mayor.

 

 Los videojuegos son peligrosos en gran medida, ya que les dejan a ellos; los dominan-tes del juego disponer a su antojo el dominio y culminación del mismo; los cuales en su gran mayoría son juegos violentos y satánicos.  Proveámosles los educativos o deporti-vos que son los de menor peligro.  Lo mismo en los medios escritos.

 

Todo esto es material de enseñanza para los niños, siendo uno de los porque se van trans formando de inocentes a indecentes. Me duele en el corazón expresarlo, porque soy pa- dre de cinco bellas niñas y un hermoso niño. Juntamente con Erika Roxana, quien es mi esposa, hemos tratado de guiarlos por los caminos del Santo Evangelio de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús, siguiendo sus enseñanzas e instrucciones, para aplicarlas tanto en nuestras vidas, como en las de ellos; que son el tesoro más preciado para nosotros.

 

  Viendo y comprendiendo los cambios en sus vidas a causa del crecimiento de cada uno de ellos, nos damos cuenta de que aún sabiendo del ejemplo que les damos, tratando al máximo que sea bueno, aunado a que han nacido bajo la gracia de nuestro buen Dios, estando en todo tiempo en la Iglesia, ya que Erika, mi esposa, es pastora de la misma y este servidor suyo tiene el ministerio de escribir temas amparados en la infalible Palabra de Dios, mi Biblia, su Biblia. Entonces hemos unido esfuerzos para llevarlos por buenos caminos, con la ayuda indispensable del Dios altísimo.  A pesar de esto, nos hemos ido enfrentando a vicisitudes en el crecimiento de ellos, al saber de sus inquietudes al respec to de lo lícito e ilícito. Al igual que ustedes como padres de familia (si es el caso), trata- mos con ferviente oración, de guiarlos y educarlos para el bien, para que estén siempre en  los caminos de Dios haciendo viva la Palabra que dice: “a los que creemos en El que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras trans-gresiones, y resucitado para nuestra justificación.” Romanos 4: 24b y 25.

 

Tercero: hacer lo prohibido, es lo más apetecible, dicen algunos. Estar al límite entre el bien y el mal es un riesgo que no quisiéramos volver a experimentar, pero eso a los que ya hemos vivido las consecuencias del pecado.

 

  Nuestros hijos no saben de ese peligro, si no se les advierte al respecto, irían a conde- nación, siendo nuestro deber  advertirles a tiempo y fuera de tiempo, haciéndoles la  salvedad de que: “porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6: 23. Se les advierte, pero la mayoría, hace caso omiso.

 

¿Por qué lo hacen?  ¿Por qué desobedecen al respecto? Porque rompiendo las reglas van adquiriendo independencia.  Seamos sinceros, nosotros también lo hicimos, claro nos fue muy mal y en muchos casos, varias personas ya no lo pueden compartir, porque lo han pagado con su vida; estando ahora seguramente en condenación eterna.

 

Y en cuarto lugar: la suma de los anteriores puntos descritos; están bajo el abrigo de la cuarta razón, ya lo vimos con anterioridad en el capítulo uno de este libro; el enemigo de nuestras almas es el que gobierna este mundo; lo que es la causa principal de tanto mal.

 

A causa de esto se nos enseña que: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es Templo del Espí-ritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Por-que habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” 1ª. Corintios 6: 19 y 20 . Se nos indica que somos morada del Espíritu Santo de Dios, por lo tanto este mundo, esta siendo (por un periodo) gobernado por satanás y sus huestes; por haber sido expulsado del reino de los cielos, a causa de su soberbia y rebelión, viniendo a corromper a la humanidad, hasta nuestros días. Si no me expliqué bien, pues recuerde que Jesús dijo que: “si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes Yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.” Juan 15: 18, 19.

 

Es contradictorio, diremos; lo es, afirmo; porque nacemos inocentes y libres de pecado, a pesar de traer en nuestro ADN las huellas de nuestros pecadores ancestros, crecemos y abrimos nuestros ojos, viendo los caminos del bien y del mal, en un principio la mayoría nos hemos inclinado al camino ancho, en algunos casos nos arrepentimos, volviendo a la senda del bien, siendo lavados y limpiados por la preciosa Sangre de Jesús, estando bajo la Gracia de Dios, pecamos aún.  ¡¡¡Que real vienen a ser las Santas Escrituras!!! Especialmente las que ya hemos leído del capítulo 51 del Salmo de David y la queja del apóstol Pablo en Romanos 7: 7-25  Pero a esto tenemos un consuelo supremo cuando leemos nuevamente: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Romanos 8: 34

 

Los que somos padres de familia, debemos tener como una de las oraciones más impor-tantes ante Dios; a nuestros hijos, debiendo pedir en el nombre de Jesús, como ser bue-nos guías, padres y amigos.

 

Ellos son nuestras joyas más valiosas, para expresarlo mejor, son las joyas de Jesús, no habiendo dinero en el mundo que pueda cubrir lo que en verdad valen; son invaluables, son almas puras, sin rencor, sin envidia, sin malicia.  No conocen el rencor. ¿Quien de nosotros no recuerda alguna escena en que se disgustan por segundos o quizá pocos minutos con sus amiguitos o hermanitos y al instante ya están jugando como si nada hubiese sucedido?. Nos dan una cátedra de pureza y lealtad, nos explican con amplia experiencia lo que le fue inspirado por Dios al apóstol Pablo en la primera carta a los de Corinto, capítulo trece; ¡la preeminencia del amor! Ellos al igual que Dios, ¡son amor!

 

Entrevistando a Melody Joice Esther (nuestra hijita de cuatro años)

 

Es una dulzura de criatura, es sentir el amor de Dios a nuestro lado (al igual que nues-tros demás hijos), a su corta edad, y por estar involucrada desde el momento de su con-cepción (al igual que sus hermanitos), en los caminos de Dios, a asimilado junto a Yuli, Mary, Jenny, José y Yaqui,(diminutivos de sus primeros nombres, excepto el de José) lo  aprendido de las Sagradas Escrituras.

 

Hemos visto su inocencia la misma que han tenido sus hermanitos y todos los pequeños niños menores de siete años del mundo entero, algunos la han ido perdiendo a menor e-dad, muchas veces a causa de una sociedad mediática en extremo. No quiero decir con esto que los niños mayores de siete u ocho años, son todos unos malévolos y grandes pe cadores; en absoluto.  Es tarea de recordar lo anotado con anterioridad y meditar.

 

Le he preguntado, específicamente a Joice, para este libro:  ¿Cuándo te peleas o se sa-can la lengua con tu hermanita yaqui (10 años), o alguna de tus amiguitas, que pasa? ¿Por qué al momentito ya están jugando? A lo que ella respondió sin vacilar: no sé, se me olvida, porque peleamos.  Joicy, - le interrogo en seguida, tratando de disimular el nudo que se me ha hecho en la garganta y desviando la mirada, para que no vea una po- sible lágrima asomar – cuando tu mami o yo te decimos que hagas alguna cosa y no ha- ces caso, ¿Qué sentís? –es porque estoy cansada- respondió con una tierna sonrisa, y can sada ¿de qué? insisto, - ¡¡¡cansada de jugar!!!-me dice y sale corriendo a seguir su tarea preferida, o sea jugar y jugar.

 

La llamé para seguir con la “entrevista”;  ¿sabes que es bueno y malo? –si, el bueno es Diosito y Jesús, el malo es el driablo- lo ha aprendido en su escuela dominical, en casa y como es una niña tan inteligente (porque a los tres años, ya sabia los números del uno al veinte y en inglés hasta el diez, las vocales, habladas y escritas, además de muchas co-sas que ha su edad, no son comunes que sepan), sabe y comprende el bien.

 

 Joicy, a veces oís hablar a algunas personas, ya sea en la tele o en la calle, que se gritan y dicen cosas, ¿Qué piensas de eso? – pues, que eso es malo, que se peleen y en la tele, el otro día dos señores se pegaron en la cara y uno lloró porque le dolió y tenía sangre, y yo no hago eso…¿papito puedo ir a jugar un ratito, con la yaqui y Marlen, siiiii, porfis?

Prorrumpió después de su  respuesta; le pedí que le haría solo dos preguntas más; dan-dome cuenta qué tan difícil es ingresar a su mundo, lleno de amor puro, de juegos, de libertad, sin estrés, sin presiones, donde abunda la sinceridad, la paciencia, la inocencia, la ternura, el amor, si mucho más amor, donde no se conoce el rencor, mucho menos el odio, la competencia, la rivalidad, la insolencia.  Un mundo perfecto, en el cual todos estuvimos por algunos años; un mundo sano dentro de este mundo enfermo.

 

No estoy capacitado profesionalmente para formularle preguntas de este tipo a niños me nores, mucho menos a mayores de siete años, que van dejando su pureza. 

 

Varias son las noticias, de niños mayores a los diez años que han abusado sexualmente de sus compañeritas de clase, que han asesinado a sus amiguitos, por tomar el arma que tan irresponsablemente muchos papas tienen en casa, hemos visto y oído historias de niños y niñas, que son usados voluntaria o forzosamente, en pandillas.  Si no cree esto, le pido que asista a una hemeroteca; revise los diarios (periódicos), verá que no miento.

 

Amado hermano en Cristo Jesús, le pido que ore, en comunión con sus hijos, no importa la edad que estos tengan; oren, lean la Biblia y dialogue con ellos, que le cuenten sus problemas y circunstancias de la vida, hablen, enseñen el bien, déjense guiar por el Es-píritu Santo de Dios.  Madre, se la mujer virtuosa que elogia Salomón en sus sabios pro-verbios; que haga eco en ti la cita de Proverbios 31: 21, 28 y 29 “No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: muchas mujeres hi- cieron el bien; más tu sobrepasas a todas.”

 

Preparémonos de la mejor manera para afrontar los cambios que irán suscitándose en el crecimiento de nuestros pequeñitos, instruyámoslos en los caminos del Señor Jesús.

 

Sabemos del peligro que esta por todos lados, pero confiados en que Dios nos dio la vic-toria en Jesús. Espiritualmente pongamos en la frente y corazón de nuestros hijos, lo que le fue dicho a Josué: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas.” Josué 1: 9.

 

Desearía con toda la fuerza de mí ser, cambiar el titulo de este capítulo cinco, que aquí concluimos, el cual fue el más difícil de escribir.

 

 

CAPITULO   VI

 

AMIGOS DEL MUNDO……………………. ENEMIGOS DE DIOS.

 

 

El apóstol Santiago, era directo y fuerte en sus apreciaciones, siempre bajo la unción e inspiración del Espíritu Santo; nos exhorta fervientemente con relación a la amistad con el mundo.  Tendremos muy claro que al referirnos al “mundo” estaremos hablando de sus habitantes y no del planeta y sus componentes.

 

Santiago nos dice: ¿De donde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿no es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vues-tros deleites.  ¡Oh almas adulteras! ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” Capítulo 4 de Santiago, versos del 1 al 4.

