LIBROS CRISTIANOS EVANGÉLICOS EN CRISTO JESÚS
  "LAS ORACIONES AL ESPÍRITU SANTO"
 



“LAS   ORACIONES   AL   ESPIRITU   SANTO”

Biblia : Escultura en el monasterio de Donscoy Foto de archivo  Biblia : praying hands on blue Foto de archivo 

 

Que bello es saber que cuando venimos a los píes de Jesucristo, nos rendimos, pedimos el perdón a nuestros pecados, clamamos a Dios en el Nombre de su Hijo; estamos siendo transformados en Nuevas Criaturas.   El Dios Misericordioso, desde ese preciso instante nos da promesa que empezamos una nueva vida, llegando a ser Templo y morada de su Santo Espíritu. ¡Aleluya, Gloria a Dios por la Eternidad!

"EL DULCE HUESPED DE MI ALMA"

Es maravilloso, respetuoso, dulce, amable, bello, bondadoso; sinceramente no existen palabras en ningún idioma de este mundo para llegar a expresar lo mucho que significa  para nuestro ser el glorioso Espíritu Santo de Dios. Él es el “dulce huésped de mi alma” quien nos hace llegar a Dios por medio de la oración, el que nos induce ha hacerlo, su maravillosa presencia nos da fuerza para continuar en esa línea.

Es un deseo, una pasión, un dulce despertar, una brisa que acaricia nuestro espíritu, un suspiro en el silencio, un aliento fresco, una visión de mil colores, un aroma de frescura sin igual, acaparando las delicias de un jardín celestial, que expande nuestra visión de lo terrenal a el paraíso eterno, el cual será nuestro hogar.  Eso y mucho más es el sentir la Divina presencia del Espíritu Santo en nuestro ser (Jehová-Sama).        

La llenura del Espíritu Santo, llega en la mayoría de oportunidades en la oración; Pedro y Juan lo hicieron; leemos en Hechos 8: 15

“Los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo.”

Versos más adelante, habla de la imposición de las manos para recibirlo también.

 

                 “Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.”

Podemos orar en COMUNION CON EL Espíritu Santo (no a Él) y si oramos en lenguas espirituales será ésta una oración con llave, con cerrojo; definitivamente será nula la interferencia del enemigo; se podría molestar en extremo ya que nunca llegará a comprender por lo que estamos pidiendo.  Absolutamente le será imposible interpretar el dialogo que estaremos entablando con nuestro Santo Dios; por lo cual la oración que llevaremos a cabo ENTRE el Espíritu Santo y el nuestro propio, insistimos: será indescifrable.

Pediremos, edificándonos en la fe; acción que se viene a transformar en el trampolín que nos impulsa a pedir. 

Oremos, pues, en comunión con el Espíritu Santo. El Apóstol Judas en su único capítulo versículo veinte, leemos:

 

             “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando EN EL Espíritu Santo.”

Tenemos esa oportunidad de orar EN EL Espíritu, tomemos esa opción como propia; transformando a nuestras Iglesias en auténticas fortalezas en unción; anhelando fervien-temente que algún día podamos llegar a ser como la Iglesia Primitiva de Hechos 2, y así orar en la plenitud de la llenura del Espíritu Santo. 

El Apóstol Pedro, guiado por el Santo Espíritu visitaba lugares y a personas necesitadas también de la Unción; Hechos 11: 15, 16:

 

             “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo”.

 

En, "EL" No, AL…………

Orar EN EL Espíritu (NO AL ESPÍRITU), es una experiencia sobrenatural, superior y maravillosa; se ingresa a una dimensión desconocida para nuestra carne, pero en extremo conocida, cómoda e inmejorable para nuestro espíritu, el que se ha de sentir en completa plenitud, a pesar de que nuestra carne esté incomoda, a causa de su debilidad y ca- rencia de concentración; ya lo dijo nuestro Señor Jesucristo en San Mateo 26: 41.

A los que Dios le ha otorgado el maravilloso Don de lenguas angélicas, debiesen usarlas constantemente en sus oraciones. 

Debiéramos anhelar más que al oro, la unción que imparte el Espíritu Santo de Dios, en armonía al don o regalo de la oración que solo Él puede proveer.

Que esa unción permanezca constantemente en nuestro ser; 1ª.Juan 2:27, dice:

 

            “Pero la unción que vosotros recibisteis de Él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como  la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera y no es mentira, según ella os ha enseñado,  permaneced en Él.”   

Esa misma Unción, adhiere presencia de Dios y nos va instruyendo en la oración.