 

Como hijos legítimos de Dios, estamos rodeados en este mundo, de gente llena de pe-cado, los cuales nos aborrecen, porque los que en ellos habitan espiritualmente, que son los demonios, les hacen saber que son los adversarios del que mora en nosotros, o sea el Glorioso Espíritu Santo de Dios.  “Hermanos míos (nos dice Juan en su primera carta, 3: 13), no os extrañéis si el mundo os aborrece.”  No es de extrañar esto, ya que debemos ser distintos a los que no conocen el ser llamados auténticos hijos de Dios; “Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a El.” 1ª. Juan 3: 1

 

Debiéramos ser muy distintos a los inconversos, dando el ejemplo y buen testimonio, ya que: “vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.  Así alumbre vuestra luz delante de los hom-bres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5: 14-16. Sabemos que la luz mayor para este mundo es Jesús “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinie-blas, sino que tendrá la luz de la vida.” Juan 8: 12. Además de su luz, nos da su paz, una paz muy distinta a la que ofrecen los del mundo, ya lo dijo Jesús: “La paz os dejo, mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14: 27.  Su luz y su paz, que deben morar en nosotros, para mostrarle al mundo y sus gentes, que somos diferentes, habiendo también lugar para ellos.

 

  Diferentes, porque su Santo Espíritu está en nuestro ser, porque Jesús lo prometió:  “Más el consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os en- señará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho.” Juan 14: 26 este Glo- rioso Espíritu Santo nos redarguye recordándonos las enseñanzas que dejó el Señor en su Santo Evangelio a todo el mundo.

 

Es por eso que debemos predicar sus enseñanzas y dar las buenas nuevas de salvación, a los pecadores, amando al pecador, pero odiando el pecado que cometen. Jesús vino por nosotros los pecadores: “Id, pues, y aprended lo que significa: misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” Mateo 9: 13

 

Vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo; nuestro amado Jesús, hablo de nosotros ante Dios nuestro Padre eterno, al saber que le pertenecíamos desde entonces y por la eternidad: “porque las palabras que me diste, le he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que Tu me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; más estos están en el mundo, y Yo voy a ti. Padre Santo, a los que me has dado, guárda-los en tu Nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, Yo los guardaba en tu Nombre; a los que me diste, Yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en si mismos. Yo les he dado tu Palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampo co Yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.” Aparte del tema que nos ocupa, que oración más impresionante la del Santo Hijo de Dios, a su Padre, nuestro Padre, y pedía por sus discípulos, pero también por nosotros, (lea por favor los siguientes versos, del 20 al 26) ¡Bendito Jesús, por tu intercesión, te glorificamos y amamos por siempre!

 

Entendemos entonces que vivimos en este mundo, pero debemos estar apartados de los placeres y deleites carnales, que cometen los habitantes incrédulos e inconversos, que para ellos, gozar de sus riquezas, de sus fiestas, sodomías, rebeldías y una amplia gama de pecados, es estar en su “paraíso”, pero el fin de esto será la condenación eterna, si no vienen al arrepentimiento.

 

En las mismas circunstancias estábamos muchos de nosotros, muertos en vida, muertos en nuestros delitos y pecados: “Y El os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corrien te de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora ope-ra en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensa-mientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Efesios 2: 1-3

 

Un punto focal  ya descifrado y estudiado en este libro; “y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”  dice antes: “conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”.  Ese príncipe que era satán en el reino de los cielos, junto a una tercera parte de los ángeles, caídos en deso-bediencia, que mutaron, haciéndose humanos(algunos, no todos), esa mezcla que inició Caín en la tierra de Nod, dio como resultado: “por naturaleza, hijos de ira, lo mismo que los demás” “hijos de desobediencia”  PERO: “pero Dios, que es rico en misericordia (Jehová-Shadday), por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con El nos resucitó, y a si mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.” Efesios 2: 4-6

 

Esto nos da paso a la nueva vida en Cristo Jesús; le pido que por favor lea y medite en Efesios 4: 17-32 y el 5: 1-20

 

Retomando la cita de Santiago 4: 4, la amistad con los pecadores que habitan este mun-do, es ofensa y se constituye en enemistad contra Dios. Pero si nosotros conociendo el verdadero camino a Dios, sabiendo claramente de sus advertencias con respecto al pecado; todavía lo practicamos aunque a menor escala, pero lo hacemos; venimos a ser entonces, doblemente enemigos ante Dios.  Palabras duras pero reales.  Meditemos esto en silencio, con corazón y mente abiertos y dolidos, por tan ingrata actitud la nuestra de estar en delitos y pecados; apartémonos del error, viniendo al oportuno socorro.

 

Esta amistad con el mundo es fatal, nos conducirá, si no nos apartamos; al castigo que está preparado para los que desobedecen; “y los que hicieron lo bueno, saldrán a resu-rrección de vida; más lo que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” Juan 5: 29 “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” Mateo 10: 28

 

No esperemos ser condenados eternamente, por amar y ser condescendientes con los pecadores.

 

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Más el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” Juan 3: 19-21

 

la amistad y condescendencia con los pecadores nos traerá mayor condenación, ya que sabemos la verdad más no la damos a conocer; hacemos lo opuesto. Estamos actuando igual que ellos lo hacen en las tinieblas.

 

Es extremadamente lamentable la amistad con el mundo y el consentir a pecadores continuos en las iglesias, no se les exhorta a dejar el pecado, pues claro como el 90% de los mensajes que da el pastor, cuando esta en su iglesia, porque gran parte del tiempo se la pasa en conferencias internacionales (me refiero a las mega iglesias), son mensajes de la doctrina de la prosperidad, acompañada de fábulas y conferencias para el desarrollo personal y de las finanzas.  Bien le dice Pablo a Timoteo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, re- prende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y aparatarán de la verdad el oído y se volverán a las fabu las.” 2ª. Timoteo 4: 1-4    

 

Como pastores, deben velar por el rebaño, no consentir al pecador que llega a sus gran-des templos acomodándose apaciblemente, sin escuchar que lo que sigue cometiendo es una gran ofensa ante Dios; dice en Proverbios 1: 10 “Hijo mío, si los pecadores te qui-sieren engañar, no consientas.”  Dice el diccionario, que consentir es: permitir algo o condescender en que se haga.  Estos líderes al no predicar contra el pecado, las perso-nas que asisten, no sabrán debidamente que lo que mal practican, es un error, porque como solo se les instruye en “ensanchar su territorio”, en como hacer dinero, en como confiar en si mismos, en amarse a uno mismo; una cátedra de narcisismo y egocentris-mo puro.

 

  Este pastor tele evangelista y conferencista (muy bien asalariado por cierto), se convierte en un consentidor, de lo cual explica el diccionario lo siguiente: que con-siente que se haga algo, DEBIENDO y PUDIENDO estorbarlo. “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” Santiago 4:17

 

Encontramos entonces otra de las razones del “por qué pecamos aún los Cristianos Evan gelicos”.

 

La amistad con el mundo, nos convierte en pecadores y enemigos de Dios. Asistimos a una Iglesia Evangélica, nos arrepentimos y aceptamos al Cristo como nuestro Señor y Salvador, nos instruimos, bajamos a las aguas bautismales, tenemos privilegios, etc. etc. pero seguimos en pecado, aunque supongamos y digamos que no son pecados enormes como los que cometíamos con anterioridad, pero delante de Dios, siguen siendo pecados

 

En estas grandes Iglesias principalmente nunca o casi nunca, escuchamos mensajes con relación a la condenación que hay aun más para los que conocemos la verdad y la paga del pecado, so pena de las graves consecuencias del mismo aquí en la tierra y posterior castigo eterno en el infierno y lago de fuego; pues no se oyen mensajes de advertencia.

 

En extremo muchos se acomodarán y se dejaran llevar por los espejismos de las doctri-nas y fábulas de hombres; “El que dijere al malo: justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones.” Proverbios 24: 24  más “El que reprende al hombre, ha-llará después mayor gracia que el que lisonjea con su lengua.” Proverbios 28: 23.

 

La amistad con el mundo y el consentimiento de esto, son dos grandes motivos que nos llevan a seguir pecando, estando en los caminos del Santo Evangelio; “No améis al mun do, ni las cosas que están en el mundo.  Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.  Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” 1ª. Juan 2: 15-17

 

Enemistémonos con los pecados que cometen los mundanos, oremos a nuestro Dios, en Nombre de Cristo Jesús, para la redención de estas almas perdidas, que aunque muchos tienen riquezas, si no vienen al arrepentimiento perderán su vida; “Pues ¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a si mismo?.” Lucas 9: 25 pero el que aprovecha la gracia arrepintiéndose, le será dicho: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”  1ª. Juan 2: 17

 

Tenemos el mandamiento de poner nuestra mirada en Dios, no en confiar en lo de esta tierra; “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” Colosenses 3: 2

Por lo mismo, la mundanalidad es peligrosa; ya que: destruye la influencia de la verdad; Mateo 13: 22; engaña a los hombres llevándolos a un estado de seguridad falsa, Mateo 24: 38, 39; hace que los afanes terrenales dominen nuestra vida, 1ª. Corintios 7: 32, 33; crea un molde de las actividades y planes de la vida, Efesios 2: 2; la mundanalidad con- duce a la apostasía, 2ª. Timoteo 4: 10

 

Cuando Jesús enseñó la oración maestra del Padre Nuestro, resaltó la importancia de pedir que su Reino, viniera a nosotros en la Divina Persona del Espíritu Santo de Dios;  que su voluntad sea echa aquí en esta tierra, como también en el cielo, o sea la sobera-nia de Dios que se manifieste en esta tierra; la cual habitamos temporalmente, como se hace en su Reino Celestial, al cual iremos por la eternidad, dejando atrás este mundo cruel, pero amamos su venida, en el rapto y posterior Segunda Venida, para reinar con Jesús por mil años en esta tierra, ya purificada y administrada por nuestro Señor, para luego ir por la eternidad a los cielos.

 

 Para entender estas doctrinas del Rapto (Isaías 17: 11; Isaías 18: 5; 1ª. Tesalonicenses 1: 10 y 1ª. Tesalonicenses 4:  16 y 17) de la Segunda Venida (Mateo 26: 64; Mateo 24; 36; Lucas 21: 27; Hechos 1: 11; Hechos 9: 28; Apocalipsis 22: 20, entre muchas citas más) también del Milenio, El día del Juicio y la Eternidad (cien por ciento bíblicas), le ruego buscar en su librería cristiana preferida, los temas específicos al respecto y como una recomendación; al excelente escritor holandés Wim Malgo.

 

Cierro este capítulo, recordando su título, que la amistad con el mundo, nos constituye en enemigos de Dios; apartémonos del pecado que cometen los del mundo; sigamos los mandamientos y enseñanzas que instituyo Jesucristo y seremos lo que nos ofrece en la cita de Juan 15: 14, 15  “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre (sigue diciendo Jesús), os las he dado a conocer.”

 

 

 

CAPITULO   VII

 

EN LAS REDES DEL PECADO

 

 

Un elevadísimo porcentaje de personas cristianas, hemos llegado a salirnos del redil, al acto que muy comúnmente se le denomina, entre otros: “caídos”, “apartados”, “venidos al mundo”  “está en el mundial”, etc. etc.  Diría que la expresión más adecuada sería la de “apartados”, ya que sabiendo y entendiendo del plan perfecto, se han alejado del gru-po de redimidos por la preciosa Sangre Redentora del Cristo, el Hijo de Dios.

 

Pero en las Escrituras se les denomina con mayor frecuencia con la expresión: caídos.

 

A lo cual Pablo nos amonesta:  “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” 1ª. Corintios 10: 12.

 

Estar en esta situación, es incomoda para nuestro espíritu; ya que para la débil carne, es en cierta medida, confortable.  Se desarrolla una constante lucha entre el espíritu y la car ne.

 

Más Dios en su infinita misericordia, espera y socorre al caído; para manifestar su justi-cia a sus hijos venidos a desgracia;  “Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” Salmo 55: 22

 

El apóstol Pedro da en sus cartas excelentes enseñanzas, mandamientos y razones para los convertidos, ayudándonos a entender premisas para estar apartados de las circunstan cias que nos hacen caer en pecado, apartándonos del redil de las ovejas del Señor Jesús.

 

Su primera epístola es ejemplar en todo sentido, dándonos una esperanza viva; capítulo 1: 3-12, luego nos lleva a comprender su súplica por un llamamiento a una vida santa; esto del verso trece del mismo capítulo uno, al tres del capítulo dos.  En este capítulo 2 nos induce a acercarnos a la Piedra viva, la cual es Jesucristo, dándonos juntamente con Él la misma distinción para edificación de casa y templo espiritual; versos 4 al 7.

 

Siguiendo este maravilloso recorrido por los escritos de Pedro, nos deja maravillados con la inspiración del Espíritu Santo de Dios cuando nos dice: “Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, NACION SANTA, pueblo adquirido por Dios, para que anun ciés las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” Versos 9, 10.

 

A los firmes en la fe y a los apartados o caídos en las trampas del pecado, nos insta: “A-mados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos car nales que batallan contra el alma……. Siga leyendo en su Biblia, por favor desde este versículo once, hasta el veinticinco, en los cuales se nos pide que vivamos como siervos de Dios.

 

En el capítulo 3, se nos enseñan los deberes conyugales y por ende; una buena concien-cia.  Como ser buenos administradores de la gracia de Dios y el padecimiento como cris tianos, en el capítulo cuatro, en el cinco; le pide a los pastores y ancianos de nuestras iglesias que apacienten la grey de Dios, la cual somos nosotros  muy especialmente nos manda:  “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de voso- tros.  Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mis mos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.”  Esto para nuestros hermanos caídos o apartados momentáneamente de la Gracia, ya que nos alienta en el verso 10, así:  “Más el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione  afirme, fortalezca y establezca.”

 

Sabremos valorar que los llamados a ser hijos de Dios, aunque nos apartemos por perio-dos de tiempo, divagando por el mundo pecaminoso; seremos traídos de una u otra for-ma, al la senda derecha, porque fuimos comprados con invaluable precio: LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO JESUS.

 

Recordemos la preciosa parábola de la oveja perdida (Mateo 18: 10-14) donde el mismo Jesús expresa lo valioso que somos ante su Santo Padre, nuestro Santo Padre; Jehová Dios.  Cuan importante es aquel que se a apartado o caído para Dios; “Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.  Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeños.” Mateo 18: 13, 14.  Es por eso que se dice que al enemigo de nuestras almas, le duele sobremanera por un apartado o caído que es encontrado y se reconcilia ante su Salvador.

 

Jesucristo nos da una revelación importante, con respecto a nuestros hermanos, que han sucumbido; diciéndonos que los ángeles designados a cada uno de los convertidos, al este caer en constante pecado, le son quitados, siendo estos ángeles transportados a los cielos, esperando el momento de la reconciliación con su Salvador del caído para retor-nar a él, a cumplir sus obligaciones.  Este misterio lo revela el Maestro de sus propias Palabras en los versículos 10 y 11: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos peque-ños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el Rostro de mi Padre que está en los cielos.  Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había per-dido.”

 

Nuestro amado Jesús nos dio entre muchas maravillosas enseñanzas; la parábola del hi-jo pródigo, le pido la lea en Lucas 15, juntamente con las parábolas de la oveja perdida y la moneda extraviada, son exactos paralelismos con aquellos que han caído en cons-tante pecado y “vuelto a su vómito”, pero amados por su Creador y Salvador, hasta ser encontrados, haciendo viva la Palabra que se da en el verso 10 de dicho capítulo, del evangelista Lucas;  “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”

 

Este espacio en este humilde libro, se había pensado escribir, en establecer las causas mayores que nos hacen caer de la gracia Salvadora, pero fui movido a misericordia, en-tonces me limito a exponer muy brevemente de la infinita misericordia de Dios. Si Ud.  caro y apreciable lector, se encuentra en esta circunstancia, alejado (momentáneamente) de los caminos de Dios, le pido encarecidamente que vuelva al redil; nadie lo acusa, ni aún el Salvador del Mundo, nuestro dulce Jesús, muchísimo menos nosotros, propensos a pecar.  Recuerde: Dios le ama tanto que dio en sacrificio a su Amado Hijo, por la sal-vación de su alma.  Por piedad y en el Nombre de Jesús, le pido que lea este bello capí-tulo quince de Lucas.  Dios le espera, porque le ama, Usted ya conoce del Santo Evan-gelio de nuestro Jesús,  está a la orilla del camino nada más, así que busque una verda-dera Iglesia evangélica, reconcíliese con su Señor y Salvador.

 

  Pero si le es imposible ir a una Iglesia y desea hacerlo ahora mismo, le pido que bus-que la última página de este libro. Lea en voz alta, la oración que se detalla allí, ha-ciendo posible para Usted lo que se nos dice en 1ª. de Juan 1: 9 y 2: 1.

 

 ¡¡¡Bienvenido nuevamente a los caminos de Dios, en Cristo Jesús, Señor nuestro. Que el Santo Espíritu de Dios le guíe a toda verdad!!!

 

“Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor (Jesús) es para salvación” 2ª. Pe-dro 3: 15 a.

 

 

 

 

 

 

CAPITULO   VIII

 

 UNA RESEÑA DE LA ESPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS ROMANOS Y A NOSOTROS TAMBIÉN. (A causa de las razones que nos hacen pecadores).

 

 

Carta dirigida a todos los cristianos en Roma, la capital del imperio reinante de aquel en tonces, en donde abundaba el pecado y al igual que hoy en día; Roma, es la capital reli-giosa popular (la Babilonia actual) desde donde se alcahuetea el pecado al mundo.

 

Esta carta paulina esta dirigida también a nosotros los gentiles en todas partes del mun- do;   “a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.” Romanos 1: 7

 

El apóstol nos apremia a probar que el género humano está rodeado de dos montañas in-penetrables e insuperables (a la capacidad humana), a saber:

 

1.- La montaña de la culpabilidad universal.

 

Vimos en el primer capítulo de este trabajo un par de razones del porqué de nuestra pe-caminosa manera de proceder, a causa de esto: “pues habiendo, conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razona-mientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corrup-tible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles (idolatría). Por lo cual también Dios los en-tregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshon-raron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es Bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza (lesbianismo), y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres (homosexualis-mo), y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío (sida). Y como ellos no aprobaron tener en cuanta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para ha-cer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversi-dades, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y maligni-dades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de maldades, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se com-placen con los que las practican.” Romanos 1: 21-32

 

Una clara reseña del pecado que habitó nuestro ser antes de conocer la salvación. Aún latente, aunque a menor escala; en varios de los ya convertidos, lo que nos transforma en personas inexcusables ante Dios, propensos al justo juicio del Altísimo (leer los capi-tulos 2 y 3).

 

La justicia es por medio de la fe, esta fe que nos lleva aceptar la muerte sacrificial y sal-vifica del Hijo de Dios, en la persona de Jesús de Nazareth, pudiendo penetrar alcanzan-do la sima de esta montaña, para descender al valle de la salvación de nuestras almas.

 

“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo JUSTIFICA-DOS GRATUITAMENTE por su GRACIA, mediante la REDENCION que es en CRIS TO JESUS, a quien Dios puso como PROPICIACION por medio de la FE en su SAN-GRE, para manifestar su JUSTICIA, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su JUSTICIA, a fin de que EL sea el JUSTO, y el que JUSTIFICA al que es de la FE de JESUS.” Romanos 3: 23-26. Además de que: “Justificados, pues, por la FE, tenemos PAZ para con DIOS por MEDIO de nuestro SEÑOR JESUCRISTO.” Romanos 5: 1

 

2.- La montaña de las tendencias pecaminosas y las concupiscencias carnales.

 

Romanos 7: 15-24 detalla Pablo a profundidad nuestra tendencia al pecado. Teniendo regeneración y viviendo en el Espíritu de Dios, venimos a buscar perdón y refugio en la roca, que es Cristo Jesús.  “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, envian-do a su HIJO en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos con-forme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8: 1-4 una clave en esto: “que no andamos conforme a la carne” el pecado asoma, se hace manifiesto, esta presto; pero lo ideal es “sino conforme al Espíritu” es decir estar en una constante búsqueda de lo espi-ritual, de lo Divino, por medio de la oración principalmente; la cual es el arma más pode rosa que posee el Cristiano; comunicarse directamente con Dios en el Poderoso Nombre de Cristo Jesús; para no caer fácilmente en los tentáculos del enemigo de nuestras almas debiendo nosotros velar en oración, siendo sabios, prudentes y sobrios; “sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscan-do a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimien tos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.” 1ª. Pedro 5: 8, 9

 

Dios, por medio de Jesús, nos da el impulso para poder escalar, conquistando en su No-mbre la cumbre, instalando la bandera de victoria (Jehová-Nissi), descendiendo con prontitud, llegando al valle de la vida eterna, por su misericordia (Jehová-Shadday) in-finita.  Pasando así la segunda montaña.

 

Esto nos conduce a la elección soberana de Dios, hacia nosotros su creación: “ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: en Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la prome sa es esta: por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no solo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aun nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por obras sino por el que llama), se le dijo: el mayor servirá al menor. Como está escrito: a Jacob amé, más a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y me compadeceré del que Yo me compadezca. Así que no de-pende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Es critura dice a Faraón: para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y pa ra que mi Nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera de quien quiere, tiene mi-sericordia, y al que quiere endurecer, endurece.” Romanos 9: 7-18

 

Este argumento que el apóstol nos presenta, nos muestra la terrible situación del hombre natural, señalándonos las puertas de la misericordia Divina provistas para el plan de sal-vación , por las cuales todos los hombres y mujeres pueden escapar de los juicios inmi-nentes de Dios, si lo deseamos (libre albedrío).

 

Nos enteramos por revelación, de varias razones por las cuales pecamos abundantemen-te en nuestra vida pasada sin Jesucristo y, porqué aún pecamos; levemente, quizá.