A medida que el fuego del Espíritu Santo se incrementa en nosotros, iremos experimentando situaciones que a la carne le parecerán extrañas, pero no a nuestro espíritu; él mismo se irá poniendo en sintonía, llegando al punto de orar con fluidez en lenguas celestiales.  Veremos que al continuar en esta sana costumbre se irá alcanzando  un nivel más alto e interceder ante el Padre en el Nombre de Jesús, bajo la Unción que ya mora en nosotros, tendremos como resultado, oraciones bendecidas.

"PARAKLÉTOS"

Jesucristo prometió que al Él ascender, enviaría otro consolador (del griego parákletos), el cual permanece en nosotros para siempre, a saber:

A.- San Juan 14:16; nos hace recordad las palabras de Cristo:

 

          “Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

B.- San Juan 14: 26; testifica las palabras de Jesús, Juan 15:26;

 

           “Pero cuando venga el Consolador, a quien Yo enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual procede del Padre, Él dará testimonio acerca de Mí.”

C.- Convence al mundo de pecado, San Juan 16: 7, 8;

 

          “Pero Yo os digo la Verdad: os conviene que Yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando Él venga,  convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”   

D.- Guía a  toda verdad, Juan 16: 13.

 

                 “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda Verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” 

Así como los de la Iglesia primitiva fueron llenos; esa promesa es cumplida en nosotros también.

Este mismo Espíritu nos guía a la comunión con Dios y nos hace ser los hijos verdaderos de Dios; Romanos 8:14

 

                “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”

Ser guiados por Él nos hace más que vencedores (Jehová-Nisi), nos lleva a pedir a Dios en oración por los necesitados, uniéndonos al profeta Isaías cuando dijo:

 

                “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mi, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón  a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.”  61: 1.

Una oración guiada nos hace pedir por los más urgidos de ayuda; tanto espiritual como materialmente; siendo esta nuestra misión de parte del Señor. 

El Espíritu Santo nos enseña a buscar a Dios en la oración; si no sabemos como pedir, despreocupémonos al respecto; creamos de corazón, lo que leemos en San Lucas 12: 12

 

              “Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.”

Espiritualmente seremos elocuentes en palabras hermosas, al pedir como está establecido santamente EN EL NOMBRE de nuestro Maravilloso, Divino y Glorioso JESÚS.

El Espíritu, nos dará enseñanza no con palabra ni sabiduría humana:

 

              “Lo cual también hablamos no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que ENSEÑA el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.”  1ª. Corintios 2:13.

Este “PARAKLETOS” una palabra griega que se traduce como “CONSOLADOR” así nombrado por Jesucristo en las citas de San Juan, cuando se refiere al Espíritu Santo; es el que viene a morar en el interior de cada creyente fiel. El que nos da esa fuerza necesa ria para confiar en Dios, al mismo tiempo nos da la certeza que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador; siendo esta la acción que denominamos con tan solo dos letras:  FE.

La fe, es una situación ambigua; lejana de toda razón y lógica, especialmente para los escépticos; muy dedicada con toda irracionalidad a los agnósticos.

La Fe es una sensación maravillosa; es el motor que nos hace creer en lo que no vimos; una confianza en lo que a veces no sentimos pero sabemos que está ahí, esa palabra tan pequeña pero tan grande a la vez: fe.  Hebreos 11: 1, nos dice al respecto:

 

       “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

Más adelante en el versículo 6 leemos:

 

         “Pero sin fe es imposible agradar a Dios;  porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

Entonces nuestras oraciones deben ir acompañadas de fe y esa fe es la que el Santo Es-píritu de Dios nos da al pedirle exclusivamente a nuestro padre Celestial.

No es la oración en sí la que provee o responde, es Dios; un refrán muy popular acerca de la oración dice: “la oración cambia las cosas” insisto: no es la oración, es Dios, si le pedimos con fe en oración, que es muy distinto a que la oración lo hará; ¿me comprende verdad? espero que si.

"TENIENDO FE, EN DIOS" 

En el Evangelio según San Marcos, capítulo once, Jesús reveló uno de los secretos que  hay detrás de la verdadera oración:  “Tener fe en Dios” no es tener fe en la fe, ni fe en la oración, sino “fe en Dios” verso 22:

 

                                “Respondiendo Jesús, les dijo: tened fe en Dios.”

Jesucristo explicó a sus discípulos y por ende a nosotros también; que podríamos con fe pedir que una montaña se quitara de su sitio y fuera echada en el mar.  Inmediatamente Él nos da el significado de su asombrosa promesa en el versículo 24:

 

              “Por tanto, os digo que todo lo que pidieres orando, creed que lo recibiréis y os vendrá.”  