 

En esta carta a los Cristianos que vivían en la capital del imperio de aquellos tiempos y paradójicamente, la misma capital del imperio religioso mundial de ahora (la Babilonia actual), Pablo nos comparte la necesidad del plan de Salvación (ya consumado por Je-sús en la cruz del calvario y su gloriosa resurrección, cuando Pablo predicaba esto), una necesidad imperante, fundamentada en la culpabilidad universal de la humanidad: del mundo gentil (nosotros, es decir Usted y yo), Romanos (Ro.) 1: 18-2: 16 al igual que a los Judíos, bajo la condenación de la ley, Ro. 2: 17 al 3: 20 y la conclusión de que todos, absolutamente todos somos pecadores; según Ro. 3: 23

 

El método de la Salvación: justificación o justicia por fe, Ro. 3: 21-28 la cual es univer-sal; Ro. 3: 29, 30 y honra la ley: Ro. 3: 31

 

Esta justificación se ilustra en la vida del patriarca Abraham, estudiemos el capítulo 4, separado de la obras, versos 1-6; separado de las ordenanzas, vv. 9-12 y separado de la ley, según versos del 13 al 25.

 

Sus bendiciones, son hechas eficaces a través del amor de Dios, que es manifestado en el sacrificio salvífico de la muerte de Jesucristo, Ro. 5: 1-11, en este mismo capítulo 5 del verso 12 al 21, se explica el alcance del don gratuito (gracia) de la salvación; leyen-do con gratitud especial el verso quince: “pero el don no fue como la transgresión; por-que si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más pa-ra los muchos (nosotros; es decir Usted, los suyos, los míos y yo), la gracia y el don de Dios por la gracia de un Hombre, JESUCRISTO.”

 

Este don gratuito, que es nuestra salvación por gracia; debería desanimarnos a continuar pecando, crucificando nuestra naturaleza corrupta para resucitar a una vida de servicio santo a Dios; según se nos enseña en el capítulo 6: 1-23 en especial lo que narra el verso cuatro: “Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”  Dejando de pecar, porque hemos enterrado al viejo hombre y resucitado juntamente con Jesús para vida nueva; esto lo confirma el versículo 5 y el 6: “Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de su muerte, así tam-bién lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

 

A esto añado que debiéramos morir, al aceptar al salvador como Señor de nuestra vida, vivir en espíritu (se habla en sentido espiritual, por supuesto mientras vivamos en este mundo), como Pablo lo explica, bajo la unción explícita del Espíritu Santo de Jehová Dios: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” Ro. 6: 11-14

 

En el capítulo ocho se describe la culminación del plan Divino de la salvación. El cual es el llevar una nueva vida espiritual y física, de libertad y justicia por medio de la fe en Cristo Jesús.  Este precioso capítulo ocho de la carta a nosotros hoy en día y a nuestros hermanos en la fe, que vivían en la capital del imperio romano del siglo I, es uno de los más grandes capítulos espirituales de las Santas Escrituras, en el cual al Espíritu Santo de Dios, se le menciona en diez y nueve veces. Ese glorioso Espíritu Santo es quien nos induce a creer, el que nos provee de fe.¡Esa Zarza ardiendo en mi ser, que no se consu-me, que no causa daño; es el vivir en el Espíritu como se nos instruye constantemente!

 

El capítulo nueve, nos lleva a un amplio recorrido de los planes de Dios para los Judíos, su Santo pueblo y el misterio de la soberanía Divina.

 

En Romanos 10: del 4 al 18; se da una explicación del plan de salvación por fe y la pro-mulgación de su aplicación universal. Resonando en nuestros corazones las impresionan tes palabras de: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu co razón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree pa-ra justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Porque todo aquel que invocare el Nombre del Señor (Jesucristo, el Hijo del Dios Altísimo), será salvo.” Romanos 10: 9 10, 13 respectivamente.

 

Hemos pecado sobreabundantemente y hemos sido salvos por Jesús, lo sabemos y da-mos infinitas honras, glorias y gracias a Dios, por ello; sabiendo que somos los gentiles de los que habla el apóstol, de la siguiente manera, rogando a Dios que nos de entendi-miento para escudriñar estas revelaciones del capítulo once de Romanos, versículos 13 al 24: “Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, hon-ro mi ministerio, por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos. Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? Si las primicias son santas, tam-bién lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algu-nas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tu a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incre-dulidad fueron desgajadas, pero tu por la fe estas en pie. No te ensoberbezcas, sino teme porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pe-ro la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tu también serás cortado. Y aún ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por natura leza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿Cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? “

 

Estoy convencido que el Espíritu Santo de Dios nos dio el entendimiento necesario para discernir el maravilloso pasaje anterior.

 

Esta gloriosa salvación para nosotros los gentiles, que en el griego original, es: ta ethne que significa: naciones o pueblos. Con este término se designa a los pueblos no Judíos, o sea nosotros, según Romanos 3: 9  “¿Qué, pues? ¿somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a Judíos y gentiles, que todos están bajo pecado.” 

 

En la antigüedad los judíos llegaron a despreciar en altísimo grado a los gentiles, en vez de serles fuente de bendición, según el plan divino de Dios: “Bendeciré a los que te ben-dijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12: 3, además de Isaías 49: 6 “dice: poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; tam-bién te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tie-rra.” 

 

Ya en el nuevo Pacto y posterior a la muerte, resurrección y ascensión de nuestro bendi-to Señor y Salvador el Cristo, Jesús; a la Iglesia primitiva, le fue sumamente difícil com prender que las buenas nuevas (evangelio) de Jesucristo habrían de ser patrimonio tam-bién a los gentiles de todas las épocas (incluyéndonos gloriosamente).  Esto nos obliga a volver a los Hechos de los apóstoles, leyéndolo vivamente: “Y les dijo: vosotros sabéis cuán abominable es para un varón Judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero para mi me ha mostrado Dios que ha ningún hombre llame común o inmundo.”  “Entonces Pedro abriendo la boca, dijo: en verdad comprendo que Dios no hace acepción de perso-nas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.”  “Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en len-guas, y que magnificaban a Dios.”  Hechos 10: 28, 34,35, 45 y 46 respectivamente.  Pe-ro muy gratificante el verso 36 que dice: “Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anun ciando el evangelio de la paz por medio de JESUCRISTO; ESTE ES SEÑOR DE TO-DOS.”

 

Al apóstol Pablo, por su amplio y fructífero ministerio por Asía y Europa (y por medio de sus trece cartas, inclusive a todos nosotros alrededor de la tierra), se le denominó: el apóstol de los gentiles. Fue así como la iglesia primitiva, llegó a comprender que el plan de Dios era para todos;  ¡¡lejos de ser excluidos de las promesas, fuimos incluidos glorio samente!!  Aleluya, Gloria a Dios por siempre.

 

Así como la carta a los Romanos, es paulista, así también los es la carta a los efesios, en tonces añadiré a esta la cita relativa a lo que nos concierne a nosotros los gentiles, por ser de importancia suprema, dándonos esperanza eterna lo citado por “el apóstol de los gentiles” que dice: “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he es-crito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el miste-rio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: QUE LOS GENTILES SON COHEREDEROS Y MIEMBROS DEL MISMO CUERPO, Y COPARTICIPES DE LA PROMESA EN CRISTO JESUS POR MEDIO DEL EVAN-GELIO, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mi, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las ines crutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio es condido desde los siglos en Dios, que creo todas las cosas; para que la multiforme sabi-duria de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potes tades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en El.” Efesios 3: 1-12

 

El Nuevo Testamento de nuestra Biblia da carácter total y universal al evangelio. El a-póstol predica que Jesucristo ha derribado el muro o pared intermedia de separación en-tre judíos y gentiles: “Porque EL es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derri-bando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en si mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” Efesios 2: 14-16  y, por tanto, ya no hay “circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.” Colosenses 3: 11

 

Somos los gentiles, salvos de nuestros delitos y pecados, por Jesús, Señor nuestro, so-mos los gentiles que aún libramos fuertes batallas contra la tentación del pecado, pero tenemos en Dios, un faro de salvación, en este cruento mar y clamamos por ayuda de-sesperadamente, rogamos a Jesús, que interceda ante el Padre por nuestro pronto so-corro “Y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escri-to: por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, y cantaré a tu Nombre. Y otra vez dice: alegraos, gentiles, con su pueblo (Guatemala, El Salvador, Honduras, México, Nicara-gua, y todas las naciones). Y otra vez: alabad al Señor todos los gentiles, y magnificadle todos los pueblos. Y otra vez dice Isaías: estará la raíz de Isaí, y el que se levantará (Je-sús) a regir los gentiles; los gentiles esperarán en Él.  Y el Dios de esperanza os llene de todos gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” Romanos 15: 9-13

 

Con certeza podremos decir: acuso recibo de la carta del apóstol Pablo a nuestros herma nos Cristianos en todo el mundo, incluyéndome por supuesto.

 

Por lo tanto, debemos estar firmes y no pecar, a pesar de nuestra naturaleza pecaminosa, aferrémonos a Aquel que sufrió y murió por nuestras culpas, el Mesías, Cristo Jesús.

 

Deberes.

 

De como llevar a la práctica nuestros deberes como cristianos se nos exhorta en los ca-pítulos del doce al diez y seis.  El sorprendente capítulo doce nos presenta uno de los mejores resúmenes de los deberes cristianos encontrados en las Escrituras.

 

Nuestro Señor Jesucristo dejó la más clara, pura, maravillosa e inigualable enseñanza de nuestro comportamiento posterior a la aceptación y reconocimiento de su sacrificio. En-tre muchos otros de sus siervos, delegó principalmente al apóstol Pablo expresarnos por inspiración del Espíritu Santo de Dios, en sus trece cartas paulinas; los deberes para los cristianos de su época y gentiles, que somos nosotros, en todos los tiempos y lugares de este mundo.

 

 

 

CAPITULO   IX

 

PALABRAS   DE   DIOS

 

 

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. “ 1ª. Juan 1: 9;  “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Je-sucristo el justo. Y El es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” 1ª. Juan 2: 1, 2;  “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Y nosotros hemos visto y testifica mos que el Padre a enviado al Hijo, el Salvador del Mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.” 1ª. Juan 4: 10, 14, 15.

 

  “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.” 3ª. Juan 11; “Porque la palabra de la cruz es locu-ra a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” 1ª. Corintios 1: 18

 

“De modo que si alguno está en Cristo Jesús, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2ª. Corintios 5: 17;  “Con Cristo estoy juntamente cru cificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mi; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mi.” Gálatas 2: 20

 

 

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda ben-dición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él, antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor a-biéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según la riqueza de su gracia.” Efesios 1: 3-7;  “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Efesios 2: 8

 

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4: 32;  “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; orando en todo tiempo   con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y sú-plica por todos los santos.” Efesios 6: 17, 18

 

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión  de vuestra carne, os dio vida juntamente con El, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los de-cretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y claván dola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió pública-mente, triunfando sobre ellos en la cruz.” Colosenses 2: 13-15; 

 

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para sal-var a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” 1ª. Timoteo 1: 15;  “Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre.” 1ª. Timoteo 2: 5

 

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mun do, recibido arriba en gloria.” 1ª. Timoteo 3: 16

 

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su miseri-cordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro salvador, para que jus-tificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” Tito 3: 5-7

 

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debili-dades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. A-cerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4: 15, 16;  “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente, y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino ha ser autor de eterna salva ción para todos los que le obedecen.” Hebreos 5: 7-9;  “¿Cuánto más la sangre de Cristo el cual mediante el Espíritu eterno, se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las trans gresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.” Hebreos 9: 14, 15;  “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”  Hebreos 9: 28

 

“Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncies las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz ad-mirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habías alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanza-do misericordia.” 1ª. Pedro 2: 9, 10

 

“Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que noso-tros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sa-nados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pas-tor y Obispo de vuestras almas.” 1ª. Pedro 2: 24, 25

 

“De cierto, de cierto os digo: el que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más a pasado de muerte a vida.” Juan 5: 24

 

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: si al-guno tiene sed, venga a mi y beba. El que cree en mi, como dice la Escritura, de su in-terior correrán ríos de agua viva.” Juan 7: 37, 38

 

“Jesús les respondió: de cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es-clavo es del pecado, y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo si queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Juan 8: 34-36

 

JESUS DIJO:  “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo uni-génito, para que todo aquel que en el cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido conde-nado, porque no ha creído en el Nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la conde-nación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, por que sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no vie-ne a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.  Más el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” Juan 3: 16-21

 

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” Lucas 5: 32

 

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que NO pequéis…” 1ª. Juan 2: 1 a.

 

 

 

CAPITULO  X

 

PROCURANDO  NO  PECAR  MÁS.

 

 

Sabemos claramente que abogado tenemos ante Dios, si hemos pecado (1ª. Juan 2: 1), pero definitivamente no por eso, tendremos vía libre al pecado; DE NINGUNA MANE-RA.

 

No podemos pisotear la sangre de Cristo Jesús, ni desvalorizar el sacrificio que hizo al soportar los castigos, previos a su violenta muerte en la cruz del calvario. “¿Cuánto ma-yor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la Sangre del pacto en la cual fue santificado e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia?” He breos 10: 29.

 

Este sacrificio, nos obliga a ser conscientes a cada instante del amor sublime de Dios hacía nosotros sus hijos.  Un sacrificio que nos indica que la total sustitución, satisfa-ción, propiciación y purificación se obtiene solo por la Sangre de Cristo Jesús: “y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia Sangre, entro una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” Hebreos 9: 12; “Pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la Sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” 1ª. Juan 1: 7, además; “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su Sangre.” Apocalipsis 1: 5

 

En el nuevo pacto a causa del sacrificio de Jesús; se señala lo provisorio que eran los sacrificios de animales en el Antiguo pacto. Cada año debía presentarse en el día del per dón; según leemos: “y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena.” Hebreos 9: 25 pues la sangre de machos  cabríos o de becerros, no podía purificar perfectamente, so pena de que el sumo sacerdo te que presentaba los sacrificios, por los pecados del pueblo, debía él antes presentar sa-crificio por sus propios pecados; “que no tiene necesidad cada día, como aquellos  su- mos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre (Jesucristo), ofreciéndose a sí mis-mo .” Hebreos 7: 27.

 

El sacrificio voluntario y lleno de amor sublime, de Jesús, por nosotros, puso fin a todos los sacrificios antiguos y a los que aún se realizan por mandatos en dogmas de hombres.

 

Con su muerte en la cruz, se puso fin a toda clase de sacrificios sangrientos, porque: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofrecien-do muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cris to, habiendo ofrecido una vez para siempre UN SOLO SACRIFICIO por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.” Hebreos 10: 10-12.

 

Glorificamos a Dios y a su Amado Hijo, por cuanto este maravilloso sustituto; “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su Sangre, para manifestar su justi-ci, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.” Ro. 3: 25

 

Entonces estamos comprometidos los cristianos evangélicos a procurar no pecar más.

 

¿Cómo hacerlo?

 

Primero: la constante oración.

 

“Orad sin cesar” 1ª. Tes. 5: 17 es un mandato, una obligación y una de las formulas más efectivas para estar en el Espíritu, pudiendo resistir las asechanzas tanto de nuestra pro- pia carne como del enemigo de nuestras almas.

 

*Sabemos que nuestro Mesías enseñó que debemos dirigir la oración a nuestro Dios  y Padre celestial en su Nombre, lea por favor en el evangelio de Juan 14: 13;  15: 16 y 16: 23 por medio de quien tenemos acceso al Padre. Orar en el nombre de Cristo Jesús es orar como Jesús mismo oraba y orar al Padre en la forma en que el Hijo nos lo ha dado a conocer. Para Jesús el verdadero punto focal de la oración es la voluntad del Padre.

 

 Aquí tenemos la característica básica de la oración cristiana: un nuevo modo de acceso a Jehová Dios lograda por Cristo para el cristiano evangélico, o sea nosotros; la oración en armonía con la voluntad del Padre, porque es ofrecida en el poderoso y único nombre que es sobre todo nombre, el Nombre de Jesucristo.

 

El nos enseñó a orar dándonos la oración del Padrenuestro; que encontramos en Mateo 6; podríamos tratar de explicar lo que encierra tan bello poema hecho una oración muy completa: primero nos enseña a glorificar, alabar y ensalzar su Santo Nombre; recono-cer que nuestro Todopoderoso Dios está en su santo Trono; en los Cielos; nos induce a anhelar su reino, el rapto y la Segunda Venida de su amado Hijo, nuestro Señor y Salva dor Jesucristo.  Luego nos hace pronunciar una de las claves más importantes en la ora-ción del verdadero cristiano; la voluntad de Dios, que sea hecha su voluntad, en todo lu-gar en esta tierra en la cual habitamos temporalmente y allá en nuestro futuro hogar por la eternidad.  Luego nos permite pedir, que en la mayoría de oraciones que realizamos diariamente; es el motivo principal, pedir, pedir y pedir y seguir pidiendo; bueno es a nuestro Padre al que oramos por medio de Jesucristo y los humanos estamos guiados por nuestra naturaleza a solicitar y parcos para dar; pero tenemos esa opción y gran opor tunidad de orar y solicitar.  Pedimos variedad de cosas, pero nuestro Señor Jesús nos en-seña a empezar pidiendo por nuestros alimentos, con sabiduría para estar bien fortaleci-dos y poder trabajar para producir por lo demás que también El lo proveerá, no sin antes ver el esfuerzo que cada uno de nosotros realizamos en nuestras labores.  Nos inculca el humillarnos reconociendo nuestras faltas y pecados, por medio del sacrificio expiatorio de su Hijo; debiendo pedir perdón, al mismo tiempo que nos compromete a perdonar a nuestros semejantes.  Debemos pedir, suplicar e implorar que nos libre de la contamina-ción pecaminosa que encontramos al frente, atrás y a los costados en nuestro diario an-dar.  Al final de esta oración maestra, nos indica que le demos nuevamente a El toda la honra, el honor, la gloria, nuestra máxima alabanza; porque es el único digno de nuestra reverencia por los siglos, amén.

 

La oración es esencial para el verdadero cristiano evangélico; “Gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación; constantes en la oración” Romanos 12: 12. Es también nues-tra armadura; según Efesios 6: 13-17

 

La verdadera oración del cristiano debe estar además compuesta por, como ya vimos al analizar el Padrenuestro, de: adoración; Daniel 4: 34 y 35, confesión; por la que recono-cemos nuestra iniquidad, 1ª. Juan 1: 9, intercesión; con la que rogamos por nuestros se-mejantes; Santiago 5: 16 y acción de gracias; donde expresamos nuestro agradecimiento al buen Dios, Filipenses 4: 6.

 

Dios no nos oiría  si en extremo tenemos estas causas, las cuales nos producirían un fra-caso en nuestras oraciones:

 

Desobediencia:       Deuteronomio 1: 45; 1ª. Samuel 14: 37; 28: 6

Grandes pecados ocultos:     Salmo 66: 18

Indiferencia:           Proverbios 1: 28

Negligencia de misericordia:     Proverbios 21: 13

Intemperancia:       Santiago 4: 3

 

Muchos tenemos estas faltas y más; pero tenemos un magnífico abogado, a Jesucristo el Justo y podemos pedir su ayuda, recordemos lo que dice 1ª. Juan 1: 9  (pero dejando de pecar constantemente)

 

Si acudimos a Dios en oración por medio de Jesús; El nos perdona y oirá, además res-ponderá a nuestras peticiones, ya que tenemos promesas y respuestas prometidas a nues-tras peticiones como por ejemplo: Salmo 91: 15 “Me invocará y Yo le responderé; con él estaré Yo en la angustia; lo libraré y le glorificare.” Lea Isaías 41: 17; Isaías 58: 9; 65 24; Jeremías 33: 3; Zacarías 13: 9; Lucas 11: 9; Juan 14: 14 y 1ª. Juan 3: 22

( * párrafos resumidos del libro “La Oración un don especial” escrito por este servidor)

 

La búsqueda de ayuda de lo alto es indispensable para evitar caer en las telarañas que el diablo y sus secuaces tejen delante de nosotros, para en comunión a nuestra débil carne, caer en pecados, que muchas veces no queremos cometer, pero que al estar espiritual-mente anémicos, seremos presa fácil del engañador.  Es por eso que la oración es el ar-ma más potente que poseemos en nuestro arsenal espiritual.

 

** Orar en el Espíritu es una experiencia sobrenatural, superior y maravillosa, porque se ingresa a una dimensión desconocida para nuestra carne, pero muy conocida y cómoda para nuestro espíritu, el cual se siente a plenitud a pesar de lo incómodo que en algunas ocasiones se pudiera sentir nuestra débil carne, ya lo dijo nuestro Señor Jesucristo en Mateo 26: 41, por lo cual debemos orar en el Espíritu a los que nos ha sido dado el don de hablar en lenguas angélicas y humanas (1ª. Corintios 13: 1)

 

Debiéramos anhelar la unción del Espíritu Santo de Dios y tener el don de la oración que solo Él puede dar y que esa unción permanezca siempre en nuestro ser; 1ª.  Juan 2: 27 “pero la unción que vosotros recibisteis de Él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en El.”  Esa misma unción y presencia de Dios nos va instruyendo en la oración y a medida que el fuego del Espíritu Santo se incrementa en nosotros, iremos experimentando situaciones que a la carne le parecerán extrañas, pero no a nuestro espíritu que se irá poniendo en sintonía llegando al punto de orar con fluidez en lenguas celestiales.

 

Jesucristo prometió que al El ascender, vendría otro consolador (del griego parakletos), el cual permanece en nosotros para siempre, Juan 14: 16; nos hace recordar las Palabras de Cristo Jesús, Juan 15: 26; convence al mundo de pecado, Juan 16: 7 y 8; nos guía a to da verdad, Juan 16: 13.  así como los de la Iglesia primitiva fueron llenos; esa promesa es cumplida en nosotros también. Este mismo Espíritu nos guía a la comunión con Dios haciéndonos sus hijos; Romanos 8: 14 “porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”

 

Este “paraklétos”, palabra griega que se traduce como consolador, es el que está ahora en cada creyente fiel, morando en nuestro ser, el que nos da esa fuerza necesaria para confiar en Dios; nos da la certeza que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador personal eso es fe; eso extraño que creemos en lo que no vimos, una confianza en lo que a veces no sentimos pero sabemos que está ahí, esa palabra tan pequeña pero tan grande a la vez: FE, Hebreos 11: 1 “es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”  Más adelante en el versículo 6 leemos: “pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardo nador de los que le buscan.”