Aquí nos hablaba el Maestro de la oración contestada. Lo que significa que podemos pedir y recibir únicamente si nuestra petición está DIRIGIDA A JEHOVA DIOS EN EL NOMBRE DE JESUS, en fe y conforme a su voluntad; lo respalda el pasaje de 1ª. Juan 5:14 que dice:

 

            “Y ésta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.”

Orando en el espíritu en comunión con el Espíritu Santo, es, pues, una gratificante y excelsa comunión con Dios; sin el riesgo de interferencia del enemigo.  Cuando Dios, en su Santa Voluntad nos permite orar así, se tiene la absoluta fe de que Él tiene todo bajo control; que en esas lenguas que mi carne no comprende, se pide a Dios en completo secreto; me siento seguro al orar de esa forma, es decir en lenguas; estoy protegido y he de pedir cosas tan secretas que a veces me oigo decir en mi idioma, nombres de personas o ciudades, las cuales, me cuestiono, si acaso no tendrán traducción a esas lenguas. Créalo es maravilloso orar de esa manera.   Pídale a Dios que le de el privilegio extraordinario de orar en lenguas:

 

                    “Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,  ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” San  Lucas 11:13.

Todo lo que escribimos o hablamos es totalmente Bíblico; leamos en 1ª. Corintios 14: 2 lo siguiente:

 

                   “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.”

"EL ESPÍRITU SANTO, NOS GUIA A ORAR"

Debemos ser guiados por ese dulce Espíritu Santo de Dios.

Llegamos entonces a una conclusión Bíblica; que nuestras oraciones, obligatoriamente  deben ser SIEMPRE DIRIGIDAS a nuestro Padre Celestial, JEHOVÁ DIOS, en el Poderoso Nombre de CRISTO JESÚS.  Jamás podremos o debemos  “orarle al Espíritu Santo”como suelen acostumbrar, sin ningún fundamento Bíblico algunas personas sectarias; lo más grave es que también miembros de nuestras propias Iglesias Cristianas Evangélicas, acostumbran a realizar oraciones así.

Muy claro y en cualquier versión, idioma y País de éste mundo, leemos lo que el Señor Jesucristo nos dice:

 

         “Y TODO LO QUE PIDIERES AL   P   A   D   R   E    EN MI NOMBRE,

         LO HARÉ, PARA QUE EL PADRE SEA GLORIFICADO EN EL HIJO.”

                                        El Evangelio Según San Juan 14: 13.

El mayor precursor del Evangelio de Jesús, fue el Apóstol Pablo, quien en la carta a los Romanos, nos dice muy razonablemente:

 

         Y de igual manera el Espíritu NOS AYUDA en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”  8: 26. 

Escudriñe detenidamente y para tal caso, le pido encarecidamente que lea en el mismo capítulo 8, desde el verso 1 al 27, así  comprenderá a cabalidad lo concerniente a “vivir en el Espíritu Santo de Dios”.

En éste versículo en particular, Dios nos está indicando que si en determinados momentos se nos hace difícil pedirle a Él en oración, Él a dispuesto a su Santo Espíritu quien mora en nuestro interior, como ya vimos en forma de aliento, de halito de vida, es decir: está en nuestra respiración en movimiento, de ahí las voces hebrea “RUAKH” y griega  “PNEUMA” que significan: “aire en movimiento”, “viento” o “aliento.”  Este Santo Es-píritu, nos ayudará, pidiendo en angustia con “gemidos indecibles”. 

Nunca está expresando el apóstol Pablo, bajo la inspiración de Dios, que:  “podemos o debemos dirigir nuestras peticiones o ruegos al Espíritu Santo”.  Tampoco está diciendo que el Santo Espíritu, nos está ayudando para auto recibir la oración.

Una de las misiones más importantes en la vida del verdadero cristiano, es, la oración y el Espíritu Santo es la presencia activa de Dios en la vida y acción de nosotros los envia dos.

He oído a muchísimas personas cristinas, fieles en sus Iglesias, orar de esa equivocada manera; es más grave aún oír a pastores o líderes, orarle al Espíritu Santo, circunstancia  sin ningún fundamento bíblico, que pueda soportar esta acción, la cual Jesús instituyó de una manera ordenada, verídica e instructiva que se debiesen respetar estos lineamientos establecidos para la oración del creyente.

En San Mateo, capítulo 6, Jesús nos enseña la suprema oración, muy conocida como “El Padre Nuestro”, Él nos enseñó a orar, en su Nombre, dirigiéndonos exclusivamente al Dios Padre: “PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS………”  bíblicamente sabemos que Dios Padre, está en su Santo Trono, en los Cielos, que el Espíritu Santo vive en nuestro ser:

 

             “Pero hay un Dios en los Cielos, el cual revela los misterios”  “Más vosotros no vivís según la carne sino según el Espíritu si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros  Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él.”  Daniel 2: 28 a. y Romanos 8: 9.