 

Que don más especial el de la oración y sepamos que el don más importante es el de la salvación, es el don de Dios a los hombres. Todos los demás dones, incluyendo el de la oración; surgen de esta verdad básica.  El don de la comunión con Dios, en el Nombre de nuestro amado Jesús, por medio de la oración, proviene de Dios; según Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

 

Agradezcamos ese regalo, esa dádiva, ese don de Dios; para comunicarnos con El.

 

Insistimos, en base bíblica; que nuestras oraciones tienen que ser siempre dirigidas a nuestro Padre celestial, Jehová Dios, en el poderoso Nombre de Cristo Jesús y nunca debemos “orarle al Espíritu Santo”, como acostumbran, sin ningún fundamento bíblico algunas sectas y organizaciones. Mucho menos a ídolos; de esto Usted ya lo sabe abun-dantemente.

 

La oración y la regla de oro:  esta bella enseñanza esta en el evangelio de Mateo 7:7-12 “pedid y se os dará, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pi-de, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá.  ¿Qué hombre hay de voso-tros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?  ¿o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”  Dios nos da una ilustra-ción y una clave; El es bueno y compasivo; no nos dejará si oramos a su Majestad.  (**pequeños párrafos del libro: “La oración, un don especial”)

 

Incluyo esto, porque debemos entender que la oportunidad de orarle al Creador nuestro es de suma importancia, para cubrirnos, por medio de El, de una coraza fortísima, la cual deberá protegernos, manteniéndonos alejados de pecados y futuras tentaciones.

 

Tentación, una palabra tan enigmática; en hebreo, “masa, bahan”; en griego: “peirazo, dokimazo” que significa: inducir a pecar.  Debido al éxito satánico de la primera tenta-ción del hombre, el diablo ahora dispone del mundo y de la carne, esto en el sentido pe-yorativo de estos vocablos; disponiendo de estos dos (mundo/carne),  como aliados muy constantes, además de la ayuda de huestes de demonios.

 

Satanás tienta a la humanidad.  Dios no puede inducir a nadie a hacer lo malo, sino que el enemigo de nuestras almas, es el que despierta la concupiscencia, que se materializa en quien cede, al pecado y la muerte (Santiago 1: 13, 14).

 

La tentación no se debe confundir con el pecado, pues la sugerencia del mal, no se con-vierte en pecado sino se acepta. Por eso en la tentación que experimentó nuestro Salva-dor en aquel desierto de parte de satán; la completa humanidad de Jesús, le permitió a-preciar toda la fuerza de los embates del maligno, que trataron de poner a prueba la per-fección de su Persona, pero no pecó: “porque no tenemos un sumo sacerdote que no pue da compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nues-tra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4: 15. Por lo tanto nosotros sus hijos legítimos hemos de pedirle a nuestro Padre que:”no nos metas en tentación más líbranos del mal.” Mateo 6: 13, pero sí Dios en algunos casos permite la prueba, como hijos fieles, no cae- remos si nos valemos de los recursos del Dios fiel, quien “no os dejará ser tentados más allá de lo que podéis sufrir….sino que dará la salida.” 1ª. Corintios 10: 13.

 

Es por eso que debemos velar y orar, para no sufrir tentaciones; tal y como Jesús se lo expresaba a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26: 41.

 

Es orando y manteniendo comunión con El, que lograremos ser librados por nuestro Se-nor: “sabe el Señor librar de tentación a los piadosos.” 2ª. Pedro 2: 9 a.

 

Retomando el tema del significado en hebreo y griego (dos idiomas en los cuales fueron escritas las Santas Escrituras en su original, he ahí la importancia de su real traducción y significados), de la palabra tentación (la cual es una de las raíces del pecado), “masa, ba han” en hebreo y “Peirazo, dokimazo” en el griego, es: “someter a prueba” y en su uso bíblico, no solo significa entonces “inducir a pecar”.  Esta traducción de “someter a prue ba” a una persona, que es el sentido básico de los verbos en los idiomas originales. Esta frase se expresa con la metáfora de la purificación de metales preciosos en el crisol.

 

Estas pruebas son muy especiales de parte de Dios, para solidificar la fe del probado. En la Biblia tenemos casos espectaculares como los de Abraham, donde la fe del patriarca salió extremadamente fortalecida, lea por favor en: Génesis 22: 1; Hebreos 11: 7, según la norma subrayada en 1ª. Pedro 1: 6 y 7, también las pruebas al pueblo de Israel (por ej. Isaías 48: 10; Zacarías 13: 9; Santiago 1: 12, etc.), además está el caso de Job, etc. etc.

 

A nosotros que sufrimos tentación o sea “inducidos a pecar” de parte del maligno, auna-do a esto las varias razones que vimos en este libro en los capítulos anteriores; nos que-da entonces una opción fundamental para nuestra defensa amparados en Dios, la cual es la constante oración (Mateo 26: 41;  1ª. Tes. 5: 17). Pablo nos alienta al respecto: “pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son ten-tados.” Hebreos 2: 18

 

Deliberadamente no podemos mentir, menos en estas circunstancias; escribiendo algo sacro. Les cuento que en este preciso momento fui tentado, y caí en error de ira, ya que uno de los trabajadores del negocio de transporte que Dios nos provee, me llamó exi-giendo un pago justo, pero que el día anterior a este, se le estuvo buscando en su área de trabajo; este junto a sus compañeros no se encontraban cuando el mensajero les llevaba el pago respectivo.  Le he contestado de muy mala manera.  Se que debo disculparme tanto ante Dios como con el trabajador.  Una tentación que llegó justo al escribir al res-pecto y experimentar la incursión del enemigo, en inducir al que llamó para que me fal- tase el respeto y yo en mi debilidad, responderle groseramente también faltándole al respeto. Tengo dos obligaciones ahora (pienso en este instante), primero orar a Dios, en el Nombre de Jesús, para que: “pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino dijo: EL SEÑOR (JESUS) TE REPRENDA.” Judas 9. Además que Dios me perdone.  Segundo; disculparme y pagarle (como era la intención el día anterior).

 

Segundo:   Andando en el Espíritu Santo de Dios.

 

Inmediatamente después de reconocer en privado y públicamente a Jesús como nuestro Salvador y Señor, se lleva a cabo uno de los acontecimientos más impresionantes en nuestro ser; es la posesión del Espíritu Santo de Dios, ya que venimos a ser templo y morada de esta Divina Persona de la Trinidad; “¿no sabéis que sois Templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 1ª. Corintios 3: 16. Transformándose en *** el dulce Huésped  de mi alma; es maravilloso, respetuoso, dulce, amable, bello, bonda- doso y no hay palabras para expresar lo mucho que significa para nuestro ser el glorioso Espíritu Santo de Dios; Él es (repito) “el dulce huésped de mi alma”, el que nos hace llegar a Dios por medio de la oración, el que nos induce a hacerlo, su maravillosa presen cia nos da fuerza, para seguir haciéndolo, es un deseo, una pasión, un dulce despertar, una brisa que acaricia nuestro espíritu, un suspiro en el silencio, un aliento fresco, una visión de mil colores, un aroma de frescura sin igual que acapara las delicias de un jar- dín celestial que expande nuestra visión de lo terrenal a el paraíso que será nuestro ho- gar. Eso y mucho más es el sentir la presencia del Espíritu Santo en nuestro ser (Jehová-Sama).

 

La llenura del Espíritu Santo, llega en la mayoría de las oportunidades en la oración; Pe-dro y Juan lo hicieron; leemos en Hechos 8: 15 “los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo” más adelante habla de la imposición de las manos para recibirlo también, versículo 17 “entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.” (*** otras anotaciones en el libro referente a la oración.)

 Si tenemos la llenura del Espíritu Santo, nos será, no solo más fácil orar, sino resistir las luchas tentadoras del diablo e inclinación propia y carnal nuestra, para consumar un hecho pecaminoso. Viviendo en el Espíritu. (sabremos que cuando escribo Espíritu, con E mayúscula, es cuando se refiere al Espíritu Santo de Dios, con e minúscula, a nuestro espíritu personal)

 

“Digo, pues: andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el de-seo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se opo-nen entre si, para que no hagáis lo que quisiereis.  Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.  Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornica ción, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, con-tiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas seme-jantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredaran el reino de Dios.  Más el fruto del Espíritu es a-mor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra ta-les cosas no hay ley.  Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasio-nes y deseos.  Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Gálatas 5: 16-25.

 

Triunfaremos sobre las tentaciones pecaminosas, si fortalecemos nuestra vida espiritual en reglas como: apoyarla (nuestra vida), en la Palabra de Dios, según Deuteronomio 8:3 Asegurada por medio de la fe; Juan 5: 24; Juan 20: 31; Romanos 6: 11 y 8: 10; requiere que muramos al pecado y a nosotros mismos: “Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.” 2ª. Corintios 4: 11; Cristo el objetivo supremo de nuestra vida espiritual: “Porque para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Fili-penses 1: 21.

 

Vendrá a ser un riguroso requisito, tener más de alguno de los dones espirituales, para estar más cerca de Dios.  Le pido leer y escudriñar el capítulo 12 de 1ª. Corintios, pasán-do por el camino excelso del amor, detallado en el capítulo 13 y terminando con el 14 en su totalidad, ya que “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu San to.” 1ª. Corintios 12: 3.

 

Esta gloriosa presencia de Dios, nos será dada como respuesta a oraciones específicas al respecto, según palabras prometedoras de Jesús; “pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lucas 11: 13. Además de que la limpieza espiritual propia lo precede; “Pedro les dijo: arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Hechos 2: 38. 

 

Resistamos los embates del diablo, con sus tentaciones y falsas ofertas, con sus falacias y espejismos, con sus charlatanerías y burla.  Soportémoslo con el Poder que viene de lo Alto; estando llenos del Espíritu de Dios. Avivemos la llama del Espíritu en nosotros, dando testimonio a los no convertidos y aviso de prevención a los espíritus del maligno de que Dios mora en nosotros; “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” Romanos 8: 16; “Y el que guarda sus mandamientos, perma-nece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Es-píritu que nos ha dado.” 1ª. Juan 3: 24.

 

Tenemos pues la fuerza de Dios de nuestro lado porque…… “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Zacarías 4: 6b.

 

Debemos comprender entonces que nuestra lucha es espiritual y contra los que nos pro-vocan para pecar y perder la paz que Dios nos da.

 

  Los demonios son incitadores del mal, sabemos que no los podemos ver, a esos espíri-tus inmundos, mientras ellos si nos ven a nosotros, dándoles eso, una gran ventaja.

 

 Estamos concientes que humanamente no tenemos la fuerza y el poder que ellos poseen pero contamos con la ayuda y autoridad que Jesucristo nos delegó, estando asidos del  poder de Dios  ¡¡¡Gloria a Dios por eso!!! Nos unimos nuevamente a lo que el apóstol Pablo expresa “pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.” 2ª. Corintios 10: 2-4.

 

Tenemos que estar bien preparados espiritualmente, o sea llenos del Espíritu de Dios, para resistir esta lucha constante, amparándonos en la cita que dice: “protegernos con la verdad, la coraza de justicia, el evangelio de la paz, el yelmo de la salvación y el escudo de la fe para apagar todos los dardos de fuego del maligno.” Mira que estas son armas que tenemos que llevar como buenos soldados (espiritualmente hablando), puestas en todo momento y así resistir en el nombre de Jesús, las invitaciones a pecar.

 

Un creyente en Jesús, lleno de la unción del Espíritu de Dios, será difícil presa de satán para hacerle caer en tentación, porque estará en constante oración, bajo la unción del Es-píritu Santo, además de fortalecido con el tercer punto, que detallaré a continuación, pa-ra poder con la ayuda de Jehová Dios, procurar no pecar más.

 

Tercero:   Leyendo, escudriñando y guardando para sí, la Palabra de Dios (la Biblia)

 

Las Sagradas Escrituras; la Santa e infalible Palabra escrita de Dios a su pueblo en to-das las edades y tiempos.  Sabemos de estos escritos sacros, que fueron inspirados por el Espíritu Santo de Dios a cuarenta personas.

 

Lo extremadamente importante es creer que es la Divina Palabra de Dios, revelada, bajo su soberana y santa voluntad a quien el dispuso, (¿quienes somos nosotros para pedir o dar opinión a Dios, sobre sus disposiciones en la Biblia?), El es Soberano en todo; recor demos lo que le dijo a Job:  “¿Dónde estabas tu cuando Yo fundaba la tierra? Házmelo saber si tienes inteligencia.”  38: 4.

 

Aunado a esto del creer, esta el guardar y obedecer sus preceptos.  Entonces ahorremos el  tiempo y espacio en este libro (ya que existen varios libros específicos), para explicar los orígenes de los Escritos de la Palabra de Dios; su Biblia, mi Biblia. Limitémonos en obedecerla poniendo en práctica sus mandatos, muy especialmente los dejados por el gran  Maestro, Señor y Salvador personal, el Cristo, es decir el Mesías; JESUCRISTO.

 

Esta palabra de Dios; viva y eficaz, nos dará confort, aliento y precaución para desobe-decer a las tentaciones diabólicas; que llevan en sí el propósito explícito y definitivo; el hacernos  caer en pecado.

 

“Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino.” Nos dice el salmista respec tivo en el 119: 105.  Es una auténtica lámpara, que nos guía en este peregrinar, por este mundo donde reina la maldad, el cual recorremos a través de nuestra existencia, que aun que muy breve, es significativa en tiempo y edades para esta carne débil.  Es por eso que siempre estamos en constante movimiento, necesitando de una luz para no tropezar.

 

Es la Biblia también, la Palabra de vida, la cual debemos comer, ya que viene a ser uno de los alimentos más indispensables para nuestro espíritu; “Él respondió y dijo: escrito está: no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las Palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida.”   “asidos de la Palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.”  Ma-teo 4: 4; Juan 6: 63 y Filipenses 2: 16 respectivamente.

 

En medio de esta guerra espiritual contra el enemigo de nuestras almas, el cual procura con diligencia apartarnos del camino de la verdad hacia Dios, tratando desesperadamen-te que accedamos a sus propuestas malévolas para caer en pecado y desobediencia; den-tro de este batallar; refugiarnos en la lectura, observancia, obediencia y el escudriñar de la Biblia, principalmente en las Palabras de Jesucristo, nos dará un resultante preciso de victoria sobre las tentaciones y sus consecuencias. 

 

Las infalibles e inmortales Palabras de Cristo Jesús son: Imperecederas; “El cielo y la tierra pasarán, pero mis Palabras (dijo Jesús), no pasarán.” Marcos 13: 31; llenas de gra-cia, Lucas 4: 22. Con absoluta y contundente autoridad: “Y se admiraban de su doctrina, porque su Palabra era con autoridad.” Lucas  4: 32; definitivamente, muy espirituales, según el pasaje de Juan 6: 63; son también llenas de vida eterna: “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quien iremos? Tu tienes Palabras de vida eterna.” Juan 6: 68.  Sus pa-labras son incomparables, Juan 7: 36, además de Palabras de juicio; Juan 12: 48.

 

Esta Escritura sacra es en su esencia; Palabra Divina: “el que no me ama, no guarda mis Palabras (lo escrito en la Biblia), y la Palabra que habéis oído ( que para nosotros los de los días postreros a El, se aplica: leído), no es mía, sino del Padre (Dios) que me envió.” Juan 14: 24.

 

Al leer nuestra Biblia, no solo alimentamos nuestro espíritu, alma y cuerpo; también lo volvemos bajo el Poder sobrenatural de Dios, muy blindado para cubrirnos de los dar-dos del diablo y sus demonios, para evitar aun pecar. Además estamos haciendo efecti-vas las promesas de Jesús, que entre muchas serían:  vida eterna; “de cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi Palabra, nunca verá muerte.” Juan 8: 51.  La maravillosa pro mesa de la venida del Espíritu Santo de Dios: “si me amáis, guardad mis mandamientos y Yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador (el Parakletos, El Espíritu Santo), para que esté con vosotros para siempre.” Juan 14: 15 y 16.

 

Tendremos comunión Divina, lo cual es un incomparable blindaje espiritual para dese-char las obras del enemigo, porque Jesús prometió, esa llenura, esa comunión Divina: “Respondió Jesús y le dijo: el que me ama, mi Palabra guardará; y mi Padre (Dios y su Santo Espíritu) le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Juan 14: 23. Es-ta no le parece, amado lector, una de las promesas más maravillosas e inigualables pala-bras dichas, escritas y firmadas por el Hijo de Dios; el cual nunca miente, porque no es hijo de hombre terrenal para que mienta; sus Palabras siempre fueron y son verdad.

 

Por lo cual tendremos seguridad en sus Santas Palabras; “Y en esto sabemos que noso-tros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.” Cita del apóstol, en 1ª. de Juan 2:3

 

Adquiriendo, teniendo, leyendo, observando, escudriñando y sobre todo guardando en nuestro corazón; poniendo en práctica su Palabra, tendremos fácil acceso a Jehová- Dios, seremos premiados con la excelsa promesa de nuestro amado Jesús, cuando dijo por medio del visionario Juan, en el Libro del Apocalipsis 3: 8 “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi Palabra, y no has negado mi Nombre.”

 

La sana lectura es defensiva, principalmente leyendo la Santa Biblia; recordemos lo que el apóstol le dijo a Timoteo; atesorémoslo en nuestra mente y corazón por siempre, pa-ra que cuando venga la tentación, podamos recordar estos sabios consejos: “Pero persis-te tu en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has aprendido; y que desde la niñez has sabido de las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio pa ra la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.  Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2ª. Timoteo 3: 14-17.

 

Este libro de enseñanza y advertencia nos hará reconsiderar las ofertas malas que nos o-frece el diablo.  Ya que en sus escritos podemos encontrar los resultantes a causa de los pecados que cometeríamos si accedemos a los deseos carnales propios incitados por el mal (Romanos 6: 23).

 

El sabio Salomón nos advierte: “El hombre malo, el hombre depravado, es el que anda en perversidad de boca; que guiña los ojos, que habla con los pies, que hace señas con los dedos. Perversidades hay en su corazón; anda pensando el mal en todo tiempo; sien-bra las discordias.  Por tanto, su calamidad vendrá de repente; súbitamente será quebran tado, y no habrá remedio.” Proverbios 6: 12-15  esta cita, específicamente la parte b del verso 12; “es el que anda en perversidad de boca” me recuerda lo mal hablado que era; la cantidad de palabras malas, como decimos popularmente, eran asombrosas y tan ofen sivas que a mi mismo me espantaban. Aún siendo cristiano las decía con frecuencia, pe-ro aplique estos principios y además un secretito que quiero compartir para con aquellos que todavía las dicen en cualquier circunstancia.  Resulta que dispuse en mi corazón con la anuencia de Dios, a causa de mis ruegos a El, que me quitara la mala costumbre de de cir cualquier clase y cantidad de palabrotas, sintiendo que por cada palabra no adecuada, exclamara diez “gloria a Dios” o repitiera cinco veces un pequeño versículo de la Biblia lógicamente que tremendo trueque no le pareció buen negocio al espíritu inmundo que me hacía decir palabras inadecuadas, optando por retirar su repertorio de mi ser dejando que de mi garganta fluyeran cosas buenas nada más.  Aplique este ejemplo o aconseje a quien Usted sepa que padece de este mal.

 

Toda la Biblia está llena de sabios consejos para evitar los pecados; pero el libro de los Proverbios dados con la sabiduría de lo Alto al rey Salomón; son una exquisita ensalada de consejos que podemos con la ayuda del Espíritu Santo, llegar a aplicar en nuestras vi das para resistir las insinuaciones a pecar.  Lea los capítulos: tres, cinco, seis, siete, once doce, trece, diez y seis, diez y ocho y veintidós al veintinueve.  Lee y escudriña; guarda en tu mente y corazón todos esos sabios consejos, los cuales son directamente de Dios por medio de su Santo Espíritu a nosotros, para estar resguardados del maligno, confian-do en que “Toda Palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en El esperan.” Pro-verbios 30: 5

 

 

Cuarto:    El  Ayuno.

 

 

Actividad fundamental en la vida del verdadero cristiano; ya lo dijo Jesús: “Este género no sale sino con oración y ayuno.” Refiriéndose a espíritus inmundos que nos atacan para pecar.

 

Este ejercicio espiritual en el que se abstiene una o varias personas de comer, se realiza de muchas maneras y tiempos.  La Biblia cita ayunos desde un día (hasta el anochecer) como de tres días, siete días, tres semanas (Daniel), y hasta de cuarenta días, los cuales llevaron a cabo Jesús de Nazareth y en la antigüedad; Moisés y Elías.

 

En el Antiguo Testamento se informa del ayuno por varias razones y circunstancias; si-endo las más comunes; para sacrifico por los pecados, por humillación, por luto y la rein terpretación profética de Isaías 58, donde el profeta presenta el ayuno como un acto de solidaridad entre los ricos y pobres de aquella época. Con este tipo de ayuno surge la po civilidad de que las personas acomodadas y solventes experimenten lo que día a día vi-ven los pobres.

 

  Pero también se ayunaba para preparase a recibir una revelación Divina como es el ca- so del profeta Daniel.

 

Nuestro Señor Jesucristo instó a un ayuno más efectivo; más sincero, menos hipócrita, que sea hecho y dirigido exclusivamente a Dios; “Cuando ayunéis, no seáis austeros, co mo los hipócritas;porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayu- nan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tu, cuando ayunes, unge tu ca- beza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre (Dios) que ve en lo secreto te recompensará en público.” Mateo 6: 16-18.