¿Por qué una simple disposición humana, nos pone en riesgo de molestar al Dios de los Cielos?  ¿Qué derecho tienen algunos para cambiar la frase: “Padre nuestro que estas en los cielos” por “Espíritu Santo dame tal o cual cosa”?   Con esta irresponsable actitud, damos vía libre a los idolatras a pedirle a su “santo” de devoción, lo que ellos deseen  y de la manera antojadiza que sea.  No tendremos la conciencia tranquila de ir a exhortar a los que le rezan a innumerables ídolos o “deidades”, si les estamos dando la nefasta idea de orar como a nosotros se nos ocurra.

Insisto:  ¿Con que derecho podemos cambiar la frase que instituyó Jesucristo: “Todo lo que pidieres AL PADRE en mi nombre” por la de: “Todo lo que pidieres al Espíritu Santo en mi Nombre” o la de: “Todo lo que pidieres a San Judas Tadeo, etc. etc.”?  ¿Somos acaso superiores a Cristo? ¿Nos ha constituido Dios, mayores a la autoridad que le delegó a Jesús? o ¿Debemos seguir los antojadizos mandatos de hombres antes que los establecidos por el Dios Todopoderoso?

¿Se está acaso desobedeciendo en extremo a Dios y por esa causa, Él dispuso que Jesús sentenciara lo que a continuación leerá?

 

              “Por tanto os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.”  “Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.”  San Mateo 12: 31 y San Marcos 3: 29, respectivamente.    

Es muy común escuchar las frases “Le pedí al Espíritu Santo que me ayude en esto o en aquello, que me de inteligencia, que si me quieren dañar, que Él no lo permita, etc. etc.” Jesús sentirá que sus preceptos o no han sido entendidos a cabalidad o que la desobediencia reina a placer aún en casos de comunicación ante Dios Padre, en su Santo y Poderoso Nombre.

Podría pensar Usted muy caro lector, que estamos desplazando al Glorioso Espíritu Santo ¡de ninguna manera!  Ya explicamos y Usted puede muy fácilmente documentarse al respecto, con tan solo armarse de tres elementales instrumentos didácticos: una Biblia, Concordancia y un buen Diccionario Bíblico, para instruirse junto a los suyos.

Sepa que Dios, es un Dios de orden. Él es un Dios Trino Unipersonal; son tres Personas en uno. Cada quien tiene una personalidad y función específica, pero armonizada en un solo Dios. Si esto le confunde, pídale a Dios, en el Nombre de Jesús, que sea guiado por su Santo Espíritu.  El que tiene entendimiento espiritual, muy fácilmente comprenderá.

Podremos descifrar lo anteriormente expuesto, con las Santas Palabras del Señor Jesús, cuando hablaba con el Apóstol Judas; por favor, no lo lea, ¡escudríñelo!

SAN JUAN 14:

Verso 23:

 

                “Respondió Jesús y le dijo: el que me ama, mi Palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”  

 

A él, con él, es la persona que  recibe a Jesús y el Espíritu Santo, viene a morar en su ser.

Verso 24:

 

               El que no me ama, no guarda mis Palabras; y la Palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.”

Su Palabra, son los mandamientos y el evangelio que Dios nos da por medio de Jesús, escritos en la Santa Biblia.

Verso 25:

 

             “Os he dicho estas cosas estando con vosotros.” 

Para que al verlo, creyeran, pero nosotros que no vimos y creímos, fue precisamente tarea exclusiva del Glorioso Espíritu Santo, por ello se nos llama: ¡Bienaventurados!.

Verso 26:

 

            “Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi Nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he hablado.”

Se explica, lo del Dios Trino Unipersonal: Dios Padre da el soplo, el halito de Nueva Vida y envía su Espíritu Santo en nombre o por nombramiento de Cristo Jesús, a aquella persona que reconoce que Jesús, murió y resucitó por él. Este Santo Espíritu mora en nuestro interior en forma de aire en movimiento –Ruakh, Pneuma- y es el que nos induce por fe a seguir en los caminos de Dios, por Gracia en Cristo Jesús. Más fácil, no se puede llegar a explicar.

Esperamos que con sabiduría pueda comprender lo aquí expuesto; si esta nos hace falta, leamos el sabio consejo del Apóstol Santiago:

 

              “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, PÍDALA  A  DIOS, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”  1:5.

SHALOM.

José   A.   Rivera   M.

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