 

Jesucristo ayunó cuarenta días en el desierto, para iniciar tan gran ministerio y poder re-sistir la tentación que a la postre realizaría el tentador, sabiendo que el Mesías era 100% un ser humano.  Es por eso que nuestro Señor, se preparó en un ayuno prolongado para adquirir resistencia a los embates del maligno;  “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a Él el tentador, y le dijo………..” Mateo 4: 2…  fue tentada la humanidad de Jesús, pero estaba con blindaje espiritual, hecho a base de constante oración y ayuno, recordemos que El se instruía en las Sagradas Es-crituras, que en aquellos tiempos era la Tanah , que es la Biblia Hebrea, o sea lo que hoy en día conocemos como el Antiguo Testamento.  Toda las referencias de Cristo cuando hablaba de Moisés, los grandes hombres de la antigüedad y los profetas, era porque leía y escudriñaba la Palabra de Dios, escrita tanto en la Toráh (el Pentateuco de Moisés), co mo en el resto de la Tanah (tanaj).  Entonces este Cristo hombre fue tentado, pero resis-tio, saliendo el tentador, derrotado; “Entonces Jesús le dijo: vete satanás, porque escrito está: al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás.El diablo entonces le dejó; y he  aquí vinieron ángeles y le servían.”  Mateo 4: 10, 11.

 

Por eso el apóstol Santiago nos exhorta:  “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”  Santiago 4: 7.

 

Cuando sintamos la tentación cercana, busquemos la presencia de Dios a través del ayu-no.

 

  Mediante el proceso del ayuno, se irán entremezclando las tres actividades que vimos con anterioridad.

 

Si quisiéramos, bien pudiéramos; fuerza de voluntad nos falta, para poder ser absoluta-mente personas de bien; ya que teniendo la bienaventuranza de ser salvos por gracia en Dios, por medio de Jesucristo; tan solo podríamos alimentar nuestro espíritu, para que en total comunión con el Espíritu Santo, estén en armonía, al llevar a conclusión estos ejercicios significativos para nuestra edificación espiritual.  Imagínese uniendo el ayu-no con la lectura de la Palabra escrita de Dios y mezclándola con la oración; pues ten-dríamos como resultante; una llenura del Espíritu Santo y esta a la vez bien fortalecida seria el blindaje ideal para soportar los embates de las armas con las que nos ataca sin piedad el maligno.

 

Santiago nos anima entonces al decirnos que:  “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vo-sotros. Pecadores limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.” 4: 8.

 

Definitivamente estamos en guerra; guerra espiritual:  “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor (Jesús), y en el poder de su fuerza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.  Porque no tene-mos lucha contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.  Estad, pues firmes,, ceñidos vues-tros lomos con la verdad, y vestíos con la coraza de justicia, y calzaos los pies con el apresto del evangelio de la paz.  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis a-pagar todos los dardos de fuego del maligno.  Y tomad el yelmo de la salvación, y la es-pada del Espíritu, que es la PALABRA DE DIOS (la Biblia); ORANDO en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu (ayuno), y velando en ello con toda perseveran-cia  y súplica por todos los santos (nuestros hermanos en la fe).” Efesios 6: 10-18.

 

Tenemos todas las armas espirituales a nuestro alcance y debemos echar mano de ellas, ya que nuestro General; Jehová Dios de los ejércitos, nos las da y con el somos más que vencedores (Jehová-Sabaot).

 

Podemos estar seguros en Dios, aunque llegan momentos de flaqueza, porque somos dé-biles y temerosos; de tanto ataque que sufrimos, diera la impresión que estamos siendo derrotados; que fuimos dejados por Dios; pero eso nunca pasará, ya que Él jamás nos dejará, porque somos sus hijos, teniendo el derecho de que nos auxilie, porque solos no podríamos contra el mal (Deuteronomio 31: 6).

 

Nuestra vida en este mundo pecaminoso es temporal y si perseveramos; tendremos una de las más grandes y maravillosas promesas hechas por Jesús;  “Al que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono así como Yo he vencido, y me he sentado con mi Pa-dre en su Trono.” Apocalipsis 3: 21, es una espectacular promesa; entonces empecemos a orar, estar en el Espíritu, escudriñar y guardar su Palabra escrita y ayunar, todo esto sin temor, ya que:  “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.” Romanos 8: 37

 

A todo esto; comprenderá que nuestra lucha no es contra seres humanos iguales a noso-tros, sino contra demonios en el exterior y al derredor. Mayormente contra estos demo-nios en el interior nuestro que nos provocan hacer pecados, aprovechando el deleite que nuestra carne aparente y momentáneamente disfruta.  Pero para contrarrestar este malé-volo principio, deberíamos aplicar la cita de 2ª. Corintios 10: 2-4 “pues aunque andamos  en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son car- nales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.”

 

 

Estos cuatro puntos son pilares fundamentales para el sostén de la fe del cristiano com-prometido con Dios, para no pecar más. Poniéndolos en práctica será más fácil resistir al diablo con sus engaños, astucia, mentiras y falacias. Recordando al extremo las palabras del apóstol Juan de que:  “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

 

Las razones anotadas por las cuales nos inclinamos aún al pecado, serán destrozadas por el Dios nuestro Todopoderoso, si venimos a Él con un corazón puro, sincero, sin inten-tar ocultar nada (no siendo hipócritas), llenos de arrepentimiento, deseos y actitud de cambio; rogándole a Él que nos ayude a no pecar.  Reconociendo nuestras debilidades delante de Dios, claramente; orando con fervor y un corazón quebrantado, confesando nuestras culpas únicamente ante Dios y por la única y exclusiva intercesión de Cristo Jesús.  Es nuestra obligación humillarnos ante el Creador expresando con nuestra voz en detalle las situaciones que nos afectan; si nos gusta el alcohol, pues confesarlo; si son las mujeres, los juegos de azar, las parafílias, las mentiras, y un sin fin de pecados; pues nuestra sinceridad ante Jehová Dios, debe ser totalmente pura, aunque Él ya conoce de antemano nuestras debilidades, pero a Dios le complace que nos humillemos, recono-ciendo que solo en Él, a través de Jesucristo tendremos la ayuda que buscamos además del perdón absoluto a nuestras faltas.

 

A Dios le complace nuestra sinceridad, humildad y arrepentimiento; hagamos eco de las palabras siguientes:  “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vi-no al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” ¿Quién lo di-jo?  Fue el gran apóstol Pablo, perfectamente sabemos del gran ministerio que Dios le encomendó a este hombre, quien fue nada más y nada menos que el principal precursor de la Iglesia primitiva, de la cual nosotros partimos, que predicó la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo, y ya vimos abundantemente en este estudio, varias citas al res-pecto, entendiendo y sabiendo que Dios por medio de su Santo Espíritu le reveló y en-cargó el escribir para nosotros trece cartas maravillosas.  Fue llevado en vida al tercer cielo y le fueron mostradas cosas extraordinarias, que no todas le fueron permitidas re-velar a la humanidad.  A pesar de todo esto; el apóstol, se consideraba el primero de los pecadores, necesitado urgentemente de un Señor y Salvador para gobernar su vida y pa-ra el perdón de sus pecados.

 

La sinceridad del apóstol Pablo (Romanos 7: 7-25) y su humildad (1ª. Timoteo 1: 15 en-tre otras citas), nos enseñan que somos pecadores aun, a pesar de estar ya en los cami-nos del Señor, que no debemos ser hipócritas delante de Dios, con nuestros semejantes y con nosotros mismos; para que Dios por medio de su Amado Hijo, devele su gran mi-sericordia y clemencia.  Por eso el apóstol dice, inmediatamente después de humillarse reconociendo su condición, que:  “Pero por eso fui recibido a MISERICORDIA, para que JESUCRISTO mostrase en mí el primero toda su CLEMENCIA, para ejemplo de los que habrían de creer (Usted y yo) en Él para vida eterna.  Por tanto, al REY de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio DIOS, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.”  1ª. Timoteo 1: 16, 17.

 

(A lo que el apóstol apunta con relación a ser el primero de los pecadores, pues difiero totalmente con él, porque ese primer lugar lo tengo lamentablemente yo) pero nos ali-enta y consuela lo siguiente.

 

Seremos santificados y purificados por Dios;  “SANTIFICALOS EN TU VERDAD; TU PALABRA ES VERDAD” Juan 17: 17.

 

Efesios 5: 25-27  “Maridos, amad a vuestras mujeres, ASI COMO CRISTO AMO A LA IGLESIA, Y SE ENTREGÓ ASÍ MISMO POR ELLA, PARA SANTIFICARLA, HABIÉNDOLA PURIFICADO EN EL LAVAMIENTO DEL AGUA POR LA PALA-BRA, A FIN DE PRESENTARSELA A SÍ MISMO, UNA IGLESIA GLORIOSA, QUE NO TUVIESE MANCHA NI ARRUGA NI COSA SEMEJANTE, SINO QUE FUESE SANTA Y SIN MANCHA.”

 

Por último y tan importante como lo anterior; JESUS dijo:  “El que tiene mis manda-mientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y Yo le amaré y me manifestaré a él.”  Juan 14: 21  “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como Yo he guardado  los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.”  Juan 15: 10

 

“Y POR ELLOS (dijo Jesús) YO ME SANTIFICO A MI MISMO, PARA QUE TAM-BIEN ELLOS (nosotros) SEAN SANTIFICADOS EN LA VERDAD.” Juan 17: 19.

 

 Nos amamos en el AMOR DE JESUS, hasta pronto; le agradezco por leer esto, despi-dámonos con las maravillosas e inigualables palabras de nuestro amado Jesús:

 

“TODA POTESTAD ME ES DADA EN EL CIELO Y EN LA TIERRA. POR TANTO ID, Y HACED DISCIPULOS A TODAS LAS NACIONES, BAUTIZANDOLOS EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPIRITU SANTO; ENSEÑAN-DOLES QUE GUARDEN TODAS LAS COSAS QUE OS HE MANDADO; Y HE A-QUI YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DIAS, HASTA EL FIN DEL MUN-DO.  AMÉN.”

 

 

SHALOM.

 

 

 

UNA ORACIÓN DE ARREPENTIMIENTO.

 

Padre Santo, mi único Dios, Creador del universo, la tierra y todo lo que en ellos existe, yo pecador, vengo a Ti en el Nombre de Cristo Jesús, al cual reconozco públicamente como el único y suficiente Salvador y Señor de mi vida, para que en su Santo Nombre y por su muerte en la cruz del Calvario y posterior gloriosa resurrección para vida eterna juntamente con Él; me perdones de todos los pecados que he cometido, ayudándome al mismo tiempo a no volver a pecar, porque de hoy en adelante ya no soy solo criatura tu- ya, más vengo a ser hijo legítimo, para tu honra y tu gloria.  Doy cabida a tu Santo Espí- ritu en mi ser, para que por fe me guíe a toda verdad.  Amén. 

 

“Jesús le dijo: YO SOY EL CAMINO, Y LA VERDAD, Y LA VIDA; NADIE VIENE AL PADRE, SINO POR MI.”   Juan 14: 6.

 
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